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jueves, 28 de mayo de 2015

Finalistas Premio PLATINO 2015 a la Mejor Interpretación Masculina y Femenina


Finalistas Premio PLATINO 2015 a la Mejor Interpretación Masculina
BENICIO DEL TORO (Puerto Rico) por ESCOBAR. PARAÍSO PERDIDO
JAVIER GUTIÉRREZ (España) por LA ISLA MÍNIMA
JORGE PERUGORRÍA (Cuba) por LA PARED DE LAS PALABRAS
LEONARDO SBARAGLIA (Argentina) por RELATOS SALVAJES
OSCAR JAENADA (España) por CANTINFLAS



Finalistas Premio PLATINO 2015 a la Mejor Interpretación Femenina
ÉRICA RIVAS (Argentina) por RELATOS SALVAJES
GERALDINE CHAPLIN (EEUU) por DÓLARES DE ARENA
LAURA DE LA UZ (Cuba) por VESTIDO DE NOVIA
LEANDRA LEAL (Brasil) por O LOBO ATRÁS DA PORTA
PAULINA GARCÍA (Chile) por LAS ANALFABETAS
SAMANTHA CASTILLO (Venezuela) por PELO MALO

jueves, 7 de mayo de 2015

Películas cubanas como posibles nominadas a los Premios PLATINO 2015




La película cubana “Conducta”, del director Ernesto Daranas, logró la prenominación en las categorías de Mejor Película Iberoamericana de Ficción, Mejor Dirección, Mejor Música Original y Mejor Guión.
 
En los apartados de Mejor Dirección, Mejor Interpretación Masculina (Jorge Perugorría) y Mejor Interpretación Femenina (Isabel Santos), también logró la preselección “La pared de las palabras” (2014), de Fernando Pérez; mientras que “Vestido de novia” (2014), de Marilyn Solaya, figura en la sección de Mejor Ópera Prima de Ficción Iberoamericana.

La lista oficial de los nominados a los Premios PLATINO se dará a conocer en el presente mes y la cita de esta segunda edición se reserva para Málaga, España, el próximo 18 de julio.
126 películas iberoamericanas han quedado preseleccionadas de un total de 760 participantes, estrenadas en 2014.

La cinta cubana “Meñique”, figura en la categoría de Mejor Película de Animación.

viernes, 6 de marzo de 2015

La pared de las palabras: una película entre la luz y el dolor

Encuentro con el director Fernando Pérez y los actores Isabel Santos y Jorge Perugorría

Fernando Pérez es uno de los directores más respetados del cine cubano contemporáneo. Su más reciente película La pared de las palabras se estrena ahora nacionalmente. Antes solo se había proyectado en el Festival de Cine de La Habana en diciembre pasado.

Autor de cintas emblemáticas como Clandestinos, Hello Hemingway, Madagascar, José Martí: el ojo del canario, o Suite Habana, Fernando Pérez convocó a un pequeño grupo de periodista a un encuentro en el Centro Cultural Cinematográfico Fresa y Chocolate.

¿Si se le pidiera una breve síntesis? “La película es un drama familiar, como deviene disfuncional, pero también establece una asociación con su contexto, con la realidad”.

¿Cómo surgió el guión? “En mi caso, cada película surge de manera distinta. Esta vez porque Jorge Perugorría me llama y me dice que tiene una vecina, Zuzel Monné, quien había escrito un cuento y lo había convertido en guión. Él me propone dirigir la película si le permitía interpretar al personaje protagónico. Leí el guión, me interesó el tema —el cual nunca pensé tratar porque tenía mucho que ver conmigo y con experiencias personales— y ese fue el impulso. Trabajé entonces el guión final con Zuzel”.

Jorge Perugorría, quien da vida a Luis, el protagonista, y es uno de los productores, acotó que la historia está inspirada en un personaje real, un familiar de la co-guionista. “Así—respondió a la pregunta para esta pagina sobre su método actoral—fui construyendo mi personaje. Fue difícil, un reto. Yo soñaba con trabajar con Fernando y lo logré con un personaje complejo que él hizo más difícil. Ser dirigido por Fernando es una experiencia religiosa, por el rigor”.

Confesó Perugorría que fue todo un desafío, asumido por la total confianza que tiene en el director, lo cual le permitió quedar totalmente expuesto como actor. “La incomunicación es algo terrible. En el rodaje me pasaba con esa angustia.

Uno siente un personaje que va a caminar por el filo de la navaja. Busqué mucha información y luego ya tenía opciones en la cabeza sobre como caminar, mover las manos, todo ese manierismo y Fernando tiene gran talento para dirigir actores, tiene el sentido de ver donde está la verdad”.

Por la enfermedad su personaje tiene un deterioro físico acelerado y debió someterse a una dieta rigurosa. De principio a fin en el filme la coherencia de Perugorría en gestos y reacciones es perfecta.

Isabel Santos encarna a Elena, la madre del protagonista. Comenzó diciendo que ningún personaje se trabaja igual. “Antes de leer este guión le dije que si a Fernando y le pedí que me contara la película, necesitaba escuchar su historia.

Luego leí el guión de un tirón y me conmovió. La familia cubana ha pasado por todo. Esta situación es de la puerta para dentro. Para mi era un reto la edad, ser la madre de Pichi, pero tengo mucha confianza en Fernando. Lo construí a partir del mundo interior y exterior sin maquillaje, poco vestuario, una manera de caminar. El papel del acompañante es muy difícil. Ella ya no llora porque ha agotado el llanto. En este personaje tengo miedo del silencio de esa mujer. Sufrimos mucho en el rodaje en la Quinta Canaria, allí están los olvidados, los que muchos no quieren ver, pero es algo que hay que decir”.

Contó Isabel que el director le impuso un nuevo reto: sumergirse en las profundidades marinas, como años atrás la hizo sobrevolar la ciudad en un globo en La vida es silbar. “Tuve que aprender a bucear y las señas bajo el agua, pero lo mismo hizo él. Cuando lo vi. bajo el agua supe otra vez que es un director que te acompaña en todo y a ese director le dices si a todo”.

La familia disfuncional se completa con Verónica Lynn, la abuela, y Carlos Enrique Almirante, el hermano de Luis. “Cada uno tiene sus razones. Es complicado enfrentar una realidad así, y cada uno defiende su verdad”, apuntó el realizador.

Otro personaje es el de Laura de la Uz quien da vida a Orquídea. “Lo hizo a partir de referencias y visitas a distintos sanatorios y clínicas para estudiar el comportamiento de casos esquizofrénicos. Es el otro extremo, Luis no se expresa y Orquidea no cesa de hablar, aunque disociada”.

No quiero dejar de mencionar —dijo Fernando— los doce actores que interpretan a los pacientes: Por primera vez para mi no les entregué un guión. Ellos estuvieron investigando en la Quinta Canaria y fueron improvisando alrededor de los protagónicos. Está además la colaboración de Maritza Ortega, un síndrome down, a quien encontramos en la institución de La Castellana”.

¿La banda sonora? “La trabajé con Edesio Alejandro. No utilizamos música incidental que subraye la acción dramática, mas bien son sonoridades. Es una banda sonora que concebimos seca, desprovista de asideros sentimentales”.

¿Es La pared…una película sobre la incomunicación? “Pienso que tiene varios temas: el de la discapacidad, el dolor, los límites del sacrificio, el cómo una familia puede devenir disfuncional cuando uno de sus miembros es un discapacitado y cómo en el centro de todo eso está el conflicto de la comunicación humana. No quería hacer una película esperanzadora porque el dolor está ahí, pero está la siembra de una semilla por Luis, y también el cuadro del mar de noche que el personaje de Carlos Enrique Almirante lleva a la institución. Para mi es el balance de una película que se abre a la luz y al dolor. Detrás de cada personaje que sufre busco un equilibrio entre luz y sombra”.

El filme, de una hora y cuarenta y cinco minutos de metraje, fue rodado en locaciones de Santa Fé y en la Quinta Canaria. Tiene una exposición lineal y se aprecian los primeros y primerísimos planos que caracterizan al director.

