Nuevo retrato de la Cuba bloqueada, pero libre de complejos. Fábula deliciosa sobre un sueño común de felicidad levantado a golpes de ingenio y autenticidad. óptica irónica para enfocar realidades de fondo amargo."
Siempre he desconfiado de las bondades del dinero cuando te lo regala un muerto. Quiero decir que me repugnan las herencias si lo que consigue el finado es sembrar discordias entre los parientes afortunados. Y esto se da más veces de la cuenta. Los odios toman cuerpo y voz, los estómagos se santiguan, gratos ante la perspectiva del hambre saciado. Vaya, que somos un asco, capaces de hacer enemigos entre los más allegados.
De herencias y sus delirantes consecuencias nos habla lo último de Juan Carlos Tabío. Acorazado en su habitual claridad narrativa, el director -ya sin su alter ego, el malogrado Tomás Gutiérrez Alea- mete el dedo en los rincones miserables de un pequeño pueblo de Cuba y lo usa para hurgar en el sueño de un grupo de personajes por enriquecerse del modo más imprevisto. Siguiendo las líneas de una fábula social, la historia se ajusta a ese cine rabiosamente honesto, concebido como espejo agridulce de lo real, la humilde traslación en imágenes de humildes esperanzas, frustraciones, deseos y amarguras de toda una comunidad. La emoción, hilo invisible que atraviesa una forma de concebir el cine y la vida, salía a flote en FRESA Y CHOCOLATE (1993), bañaba las calles blancas en GUANTANAMERA (1995), aguardaba el autobús en LISTA DE ESPERA (2000). Historias todas confeccionadas en base a una óptica diáfana y sin dobleces, nutridas hasta reventar con la materia que da forma a nuestra ilusión de espectadores.
Nada me decepciona en esta nueva muestra de intrahistoria nacional. Tabío se marca una trama de flecos propiamente cubanos, aunque el dibujo del racimo humano envuelto en discusiones, encuentros fortuitos, ansias de progresar, termina siendo de lo más cercano. Es el milagroso efecto de un relato hecho desde lo minúsculo, pletórico de sana intención por abrazar ambientes irresistibles, la ternura y la melancolía impulsando el perfil físico y humano ante nuestros ojos. Y no defrauda por ofrecer todo lo que promete -pese a la paradoja del título-, un cuento delicioso sobre el inesperado legado que unirá a un ramaje de familiares dispersos por todo el país en una misma lucha por prosperar. No hay más -ni menos- que la sencillez en el trazo, la perfecta imbricación de las subtramas con el fin de dotar de carnalidad a la más entrañable, sutil y endiabladamente divertida película que pueden encontrarse en cartelera.
Jorge Perugorría retoma el rol que domina, y nos hace sentir a gusto a golpes de nobleza, regalando ejemplo de superación frente a la puta adversidad. Nadie como él para inyectar simpatía y frescura a este currante bonachón dispuesto a hacer todo con tal de encontrar el trozo de felicidad que les corresponde a él y a su familia.
Encabeza él la marea de lugareños ávidos del dinero caído del cielo, dispuestos a dejar atrás los sinsabores de la pobreza. Racheada de aires casi berlangianos, alcanza la historia un amable tono tragicómico donde los apuntes políticos se dejan ver sin que suenen discursivos, no es el panfleto lo que pretende conseguir. Aún así, saltan entre líneas las ácidas críticas al orden cubano actual, produciendo cierto desencanto escuchar alusiones al bloqueo de EE.UU., el uso libre de los móviles o la endémica economía negra, todo ese catálogo de pillerías con que plantar batalla a la vida y seguir a flote.
Ejemplo vivo de optimismo el que nos ofrece un guión sin respiro asentado bajo los pliegues del enredo carente de pretensiones. Todo lo más -no es poco-, acercarnos el reflejo agudo de un mismo sentimiento de superación en un entramado cosido con imágenes naif, desnudas, pudiera creerse que puestas casi al descuido. Pero supongo que, más allá de refinados embalajes, lo esencial, aquéllo que calentará el ánimo y despertará la reflexión, se mima al detalle. Pocas veces puede lograrse con tanto respeto a sus personajes, con tanta pasión y desenfado, brutalmente sincero. Imagino también que el tratado sobre esperanzas truncadas que Tabío ha asumido como sustento dramático de toda su obra vuelve a engordar tras esta entrega. Qué mejor modo de acercarse a los arcenes de nuestra sucia sociedad que acogerse al cálido refugio de la parábola jubilosa y descabellada, a veces genuinamente histriónica. Tal vez sean los resortes de humor desacomplejado las válvulas perfectas por las que ir soltando el peso de una tristeza agazapada, disfrazada de entusiasmo mediante oficio y un profundo conocimiento de nuestras (humanísimas) miserias.
Publicada el 2008-11-11
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miércoles, 11 de noviembre de 2009
viernes, 24 de octubre de 2008
Jorge Perugorría, en la presentación de 'El cuerno de la abundancia'. (MS)
Acompañado de los actores Vladimir Cruz, Mirtha Ibarra y Yoima Valdés, Jorge Perugorría recorre por estos días varias ciudades de España para promocionar el nuevo filme de Juan Carlos Tabío, El cuerno de la abundancia, en el que encarna el personaje de Bernardito, un ingeniero venido a menos que intenta sobrevivir en un pueblo de la Isla.