El equipo de realización lo integran en el Guión Fernando Pérez, y Zuzel Monné; Producción General Jorge Perugorría, Camilo Vives; Fotografía: Raúl Pérez Ureta; Edición: Julia Yip; Sonido, Edesio Alejandro, Fernando Pérez y Dirección artística: Erick Grass

¿Expectativas? “Ahora es el verdadero estreno, no es un festival, empieza su camino ante el público. Cada película es única en sí misma y ésta por su carga de contenido requiere un estado de ánimo especial del espectador”.

Fundamental en La pared de las palabras del Premio Nacional de Cine 2007 Fernando Pérez es la sensibilidad al afrontar el tema de la incomunicación. Es una película que levanta emociones, crea una atmósfera.

Además del estreno nacional, el filme recorrerá otros festivales como el de Cine Global Dominicano y el Havana Film Festival de Nueva York.

Fuente:

lunes, 2 de marzo de 2015

La pared con la palabra independiente

Un viejo refrán dice que las paredes tienen oídos, sin embargo, las del realizador cubano Fernando Pérez, tienen mensajes escritos. Del director de Clandestinos (1988), Madagascar (1994), La vida es silbar (1998), Suite Habana (2003) y José Martí: el ojo del canario (2010), entre otras, nos llega a los cines de La Habana: La Pared de las Palabras.

Este largometraje fue presentado durante el pasado Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, con una gran acogida por parte del público y la crítica de manera general.
La historia nos cuenta la vida de Luis, un muchacho que desde su infancia padece una distonía y le resulta imposible comunicarse a través de las palabras o el lenguaje corporal. Con un elenco integrado por Jorge Perrugoría, Isabel Santos, Laura de la Uz y Verónica Lynn entre otros, esta película nos propone una reflexión sobre lo difícil que es el fenómeno de la comunicación humana, el dolor y el sacrificio.

Fernando ¿qué tiene de nuevo esta película, además de la historia que nos propone?

La pared de las palabras es una película que realicé de manera independiente, es mi primera experiencia en ese sentido y era algo que quería hacer desde hace mucho tiempo. Me gusta trabajar con los jóvenes y no es que hacer este tipo de producción sea exclusivo de la juventud, pero si tiene que ver mucho con ellos.

Yo acabo de cumplir 70 años y quise lanzarme a este río para probar también en la práctica lo que uno defiende en la teoría y ha sido, en ese sentido, una experiencia muy enriquecedora.

La trama de la película es un poco atípica, ¿cómo llega esta historia a usted?

Es un filme que considero muy personal, como todas las película que he hecho, pero esta particularmente requiere del espectador un estado de ánimo particular para verla. No porque sea muy complicada desde el punto de vista de su lenguaje, la considero clásica por su narrativa, pero sí por lo que muestra hay que estar un poco preparado y decidir que uno quiere ver una película así.
Gran parte de la misma ocurre en una institución psiquiátrica, hay pacientes discapacitados y esa es una realidad que a veces no resulta agradable de ver. 


¿Por qué decide dar el paso a la producción independiente?

La vida me lo dio así, era el momento de lanzarme a hacer una película independiente y el tema que tenía era ese. La historia llegó porque Jorge Perugorría, el actor protagonista, me llamó y a él le debo la película.
Perugorría me presentó el guión de Zuzel Monné y yo lo leí, me interesó mucho el tema y después trabajé con ella una versión conjunta y ahí decidimos entre Jorge, Camilo Vives y yo, hacer una película independiente. Era el momento que yo sentía que debía hacerla y creo que el tema lo permitía, porque es una película contemporánea y no requiere inversiones en vestuario de época, en escenografías, que hubiesen complicado el proceso de hacerla de esa manera.

¿Cuáles son las ventajas de hacer películas independientes?

Yo creo que eso da para un tema largo, nosotros los cineastas nos estamos reuniendo periódicamente en el Centro Fresa y Chocolate para discutir y plantear nuestros puntos de vista sobre las perspectivas del audiovisual cubano, y por supuesto, la necesidad de reconocer ya definitivamente la importancia y la presencia del cine independiente en Cuba.

Pero de ninguna manera esto quiere decir que se niegue la producción de la industria, solo que son dos maneras de producir que enriquece la filmografía del país, porque se diversifica y la diversidad siempre enriquece.

Y ¿cómo le fue a usted en este modo de producción?

La experiencia particular de filmar de manera independiente fue muy positiva, porque fue muy fluida. Primero fuimos un equipo muy reducido compuesto por casi la mitad de profesionales jubilados, pero con mucho entusiasmo y de jóvenes emprendedores, con mucho entusiasmo también, y lo que predominaba era la necesidad de resolver y la flexibilidad.

Con el cine independiente empieza uno a saltarse procesos institucionales que a veces complican y retardan las dinámicas de producción.

Pero bueno, nuestra aspiración es que el audiovisual cubano logre reafirmarse en la producción independiente, en la existencia de un instituto de cine más flexible y dinámico, y que exista una ley de cine que regule, no que controle la producción independiente.

Fuente: Emisora Habana Radio 2 de marzo de 2015 | Alejandro Rojas | Fotos Alexis Rodríguez 

jueves, 26 de febrero de 2015

Estreno nacional en Cuba de la película La pared de las palabras

Jueves, 26 de febrero, se realizó el estreno nacional de la película cubana La pared de las palabras, del realizador Fernando Pérez.

Protagonizada por Jorge Perugorría, Isabel Santos, Laura de la Uz, Verónica Lynn, Carlos Enrique Almirante, Ana Gloria Buduén y Maritza Ortega, la cinta se exhibe en las salas Chaplin, Yara, sala uno del Multicine Infanta, Acapulco, Lido, Carral, Regla, Cojímar, Miramar, Cinecito, Oasis y en el circuito nacional de estreno.

Este drama gira en torno a Luis (encarnado por Perugorría), quien padece desde su infancia una distonía y no puede comunicarse a través del lenguaje corporal ni de las palabras. Entre la institución médica y la familia, su vida interior es un muro infranqueable.

Más que una obra que trata el tema de la discapacidad, La pared de las palabras intenta reflexionar sobre el difícil ejercicio de la comunicación humana, el dolor y los límites del sacrificio. Apta para mayores de 16 años.

martes, 24 de febrero de 2015

Cineasta cubano Fernando Pérez volvió a inspirarse en la realidad

La Habana, 24 feb (PL). Los personajes del largometraje La pared de las palabras están inspirados en seres reales, aseveró hoy el director cubano Fernando Pérez, Premio Nacional de Cine 2007, sobre su más reciente creación cinematográfica. De acuerdo con dos de los protagonistas, Isabel Santos y Jorge Perugorría, la cinta demandó un sacrificio muy grande por parte de los actores al tener que encarnar a una madre dedicada a cuidar a un hijo postrado a consecuencia de una distonía muscular.

Con la evolución del padecimiento, el personaje de Perugorría perdió la habilidad de expresarse mediante la palabra oral y escrita, y por supuesto, su incapacidad de movimiento lo hace dependiente de otra persona para cualquier acto corriente.

Frente al drama, cada miembro de la familia -madre, hermano, abuela- adopta una posición distinta y, según Pérez, válida porque todos tienen razón desde los puntos de vistas personales, sostuvo el realizador.

La sensibilidad es lo más importante a la hora de enfrentarse a un tema como este, subrayó Perugorría, quien además calificó como una angustia creciente el hecho de no poder comunicarse.
Para interpretar a Luis, nombre del personaje, el actor debió someterse a una dieta rigurosa a fin de lucir el deterioro propio de la enfermedad y como parte de su entrenamiento entabló una relación cercana con otra coprotagonista, Maritza, una joven con síndrome de down en la vida real.

Yo solté las vísceras en esta película, aseguró Santos, quien asume a Elena, la madre inmolada, una mujer que ya no tiene lágrimas porque con seguridad en el pasado las agotó todas cuando comenzó a ver la degeneración del hijo y el médico le pronosticó la muerte.

Tanto silencio o incomunicación en el filme lo compensa Orquídea, una loca interpretada por Laura de la Uz, que llega a ser como el otro extremo de Luis, la intranquilidad personificada, la rebeldía.

Pérez la considera vital porque la explosión de ideas disociadas de Orquídea enmarca la película en un contexto y aseguró a Prensa Latina que la referencia de la actriz fue una persona real.

Hasta en la calle, me he encontrado a más de una gente con esas características, alegó.

Al decir del director, en la cinta intentó ofrecer un balance: luz pero también sombra, esperanza pero también dolor.

La pared de las palabras llegó a la gran pantalla por primera vez en diciembre pasado durante el 36 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, donde conquistó tres premios colaterales.

lunes, 2 de febrero de 2015

Nominados al XXXVI Premio Caricato - Jorge Perugorría destaca en el sexo masculino


Los nominados al XXXVI Premio Caricato, que reconocerá lo mejor del cine, la radio y la televisión cubana en 2014, fueron dados a conocer este viernes, con vistas a la ceremonia que tendrá lugar el 10 de febrero próximo, en el teatro Mella, en La Habana.

Convocado por la Sección de Artistas Escénicos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), el lauro instituido en 1979 es el más importante del país para reconocer la trayectoria de los más destacados actores y actrices en estos tres medios.

En el acápite de cine se cuenta en actuación femenina a Isabel Santos por Vestido de Novia, al igual de Laura de la Uz por su protagónico en el mismo filme, mientras por la película Conducta fue nominada Alina Rodríguez.

Jorge Perugorría destaca en el sexo masculino por su papel en La pared de las palabras, Carlos Díaz por Decamerón y Joel Angelino por Sexto Sentido.

De Santiago de Cuba fue nombrado Yenisel Castellanos por Para toda la vida; y de Camagüey sobresalieron Freddys Nuñez por La Panza del Caimán, y Mario Junquera y Sisi Delgado por El millonario y la maleta.

Se mantienen los premios de Actuación en TV para niños y jóvenes Edwin Fernández, de puesta en escena Hermanos Camejo, de actuación femenina y masculina Sergio Corrieri, y el Concurso Nacional Eloísa Álvarez Guedes por actuación humorística masculina y femenina en las tablas y la televisión.

Asimismo se mantiene la competencia en radio Antonia Valdés y el Enrique Santiesteban.

En el certamen de radio Francisco Covarrubias también se compite en puesta en escena, actuación de reparto y protagónicos femenino y masculino.

viernes, 23 de enero de 2015

Una Pared para defender el cambio

Escrito por María Antonieta Colunga Olivera/Blog Nube de Alivio


Pasa un minuto, dos, tres. Nadie se levanta de su asiento. El público está, literalmente, viendo también los créditos, como si no quisiera aún marcharse de frente a La Pared... 


Mientras los créditos del filme trepan la pantalla, la voz de Luisi– por primera vez escuchada luego de hora y media de trama– se alza en off para susurrar las palabras-anzuelo prendidas a la vida de seres como él. “Prohibieron, marginaron, negaron, rechazaron, callaron, encerraron, olvidaron…” se escucha en la oscuridad de la sala, y la gente aplaude primero y calla luego, en un silencio plomizo que dice muchas cosas.

Pasa un minuto, dos, tres. Aunque es tarde y probablemente no haya transporte para regresar a casa, nadie se levanta de su asiento. El público está, literalmente, viendo también los créditos, como si no quisiera aún marcharse de frente a La Pared…. O como si no tuviera fuerzas.

Fernando lo comentará al otro día, profundamente conmovido: “jamás me había sucedido eso con ninguna película mía, en ningún otro lugar; que todo el mundo se mantuviese sentado hasta el último letrero en pantalla, con tanto respeto. Le agradezco mucho a Camagüey ese gesto que me hizo tan feliz.”

Nosotros también le agradecemos mucho a él: el haber venido a pesar de las tantas horas de retraso del vuelo, el haber abandonado día y medio los compromisos hondos de su hogar por traernos la primicia de su película, el presentarla acá personalmente y decir: “Este es el estreno oficial de La Pared de las Palabras, aquí, esta noche, en el cine Casablanca”.

En su tiempo breve de estancia, la ciudad y su pueblo no le dieron descanso. De los diálogos múltiples entablados en Nuevo Mundo y el Callejón de los Milagros, y de alguna pregunta pellizcada al intermedio de su jueves en Camagüey, les comparto hoy algunas respuestas.

¿Qué llevó a Fernando a contar esta historia?

Yo en verdad nunca pensé hacer una película sobre este tema. Desde hace unos 16 años tengo una de mis hijas aquejada de problemas psiquiátricos y eso me ha enfrentado a vivencias que realmente no tenía intención de compartir, más que nada porque no me sentía capacitado para hacerlo. Pero un día llega Pichi (Jorge Perugorría) y me enseña un trabajo que había hecho una muchacha vecina suya (Zuzel Monné) y me dice “Fernando, esta película me suena a ti, si tú quieres hacerla yo te tengo un productor. Solo te pido que me dejes actuar el protagónico”. Leí el guión, que incluso no me gustó mucho en esa primera versión, pero sentí que la historia tenía una fuerza interior muy grande, algo que me sacudía. Entonces acudí a la escritora y le pedí licencia para personalizar el texto, y así fue que me metí como diez meses con él, rumiándolo, para luego lanzarme definitivamente a materializar el proyecto.

No hice esta película por mi experiencia personal, sino por intentar que los espectadores descubrieran ese mundo que este drama aborda, desde otra perspectiva. Con La Pared… quise ayudar a modificar la relación de la gente con esos otros seres tan incomprendidos; que entendieran que el suyo es un mundo con un orden distinto, frente al cual es uno quien tiene que modificar su postura.

Como director, ¿cuál fue su mayor apuesta en este filme?

La autenticidad. Desde un inicio sabía que esa era la búsqueda de la película, porque solo resultándole verídica al espectador, podía conmover hacia los destinos que yo esperaba.

Por eso fue tan importante el trabajo con los actores (Isabel Santos, Jorge Perugorría, Laurita de la Uz…), que considero la línea principal de La Pared…

… y por eso nos fuimos a filmar a una institución psiquiátrica de verdad, lo cual fue una dificultad desde el punto de vista organizativo y de producción (porque podíamos rodar cada día muy poco y en momentos específicos, para no interrumpir las dinámicas del hospital), pero supuso un enriquecimiento para el trabajo actoral, para sensibilizarlos a ellos y a todo el equipo respecto al mundo en que tratábamos de adentrarnos.

Y también por eso encuentras en el reparto a una actriz no profesional como Maritza, que es el único personaje no caracterizado, una muchacha síndrome de Down con una sensibilidad profunda que logró dotar al filme de una carga enorme de realidad. Recuerdo el día en que filmamos la escena en que ella besa a Pichi; cuando digo “corten” y me le acerco, la noto nerviosa y le digo, “bueno, Maritza, tranquilita, ya la escena quedó, cómo te sientes”; y ella me respondió: “es que es mi primera vez”. Era la primera vez que ella besaba a un hombre en los labios.

Siento que gran parte del éxito que pueda tener el filme se lo deberé siempre a la implicación física, emocional, psicológica tan grande de los actores con los que trabajé.

Luego de grandes atrevimientos como el de comenzar tu carrera con una historia de marcado corte político (Clandestinos), hacer una película desprovista de todo diálogo (Suite Habana) o encerrar en un filme la niñez del héroe nacional de este país (Martí, el ojo del canario); aún pareces dispuesto a correr riesgos. ¿Cuál fue el mayor que enfrentaste en esta nueva entrega?

El riesgo mayor en La Pared de las Palabras es que deliberadamente tratamos de marcar sus temas fundamentales (la locura, el dolor y los límites del sacrificio) sin ningún tipo de maquillaje, sin elementos expresivos que suavizaran esa realidad, de por sí, tan cruda.

La película es en extremo sobria y está totalmente desprovista de asideros que ayuden a liberar estéticamente su gran carga emotiva. Si te fijas, por ejemplo, no hay nada de música a lo largo de todo el filme. No queríamos que la gente canalizara sus emociones a través de los recursos, sino que se hundiera de fondo con la historia, hasta su fin.

Y es probable, yo lo entendería perfectamente, que un porciento alto de los espectadores no esté dispuesto a conectar con el filme a ese nivel que nosotros proponemos, porque es muy duro. Creo, y lo he repetido en múltiples ocasiones, que es una película que hay que tomar la decisión de ver, porque no es nada fácil de consumir.

Puede ser que las personas salgan de las proyecciones sobrecogidas o tensas, o que no les agrade lo que han visto, porque la realidad que se muestra no es linda y para colmo, está totalmente desprovista, desnuda. Es un riesgo que corrimos con La Pared… deliberadamente.

Sin embargo, mira que cosa tan curiosa, muchos suelen reírse en las escenas más dramáticas, sobre todo con el personaje de Laurita (quizá un poco porque su patología va asociada a realidades socio-políticas de nuestro país). Eso, aunque pueda parecer irrespetuoso, nos parece un logro grande. La risa suele ser un mecanismo de defensa cuando nos enfrentamos a cosas desconocidas o que escapan de nuestro control; entonces, si el público ríe en esas escenas, intuimos que es porque está viendo algo auténtico y reacciona tal cual.

La Pared es tu primer largometraje producido de manera independiente… ¿por qué, a estas alturas de la vida y con los favores ganados de la industria, apostaste por hacer cine de esta forma?

A los setenta años me he lanzado al río turbulento que es este fenómeno del cine independiente en Cuba porque creo firmemente que la parte más dinámica del audiovisual cubano se está haciendo hoy día de esa manera.

Esta nueva modalidad de producción (que es apenas eso, una nueva forma, no una negación ni oposición a la industria ya establecida), te permite no tener que esperar por nadie, desentenderte de papeles y de los lentos cauces de la burocracia fílmica, que se han convertido en una impedimenta a la creación en el ICAIC. Quitarte de encima esas camisas de fuerza retardadoras de los procesos es un gran alivio. Tú puedes evadir trabas y manejar tu producción sin que haya centralismos.

Este es un camino que han tomado sobre todo los jóvenes, porque es a ellos precisamente a quienes compete esa audacia. Pero yo, a pesar de mi edad y de que sigo sintiendo al ICAIC como mi casa, tuve a bien vivir la experiencia por aquello de mantenerme siempre en el camino de las búsquedas. Y te digo que me fue muy bien.

Creo sinceramente que debemos aspirar a que un fenómeno tan dinámico y que da respuestas a inquietudes creativas insatisfechas hoy por la industria fílmica, sea comprendido y reconocido legalmente en nuestro país.

Precisamente en esa lucha andan hace un tiempo ya un grupo de cineastas dentro de los que te encuentras. ¿Qué nos puedes contar del G20 y de los rumbos por los que anda la Ley de Cine en Cuba?
Mira, la cuestión es que el cine independiente se encuentra en un limbo, en total alegalidad. Existe y está allí, tan inevitable y real como un hongo florecido después de la lluvia; pero no tiene el reconocimiento que le podría dar personalidad jurídica. La relación del Estado con este tipo de producción siento que ha sido medio esquizofrénica, de negación en primera instancia; pero por suerte poco a poco ha ido abriéndose el entendimiento de las instancias que pudieran dar su aprobación definitiva.

El caso del llamado Grupo de los 20 o G20 se originó el 4 de mayo de 2013, cuando algunos cineastas decidimos espontáneamente congregarnos en el centro cultural Fresa y Chocolate, al correr rumores de que se había estructurado una comisión para dictaminar una Ley de Cine en Cuba. Sentimos que había que contar con nosotros para ese proceso y así hemos hecho, periódicamente, nos hemos reunido allí desde entonces para discutir entre todos los interesados, propuestas que enriquezcan esa ley en construcción.

Entendemos mejor que nadie la necesidad de regular, nunca controlar (que es muy distinto), la producción audiovisual nacional; y creemos que esa regulación debe contribuir a descentralizar no solo la producción, sino también la distribución y conservación de los productos. Hay muchos materiales nacionales, por ejemplo, que no se exhiben y no llegan a determinadas pantallas por una política editorial que no está clara, que pende de interpretaciones personales, circunstanciales.

Con los debates en el Fresa y Chocolate se ha logrado un diálogo productivo entre los creadores, el ICAIC y el Ministerio de Cultura; pero no es menos cierto que han transcurrido dos años y todavía no hay respuesta concreta. Se ha llegado a un documento con comunes acuerdos, pero nada todavía ha sido aprobado.

Viéndolo más ampliamente, pienso que esto debe ocurrir no solo para el cine y el audiovisual cubano, sino para toda nuestra sociedad. El hecho de que nuestro país esté estructurado como una pirámide centralizada ha hecho que en muchos aspectos la realidad que vivimos tenga esos mismos procesos retardadores, insolubles, burocratizados y poco dinámicos de que te hablé. Cuando haya mayor libertad de movimiento y espacio en todas las esferas para la iniciativa personal, veremos más desarrollo.


Fuente: www.adelante.cu

viernes, 16 de enero de 2015

Fernando Pérez: he vivido experiencias únicas en Camagüey

Camagüey, 15 ene (AIN) Para Fernando Pérez, la experiencia de estrenar su más reciente filme, La pared de las palabras, en esta ciudad, resultó muy gratificante e incluso única, por las reacciones del público durante la exhibición y los intercambios sostenidos en diferentes momentos del día de hoy.
Pudiera parecer algo sin importancia, pero nunca me había sucedido que los espectadores se mantuvieran sin moverse en la sala hasta que concluyera de pasar el último crédito, como ocurrió la noche de este miércoles en el multicine Casablanca, relató durante un conversatorio en el paseo dedicado al séptimo arte.

Ante un auditorio ávido de conocer detalles no solo de la cinta, sino también de otros momentos de la trayectoria del destacado cineasta cubano, este comentó que ese detalle lo emocionó tanto como los aplausos recibidos, pues es gratificante el respeto hacia todo el equipo que trabajó en la película.
Los asistentes se interesaron por conocer los pormenores del trabajo actoral, uno de los elementos de más peso del filme, pues los intérpretes asumen los duros roles de representar personas con discapacidades mentales, en situaciones muy complejas propias de esas enfermedades.

Fue un proceso de construcción muy duro tanto desde el punto de vista sicológico como físico, que incluyó la visita a instituciones para la atención a esos pacientes, y algunos de los actores y actrices nunca habían estado en una de ellas, comentó.

Añadió Fernando Pérez que la apropiación fue muy rica y con mucha espontaneidad, lo cual permitió una ilusión de realidad muy orgánica, pues a pesar de lo difícil de esa historia sobre el drama de la incomunicación, el dolor y el sacrificio, se eliminó esa barrera que supone el estar frente a una cámara.

Al respecto elogió sobre todo el trabajo de Maritza Ortega, paciente con Síndrome de Down en la interpretación de la joven que establece una especial relación de amor y noviazgo con el protagonista (Jorge Perugorría), cuya enfermedad le impide comunicarse mediante gestos o palabras.
Durante la mañana, el director intercambió además con estudiantes de la filial de la Universidad de las Artes en la provincia de Camagüey, con los cuales compartió otras experiencias más desde el punto de vista técnico sobre los procesos de creación.

Fuente: 15 Enero 2015 20:56 | Lianet Leandro López| Foto: Rodolfo Blanco Cué/AIN

sábado, 13 de diciembre de 2014

Tras La pared…: ¡palabras!

Jaisy Izquierdo
Fernando Pérez, conversa con nuestro diario acerca de su más reciente película, La pared de las palabras, estrenada durante el 36 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano
Desde el día en que vi a Jorge Perugorría entrar a una conferencia de prensa con la cabeza rapada y notablemente adelgazado, el bichito de la curiosidad me mordió ineludiblemente. Estaba filmando, explicó entonces, la nueva película de Fernando Pérez.

Por eso, cuando supe que finalmente La pared de las palabras se estrenaría en esta 36 edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, hasta Alemania llegaron mis palabras, apretadas en un cuestionario que, por suerte, y sobre todo gracias a la amabilidad de Fernando, no chocó «contra la pared».

El autor de emblemáticas películas del cine cubano como Clandestinos, La vida es silbar y Madagascar, y premio Nacional de Cine 2007, quien pocos detalles había adelantado a los medios durante la producción de la cinta, nos revela ahora, vía correo electrónico, algunos pormenores.

Esta obra, que compite por el Coral al mejor largometraje de ficción con una historia sobrecogedora, nos acerca a Luis (Jorge Perugorría), quien padece una enfermedad neurológica que perjudica su comunicación y movilidad, y que afecta también de diversas maneras a su madre (Isabel Santos), hermano (Carlos Enrique Almirante) y abuela (Verónica Lynn).




¿Cuál es «la pared de las palabras», es solo la del silencio impuesto por una limitación física?

La pared de las palabras intenta ser una reflexión sobre el dolor y los límites del sacrificio. La familia del protagonista es disfuncional porque con frecuencia las palabras no logran expresar lo que los sentimientos y las emociones determinan.

¿Qué hacer cuando nos enfrentamos a ese «muro», a ese dilema que es la incomunicación humana? ¿Qué propone su película al respecto?
La película no se propone una sola respuesta al respecto. Quizá haya tantas como espectadores existan porque, al igual que los personajes del filme, no vemos las cosas como son sino como somos.

La de Francisquito, el niño Down de Suite Habana y su padre es también una historia sobre la discapacidad y el amor como medio para saltar barreras físicas, sociales, económicas… ¿Fue este un referente a tener en cuenta a la hora de hacer La pared…?
Sí. Francisquito es hoy un joven trabajador en un mercado agropecuario y de hecho hubiera podido participar en esta película como actor. Pero en esta ocasión necesitaba que el personaje fuera femenino y por eso está Maritza Ortega, quien padece la misma afección y es, también por naturaleza, una actriz.

«Lo que más me interesa de tu pregunta es la afirmación de que “la discapacidad y el amor” pueden ser un “medio para saltar barreras físicas, sociales, económicas” porque la película trata de expresar con imágenes esa idea».

Una película con una carga dramática tan fuerte depende, en gran medida, de la interpretación. ¿Cómo fue el trabajo con los actores, especialmente Isabel Santos y Jorge Perugorría, un actor con el que no había trabajado antes?
Le debo esta película a Jorge Perugorría. Fue él quien me llamó para ofrecerme la historia escrita originalmente por Zuzel Monné y en la cual él soñaba con interpretar al protagonista. Nunca pensé filmar una película sobre este tema, pero el destino existe.

«Una vez que estuvo concluido el guión junto a Zuzel, confirmé que La pared de las palabras tenía su línea principal en el trabajo de los actores. Hacía rato no convocaba a Isabel y la busqué. Ella se identificó inmediatamente con su personaje. Y así pude contar igualmente con Laurita de la Uz, con Carlos Enrique Almirante, con Verónica Lynn, con Ana Gloria Buduén y tantos otros. No puedo dejar de mencionar al grupo de actores que interpretó a los pacientes. A ellos les debo su caracterización y entrega».

¿Cómo fue la experiencia de filmar en la Quinta Canaria, y adentrarse en el mundo de las enfermedades mentales?
Teníamos la posibilidad de filmar la institución mental en locales escenográficos. Pero decidí hacerlo en la Quinta Canaria porque su atmósfera nos ayudó a compartir, sentir, vivir, y por lo tanto expresar mucho mejor lo que queríamos decir.

«Recuerdo que cuando algunos actores llegaron allí por primera vez se echaron a llorar. Luego el llanto cedió el paso a la comprensión y todo fluyó con dolor, pero con natural armonía.

«En el sentido organizativo y profesional fue más difícil, pero en el plano artístico, y sobre todo humano, resultó una experiencia irrepetible. Nunca olvidaré que ya casi al final del rodaje el personal médico, los pacientes y nosotros éramos un solo equipo: señal de que en la comunicación humana no existen fronteras (aunque muros hay) entre locura y cordura».

Con esta película ha experimentado por primera vez la producción independiente. ¿Qué conclusiones ha sacado respecto a este modo de producción tan defendido por las nuevas generaciones de realizadores?

Siempre he pensado que uno debe demostrar en la práctica lo que predica en teoría. He defendido al cine independiente desde sus inicios cuando incluso la palabra «independiente» era casi impronunciable. Mi incorporación a la Muestra de Cine Joven fue, para mí, una manera de compartir con los jóvenes sus inquietudes y búsquedas. Y cuando ya no tuve más un cargo de responsabilidad en la Muestra (aunque sigo perteneciendo y trabajando para ella) me dije que tendría que retirarme (simbólicamente, porque a mis 70 años no me siento un jubilado) para lanzarme al río cuyo cauce es el que dinamiza y dinamizará al sistema de producción de nuestro audiovisual.

«El equipo de La pared de las palabras fue reducidísimo. Una mitad éramos profesionales jubilados y entusiastas; y la otra, jóvenes emprendedores y entusiastas también. El proceso de prefilmación y rodaje se desarrolló de un modo muy fluido y me encantaría repetirlo. Pero debo aclarar que hacer cine independiente es únicamente “otra” manera de hacer cine en Cuba, lo cual no significa hacer cine negando al Icaic. Yo volvería a hacer otra película dentro de la industria si fuera necesario.


«Lo importante de la existencia del cine independiente es el derecho a la diversidad, porque esa diversidad contribuye de una manera natural y orgánica a la flexibilización, modernización y desarrollo de nuestra industria, que en muchos aspectos se ha amoldado a las circunstancias sin modificarlas.

«Camilo Vives, que soñó y se lanzó junto a mí para hacer nuestra primera película independiente, contribuyó durante toda su vida en el Icaic a dinamizar la producción cinematográfica desde su atipicidad. No está entre nosotros para ver los resultados, por eso La pared de las palabras también está dedicada a él».


Fuente: www.juventudrebelde.cu

Fernando Pérez: La pared de la palabra independiente

Por Alejandro Rojas Espinosa

Un viejo refrán dice que todas las paredes tienen oídos; sin embargo, las del realizador cubano Fernando Pérez tienen mensajes escritos. Del director de Clandestinos (1988), Madagascar (1994), La vida es silbar (1998), Suite Habana (2003) y José Martí: el ojo del canario (2010), entre otras, nos llega este año al Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano La pared de las palabras.

La historia nos cuenta la vida de Luis (Jorge Perrugorría), un muchacho que desde su infancia padece una distonía y le resulta imposible comunicarse a través de las palabras o el lenguaje corporal. Con un elenco integrado por Isabel Santos, Laura de la Uz, Verónica Lynn y Carlos Enrique Almirante, entre otros, esta película nos propone una reflexión sobre lo difícil que es el fenómeno de la comunicación humana, el dolor y el sacrificio.

Fernando, ¿qué tiene de nuevo esta película, además de la historia que nos propone?

La pared de las palabras es una película que realicé de manera independiente; es mi primera experiencia en ese sentido y era algo que quería hacer desde hace mucho tiempo. Me gusta trabajar con los jóvenes, y no es que hacer este tipo de producción sea exclusivo de la juventud, pero sí tiene que ver mucho con ellos.

Yo acabo de cumplir 70 años y quise lanzarme a este río para probar también en la práctica lo que uno defiende en la teoría y ha sido, en ese sentido, una experiencia muy enriquecedora.

La trama de la película es un poco atípica. ¿Cómo llega esta historia a usted?

Es un filme que considero muy personal, como todas las películas que he hecho, pero esta particularmente requiere del espectador un estado de ánimo especial para verla. No porque sea muy complicada desde el punto de vista de su lenguaje, la considero clásica desde el punto de vista narrativo, pero sí por lo que muestra hay que estar un poco preparado y decidir que uno quiere ver una película así.

Gran parte del filme ocurre en una institución psiquiátrica, hay pacientes discapacitados y esa es una realidad que a veces no resulta agradable de ver.

Pero tengo muchas expectativas como siempre, y me agrada que sea en el Festival la presentación, aunque me hubiera gustado un estreno más tranquilo en los cines y no en el maratón festivalero. Incluso, me hubiera gustado hacer un recorrido con el filme por todas las provincias y, por último, llegar a La Habana, pero ese plan queda para el próximo año entonces.

¿Por qué decide dar el paso a la producción independiente?

La vida me lo dio así, era el momento de lanzarme a hacer una película independiente y el tema que tenía era ese. La historia llegó porque Jorge Perugorría, el actor protagonista, me llamó y a él le debo la película.

Perugorría me presentó el guión de Zuzel Monné y yo lo leí, me interesó mucho el tema y después trabajé con ella una versión conjunta y ahí decidimos entre Jorge, Camilo Vives y yo, hacer una película independiente. Era el momento que yo sentía que debía hacerla y creo que el tema lo permitía, porque es una cinta contemporánea y no requiere inversiones en vestuario de época, en escenografías, que hubiesen complicado el proceso.

A su juicio, ¿cuáles son las ventajas de hacer películas independientes?

Yo creo que eso da para un tema largo. Nosotros los cineastas nos estamos reuniendo periódicamente en el Centro Fresa y Chocolate para discutir y plantear nuestros puntos de vista sobre las perspectivas del audiovisual cubano y, por supuesto, la necesidad de reconocer ya definitivamente la importancia y la presencia del cine independiente en Cuba.

Pero de ninguna manera esto quiere decir que se niegue la producción de la industria; solo que son dos maneras de producir que enriquece la filmografía del país, porque se diversifica y la diversidad siempre enriquece.

Y, ¿cómo le fue a usted en este modo de producción?

La experiencia particular de filmar de manera independiente fue muy positiva, porque fue muy fluida. Primero éramos un equipo muy reducido, compuesto por casi la mitad de profesionales jubilados pero con mucho entusiasmo, y de jóvenes emprendedores, con mucho entusiasmo también, y lo que predominaba era la necesidad de resolver y la flexibilidad.

Con el cine independiente empieza uno a saltarse procesos institucionales que, a veces, complican y retardan las dinámicas de producción.

Pero nuestra aspiración es que el audiovisual cubano logre reafirmarse en la producción independiente, en la existencia de un instituto de cine más flexible y dinámico, y que exista una ley de cine que regule, no que controle la producción independiente.

(Tomado de Sitio Oficial del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano)

jueves, 11 de diciembre de 2014

Perogurría reconoce último filme de Fernando Pérez como uno de los grandes retos de su carrera

Su protagónico en La pared de las palabras, inspirada en un personaje real que sufre distonía y retraso mental, le planteó uno de los retos más grandes de su carrera desde Fresa y Chocolate, afirmó el relevante actor cubano

El relevante actor cubano Jorge Perugorría aseguró este jueves que su protagónico en La pared de las palabras, del director Fernando Pérez, le planteó uno de los retos más grandes de su carrera desde Fresa y Chocolate, de Tomás Gutiérrez Alea, refiere Prensa Latina.

La película está inspirada en un personaje real que sufre distonía y retraso mental y para acercarse al padecimiento debió acudir a instituciones donde atienden a pacientes de ese tipo, según reveló a propósito del reciente estreno del filme en el XXXVI Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

Yo tomé de cada caso con este trastorno los detalles que me interesaban y además vi mucho material fílmico, porque las distonías se operan en Cuba y se filman los pacientes antes y después de las intervenciones, relató en entrevista exclusiva con Prensa Latina.

Según Perugorría, estos materiales le ayudaron a encontrar la composición de su personaje, para el cual debió bajar varios kilos de peso.

Con todo y eso era como caminar por el filo de la navaja, pero yo tenía tanta confianza en Pérez que me entregué por completo a su dirección, sabía con certeza absoluta que estaba bien dirigido y, por eso, me atreví a romper los límites prácticamente, confesó.

A criterio del actor y realizador, Pérez logró una película especial, muy sensible, que puede tocar lugares exclusivos en el corazón y la cabeza de los espectadores porque demuestra cuán fundamental es para el ser humano la necesidad de expresarse.

El filme es un canto a eso, a esa necesidad, a esa libertad natural que precisamos para poder realizarnos por medio de la expresión, aseveró.

Perugorría cree que Pérez tiene una sensibilidad ideal para entender los problemas de esos personajes, sobre todo el de la madre interpretada por Isabel Santos, pues tiene puntos de contacto con sus propias vivencias familiares.

Para él trabajar con Pérez era un sueño pendiente desde hace años y por esa ilusión empezó a armar el proyecto junto al director, Premio Nacional de Cine 2007.

Yo fui parte de la construcción por el deseo que tenía de trabajar con él, porque ahora mismo es el cineasta más importante de Cuba y no había tenido esa oportunidad, afirmó el actor que también participa en Vestido de novia, ópera prima de Marilyn Solaya, y dirigió Fátima, dos trabajos en concurso.

Por su parte, el director de Clandestinos, Hello Hemingway, Madagascar, La vida es silbar, Suite Habana y El ojo del canario, ha logrado piezas conmovedoras sin caer en los clichés comunes en géneros como el histórico y el drama contemporáneo.

La pared de las palabras volverá a proyectarse esta noche en el cine Chaplin de La Habana, tras un estreno en una sala tan pequeña que hasta el propio director decidió ceder su asiento a algún espectador.

Fuente: www.juventudrebelde.cu

miércoles, 10 de diciembre de 2014

La pared de las palabras

La nueva propuesta de Fernando Pérez contiene conflictos, subrayados simbólicos y peripecias en un guion que se encarga de aligerar su fuer­te carga dramática con pespuntes de ocurrencias h­u­morísticas

No hay que asombrarse porque Fernando Pé­rez haga un filme sobre la incomunicación humana a partir de su personaje central en La pared de las palabras.

El tema ha tentado a brillantes directores dispuestos a correr el riesgo de filmar “sobre la incomunicación”, cuando precisamente el cine sería to­­do lo contrario: comunicar —por cualquier vía artística— para seducir.

El maestro Antonioni, afanado en desentrañar el alma de las mujeres, pasó a la historia del cine con su llamada trilogía de la incomunicación (La no­che, La aventura, El eclipse), y Bergman no se can­só de representar la invalidez de la pareja para en­tenderse y expresar la necesidad de recibir, o sentir amor.

Babel, de González Iñárritu, es un filme sobre la in­comunicación personal y cultural; Michael Ha­neke, uno de los mejores directores contemporá­neos, gusta tratar el tema, y Milos Forman, a quien el fil­me de Fernando parece hacerle un guiño en la escena de los enfermos mentales saliendo de ex­cur­sión, se atrevió en Atrapado sin salida (1975) a tratar el asunto desde el entorno de un hospital psiquiátrico.

Pero la senda de La pared de las palabras tiene que ver poco con todos ellos, por cuanto el eje del conflicto se adentra en el enclaustro indescifrable de un cerebro enfermo que, sin embargo, ¿piensa y construye un mundo muy particular que quisiera hacer sentir a los demás?

El filme transita por una exposición lineal en la que puede verse a una angustiada madre (Isabel San­tos) desvelada por atender a su hijo (Jorge Pe­­­ru­go­rría), ingresado en una clínica de enfermos mentales, hombre y mujeres que a ratos parecen en­tenderse y, en otros, se pierden en un sin senti­­do total.

Sufre ella y al mismo tiempo hace enojarse a su otro hijo (Carlos Enrique Almirante), y a su pro­pia madre (Verónica Lynn), que llega de visita desde el extranjero. Ambos le comprenden la en­trega sin lí­mites, que conspira incluso contra su trabajo como profesional, pero le reprochan marchar hacia la autodestrucción en el empeño de salvar a un ser condenado por la ciencia a terminar sus días ve­ge­tando.

Se sabe de historias parecidas: la resolución de una madre, o de un padre, de renunciar a la vida con tal de fundirse en cuerpo y alma al hijo enfermo y convertirse en su apoyo hasta el final de la travesía.

De ese material doloroso, que bien conoce, se vale el director para construir un filme acerca de la entrega y el dolor, pero también de una familia en su afán de integración y de un entorno social y hu­mano recreado, en buena medida, desde las relaciones de los enfermos mentales en el hos­pital.

Conflictos, subrayados simbólicos y peripecias en un guion que se encarga de aligerar su fuer­te carga dramática con pespuntes de ocurrencias h­u­morísticas y que, junto a sus situaciones concretas, le abre paso al mundo intimista, lírico, que el director recrea con una visualidad que lo convirtió en un realizador diferente en la cinematografía cubana desde los tiempos de Ma­da­gascar.

Creador por excelencia de atmósferas dramáticas, habría que convenir que los silencios del filme y las contemplaciones de los personajes in­sertados en el entorno; mar, soledad, paseos so­li­ta­rios, re­sultan un aporte de magnitud en un guion que, no obstante algún que otro giro predecible, madura una carga de impacto emocional de las que pocos espectadores escapan, y que alcanza su cli­ma en la escena donde el enfermo duerme en la ca­ma abrazado por su madre y el hermano.

Si bien las actuaciones están por lo alto, habría que destacar a Jorge Perugorría como el enfermo mental con serias limitaciones físicas, y el papel de madre, de Isabel Santos. De principio a fin la coherencia de él en gestos y reacciones es impresionante y si la película funciona como drama empeñado en descifrar lo que no se dice, aun queriéndose de­cir, se debe en buena medida a su aporte.

Tan sincera como reflexiva, La pared de las pa­labras es de esas películas que pudieran no abarrotar salas, pero sí quedarse en la memoria de los que busquen en el cine algo más que un pasatiempo.

Fuente: granma.cu

martes, 9 de diciembre de 2014

Fernando Pérez: el Festival de La Habana es un sueño

El Festival de Cine de La Habana es un sueño para los cineastas, afirmó el realizador cubano Fernando Pérez, Premio Nacional de Cine, quien estrena en la edición XXXVI de esta cita su más reciente largometraje titulado La pared de las palabras.

Este es un espacio que crea muchas expectativas por la cantidad de público que mueve y deviene en un verdadero maratón audiovisual, aseguró a la AIN el ganador de cuatro premios Coral por las cintas Clandestinos (1988), Hello Hemingway (1990), La Vida es Silbar (1998), Suite Habana (2003) y El Ojo del Canario (2010).

   Pérez confesó que hubiera querido estrenar La pared de las palabras antes del Festival, porque se trata de una película que hay que ver con calma para meditar, sin embargo, está muy contento por su inclusión en la programación y espera presentarla por toda Cuba a principios de 2015.

   La cinta narra una historia sobre la discapacidad y la incomunicación y asienta su línea principal en la autenticidad del trabajo de los intérpretes, entre los que se encuentran los consagrados Jorge Perugorría, Laura de la Uz, Isabel Santos y Verónica Lynn.

   Es un filme de actores, que implicó la entrega total de Perugorría, quien se enfrentó a un proceso de desgaste espiritual muy intenso y, además, tuvo que bajar 60 kilogramos, en jornadas de trabajo muy agotadoras.

   Se trata del primer proyecto independiente del también escritor y ganador de un premio Casa de las Américas, que se rodó en poco más de un mes con un presupuesto de 115 mil pesos convertibles y varios de sus realizadores colaboraron prácticamente de forma voluntaria.

   La pared de las palabras concursa en la categoría de largometrajes de ficción, en la que participan una veintena de cintas de nueve países.  

Fuente: www.ain.cu

Estrenan hoy La pared de las palabras, de Fernando Pérez

Fernando Pérez, uno de los directores más respetados del cine cubano contemporáneo, afirmó este lunes en el contexto del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, en La Habana, que su más reciente película La pared de las palabras, exige verse con calma.

A propósito de su octavo filme, explicó que es una cinta muy particular, que debería verse con paciencia, no en medio de una maratón de películas, y promete ser uno de los grandes sucesos cinematográficos.

Con guión del mismo director de clásicos como Clandestinos, y las interpretaciones de lujo de Jorge Perugorría, Isabel Santos y Laura de la Uz, la cinta conserva el sentido humanista que ha caracterizado su obra.

De hecho, el fuerte de La pared de las palabras es el trabajo de los actores para lograr específicamente mayor autenticidad en el tema que trata, cómo la vida nos plantea retos y debemos enfrentarlos cambiando de mentalidad.

domingo, 7 de diciembre de 2014

La pared de las palabras: El difícil ejercicio de la comunicación humana

Por: Paquita Armas Fonseca.


Tengo la suerte de haber disfrutado La pared de las palabras con el equipo de realización y un reducido número de invitados. Terminé de ver el último plano y salí. Me encontré en el vestíbulo del cine Charles Chaplin a Raúl Pérez Ureta, el fotógrafo de siempre de Fernando Pérez, y apenas pude hablarle.

Caminé por la calle 23 hasta mi casa. Sé que quienes pasaban por mi lado se preguntarían el porqué de esas lágrimas silenciosas. Un amigo que me topé y supo que la causa era una película me dijo “te tocó y fuerte”. Es así.

Por la noche hablé con Fernando. Él me escuchó un largo monólogo que terminó exonerándolo de la entrevista prometida. Y entonces me dijo: “Escribe eso que me dijiste. Creo que tus lectores lo agradecerán”. No lo hice en el momento y ahora quizás no sea igual.

La pared de las palabras es una película dura, difícil, estremecedora, con un drama posible en Cuba y cualquier lugar, hecha con todo el amor no solo de Fernando, sino de Jorge Perugorría que para mí ¡al fin! dejó de ser Diego, de una Isabel Santos en toda su madurez creativa, y una Laura de la Uz que me hizo cercanas a personas que quiero mucho. Carlos Enrique Almirante está muy bien y por supuesto, Verónica Lynn sigue siendo esa gran dama de la actuación. Son secundados por un grupo de actores no profesionales que poco les falta para serlo, porque dan piel y sangre a unos locos “verdaderos”.

La virtud mayor de esta cinta de Fernando es ponernos frente a un cuadro de familia disfuncional en el que cada integrante tiene parte de razón. La enfermedad de Luis (distonía, más trastornos siquiátricos) lo lleva a un hospital, donde hay otros enfermos con serios (y generalmente incurables) problemas de comunicación y locomoción.

Su madre (Isabel Santos) pierde oportunidades profesionales, pero especialmente por estar pendiente del hijo mayor, no atiende lo suficiente al menor (Carlos Enrique Almirante), mientras la abuela (Verónica Lynn) intenta vivir al margen del drama de su hija ¿una actitud reprochable? No lo creo, hay que ponerse en la piel de cada personaje.

Luis, que ha crecido en esa institución, intenta una y otra vez romper la pared de las palabras que le impide comunicarse con los seres humanos que le rodean, aunque no es limitante para que se interponga entre la cabeza de otro enfermo y la pared (de cemento) porque más que saber, siente que el otro podrá herirse. La actitud solidaria le deja unas marcas que los médicos no se explican.

Fernando ha dicho que su octavo filme “trata de expresar ese arduo y escabroso camino, no solo a través de Luis, sino de toda su familia y su entorno social. Porque, con frecuencia, somos los seres humanos clasificados como normales los más incapaces de entender palabras, señales, ondas, miradas que se pierden en la oscuridad de lo cotidiano.”

No creo –y quizás esté equivocada totalmente– que La pared de las palabras sea un filme de largas colas, o taquillera, no es el tipo de cinta que hoy se persigue.

Por supuesto, esa historia dura –y muy posible– está contada con la luz exacta, los grandes y primerísimos planos en el momento justo, al estilo de Raúl y una dirección de actores a la que nos tiene acostumbrados Fernando: de nuevo trabaja con un Síndrome de Down, en esta oportunidad se trata de una muchacha, Maritza Ortega, que actúa como si hubiera recibido clases para ello. ¿Recuerdan al Francisquito de Suite Habana?

La banda sonora de Edesio Alejandro por momentos es protagónica, mientras la edición de Julia Yip sigue siendo la necesaria. No podían faltar ni La Habana, ni el mar, esta vez en Santa Fe donde se filmó la cinta. Al decir de Fernando “Con la historia de Zuzel (Monne) en las manos, que es mi propia historia aunque la película no sea una autobiografía, me lancé al río turbulento y dinámico de la producción independiente”. Una actitud lógica en los tiempos que corren para un genuino adolescente que acaba de cumplir 70 años y lo celebró intentando desentrañar “el difícil ejercicio de la comunicación humana”.

Fuente: (Tomado de El Caimán Barbudo)

jueves, 9 de enero de 2014

El audiovisual cubano, un fenómeno abarcador e inclusivo


Desde hace cerca de dos años persigo a Fernando Pérez con el fin de que me hable de su próxima película. Coincidentemente acabo de leer una nota sobre La pared (sic), esa cinta que todos esperamos y me llamaron la atención algunas afirmaciones.

Finalmente en los primeros días del 2014 tuve más suerte para que mi vecino y amigo, autor de cintas emblemáticas -Madagascar, José Martí: El ojo del canario, Suite Habana- me aclarara algunos conceptos.

¿Por qué se afirma que has hecho tu primer filme independiente?

Porque lo es. Pero habría que definir primero qué entiendo por cine independiente en Cuba hoy. Este fenómeno (que todavía no me atrevo a definir como movimiento –aunque ya está muy cerca de serlo) existe y se ha venido manifestando en nuestra realidad desde finales de los noventa y ha tomado mucho más auge desde inicios de este siglo.

Hay varias razones para ello: el avance de la tecnología digital (que permite un acceso más abierto y menos selectivo a los medios necesarios para realizar una película); la necesidad de encontrar formas de producción mucho más flexibles y dinámicas que las establecidas por la industria y, la última pero quizás la primera, la audacia, pasión y riesgo con que cineastas fundamentalmente jóvenes han abierto caminos -como en la canción de Pablo Milanés- quebrando moldes, poniendo en práctica soluciones de producción bien imaginativas, filmando sin esperar por nada o por nadie.

Hay que tener en cuenta también que el cine es una actividad atípica, casi imposible de normar –o parametrar. Y nuestro sistema económico actúa con frecuencia como una camisa de hierro, como un freno paralizante. Esa discusión la ha sostenido durante mucho tiempo el propio ICAIC con instancias superiores, pero sin resultados concretos.

Recuerdo que incluso Camilo Vives (a quien el cine cubano le debe un reconocimiento que nunca tuvo en vida) avizoró con su luz larga la necesidad de cambios y propició la realización de Tres veces dos, un proyecto de jóvenes que se produjo en el 2003 con métodos bien flexibles y originales.

En ese momento señalé en una entrevista a este filme como un ejemplo de cine “independiente” y algún funcionario del propio ICAIC se mostró cauteloso ante esa definición. Evidentemente existe una mentalidad que no desayuna con esa palabra, pero la definición es lo menos importante. Puede llamarse independiente, autónomo, digital (o inapropiadamente “cuentapropista”, como lo definió alguno jocosamente).

Lo verdaderamente significativo es que el fenómeno existe porque la vida lo ha determinado y la vida es un río que sigue su curso indetenible porque, misteriosamente, sabe a dónde va.

Y lo que ese caudal está demostrando es que ya no podemos hablar únicamente de cine cubano, sino del audiovisual cubano, fenómeno mucho más abarcador e inclusivo –y en la cresta de esa ola está la modalidad de cine independiente. Porque el cine independiente es justamente eso: una modalidad, una forma distinta de hacer que puede convivir con la industria.

Soy de los que piensa que hacer cine independiente (y lo reafirmo) no es tratar de borrar toda una historia, que es la del mejor ICAIC. De hecho, creo que muchos jóvenes anhelan la experiencia de trabajar con un ICAIC renovado, dinámico, con otras perspectivas que no sean las de la rutina, que es lo que más ha dañado la relación de esa institución con los jóvenes. Un ICAIC abierto, también, a la diversidad.

Y no es solo el ICAIC: el país necesita espacio para los jóvenes, para que transformen lo que se tiene que transformar desde sus ideas y no desde lo que otras generaciones pensamos que ellos deben hacer.

¿Qué relación has tenido con el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos, ICAIC, para rodar esta película?

No pensaba nunca jubilarme, pero lo hice el año pasado (a mis 68 años) para poder participar coherentemente en el rodaje autónomo de La pared de las palabras. Me planteé no utilizar la infraestructura del ICAIC y sólo alquilar ocasionalmente algunos de sus servicios –que fueron mínimos. Del ICAIC únicamente pedimos el apoyo en la autorización y los permisos para filmar en determinados lugares. Y siempre lo tuvimos.

Dos años atrás el director Alejandro Gil estrenó su ópera prima La pared ¿no te preocupa repetir el nombre?

No. Te reitero: las denominaciones, clasificaciones, identificaciones son, para mí, lo menos importante. Al igual que con la anécdota que te conté más arriba sobre los prejuicios y cautela para definir el cine independiente, un título no es lo único que define a una película.

Lo importante es la película en sí misma, su propia personalidad, su existencia única. La pared es un filme muy personal de Alejandro, como La pared de las palabras espero que sea un filme muy personal mío. En cuanto a las coincidencias, existen muchísimas. Hay un magnífico dibujo animado norteamericano que se titula Madagascar.

Jorge Perugorría es el protagonista, ¿también aportó el argumento?

Jorge es el protagonista y también uno de los productores de la película. Pero el argumento y el guión los aportó la escritora Zuzel Monne (que también es vecina de Pichi). Ambos me llamaron hace dos años para proponerme que dirigiera ese proyecto.

Y se los agradezco infinitamente porque nunca pensé abordar un tema como el que narra la película. El guión está basado en un cuento original de Zuzel y hay mucho de sus experiencias personales en la historia (y a partir de mi incorporación, también hay muchas vivencias mías). Zuzel ha sido una colaboradora esencial y debo agradecerle también su confianza al permitirme desarrollar el proyecto durante el rodaje en plena libertad.

¿De qué trata?

No quisiera contar la historia. El tema trata de expresar el conflicto de una familia que deviene disfuncional porque uno de sus miembros es discapacitado.

¿Cuándo podré ver la primera copia y hacerte la entrevista?

No sé. Pero seguro será en este año 2014.

Fuente: Radio Habana Cuba. Editado por Martha Ríos.

viernes, 3 de enero de 2014

Fernando Pérez debuta en cine independiente


La Pared, un filme sobre la relación con pacientes psiquiátricos, es la primera obra independiente del realizador cubano Fernando Pérez, resultado de experiencias íntimas.

El director de Clandestinos y Suite Habana dijo que su nueva producción podría calificarse como una cinta autoral, con una estructura narrativa contemporánea.

La historia de La Pared gira alrededor de una familia disfuncional por la discapacidad mental de uno de sus miembros, algo que le ha tocado vivir y espera que llegue a cierto sector del público.

El protagonista es Jorge Perugorría, quien trabaja por primera vez con el también Premio Nacional de Cine, y aseguró que Fernando Pérez es todo lo que uno se imagina de él.

Integran el elenco además, Verónica Lynn, Isabel Santos, Laura de la Uz, y Carlos Enrique Almirante.

Sobre la experiencia de filmar sin el apoyo del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (ICAIC), Pérez aseguró que disfrutó trabajar con un colectivo reducido de veteranos y jóvenes.

(Tomado de cubadebate)

martes, 18 de septiembre de 2012

Fernando Pérez se plantea nuevos horizontes…


Por Ailyn Martín Pastrana
CUBACINE / EL PORTAL DEL ICAIC

La pared de las palabras;
fotografía de producción
 
 Luego de mes y medio de arduo trabajo, el cineasta Fernándo Pérez ha terminado el rodaje de La pared de las palabras, su octava película. La cinta, que constituye la primera experiencia del realizador en la producción independiente, cuenta con un staff de lujo y fue rodada en locaciones de Santa Fé y en la Quinta Canaria.

n declaraciones exclusivas a Cubacine, el director adelantó que La pared… es “una película muy peculiar, un drama humano. Uno de los temas que trata es cómo la vida nos plantea retos y debemos enfrentarlos cambiando de mentalidad. Se desarrolla en la Cuba de hoy, pero es una historia que puede ocurrir en cualquier lugar del mundo. Yo no puedo –ni quiero– separarme del contexto cubano.”
 
Se ha dado a conocer que trabajó con un staff de lujo…
 
Todo comenzó a partir de un guion de Zuzel Monné, basado en un cuento escrito por ella misma. A mí me interesó mucho, lo trabajamos juntos hasta que estuvo la versión definitiva. En la película Jorge Perugorría, "Pichi", tiene un protagónico, junto a Isabel Santos y Laura de la Uz , dos actrices con las que quería trabajar hacía tiempo. Además, está Verónica Lynn –quien colabora conmigo por primera vez–; y repito con Carlos Enrique Almirante.
 
Fue un equipo formado por gente joven y por veteranos de la Industria: Camilo Vives –productor–, Raúl Pérez Ureta –fotógrafo–, Julia Yip –editora–, entre otros, queríamos demostrar que podemos trabajar con el estilo de los jóvenes.