El actor deja atrás, en esta ocasión, su elogiado papel del homosexual Diego en la cinta Fresa y chocolate, codirigida también por Tabío, para protagonizar una historia orlada por los "tópicos" de la Cuba tropical.
De paso por Madrid para la presentación a la prensa de la película, y tras una intensa jornada de pases televisivos y entrevistas a los medios, Perugorría compartió con CUBAENCUENTRO.com su opinión sobre la actualidad de la Isla, en política y cultura, y también habló de sus proyectos fuera del cine.
¿Cómo ha sido su experiencia con el personaje de Bernardito en El cuerno de la abundancia?
Reencontrarme con el cine de Tabío, que es un cine que admiro profundamente, y creo que esta película, El cuerno de la abundancia, está cien por ciento al estilo de Juan Carlos, de esas comedias maravillosas: Plaff, Se permuta, El elefante y la bicicleta o Lista de espera, sin contar las que codirigió con Titón, como Guantanamera y Fresa y chocolate. Creo que aquí Tabío retoma su estilo más auténtico de una comedia inteligente, audaz.
La pregunta sería cómo nos sentimos después de reencontrarnos, después de Fresa y chocolate. Pero verdaderamente no nos hemos separado después de Fresa y chocolate, hemos estado juntos después de la película, hemos compartido prácticamente la vida. Para nosotros es curioso, porque es diferente a como se puede ver desde acá, como que la gente nos vuelve a ver en esta peli.
Hablando de Fresa y chocolate, un filme emblemático en su momento, sobre todo por tratar el tema de la homosexualidad. ¿Qué opinión le merece su proyección en la televisión cubana tras 14 años de censura?
Durante todos estos años, yo, por ejemplo, he luchado dentro de la Isla cada vez que he tenido opción de llegar a algún medio, ya sea prensa o televisión, siempre he dicho que no entendía por qué Fresa y chocolate no se ponía en la televisión cubana, después que había sido una embajadora maravillosa del mundo, y todo lo que había significado para Cuba, a nivel de las personas y de la sociedad, en cuanto al tema de la tolerancia y respeto a la diferencia, no sólo a los homosexuales.
Cuando se estrenó el año pasado, lo celebramos y fue algo muy bonito entre los intelectuales, los amigos, los artistas, la gente que lo conoce a uno. Empezaron a mandar correos como algo positivo y comprendimos que, como dice el dicho: "es mejor tarde que nunca". Nos alegró mucho a todos que la pusieran.
Alfredo Guevara dijo hace un tiempo que la película Che, de Steven Soderbergh, donde usted tiene un papel, no se iba a estrenar en Cuba si atacaba a Fidel Castro. ¿Cuál es su opinión al respecto?
Eso es una declaración de Alfredo Guevara que yo no comparto, con la cual no estoy de acuerdo, porque no pueden censurar una película sin haberla visto y esas declaraciones fueron hechas por él sin haber visto la película. Por la parte que me toca, por haber estado vinculado a ese proyecto, te diré que ese proyecto está hecho con la mayor seriedad, con el mayor rigor, y pienso que es una película que el pueblo cubano está preparado para ver y no entendería otra solución; pero esas cosas no las determina uno como artista, las determinan las instituciones, las determinan las personas que son responsables y que dirigen esas instituciones.
No estoy de acuerdo. Primero, porque nos hace quedar muy mal ante el mundo que un funcionario cubano diga que va a censurar una película sin haberla visto, porque alguien se la haya contado, y segundo, porque es una película donde se hace un retrato de la figura del Che a dos manos entre Benicio (del Toro) y Soderbergh, con mucho respeto y mucha seriedad.
Recientemente se dio a conocer la noticia de que usted organizó una subasta de arte con el fin de recaudar dinero para los damnificados en Gibara tras el paso del huracán Ike. ¿Cómo los necesitados podrán acceder a ese dinero? ¿Van a dárselo a la gente de a pie, del pueblo?
Sí, claro. Yo conocí Gibara con Humberto Solás, rodando Miel para Oshún, que filmamos unas escenas allí. A partir de ahí, Humberto tuvo el sueño de crear ese festival de cine en Gibara, que ya lleva seis años. Recientemente, hemos tenido una gran pérdida, la cultura cubana y la cultura iberoamericana y universal: falleció Solás, uno de los grandes maestros del cine cubano.
Cuando pasa el segundo huracán por Cuba, el Ike, entra justo por esa parte de Oriente, arrasa prácticamente todos los pueblos que están alrededor de Gibara, acaba con gran parte de Gibara. A un grupo de amigos y a mí se nos ocurrió hacer algo por ese pueblo que durante seis años había acogido a los cineastas, los pintores, los cantautores, los músicos, los que habíamos estado yendo al festival invitados por Humberto, como esa gente había sido de cariñosa, era un festival muy de pueblo, muy popular, muy bonito.
Entonces se nos ocurrió esta idea de lanzar una convocatoria a los artistas cubanos que viven dentro y fuera de la Isla, y artistas de cualquier parte del mundo, que quisieran donar una obra, para con la venta de estos cuadros hacer un fondo y, a través de la Oficina de Cine Pobre, hacerlo llegar a Gibara.
Vamos a hacerle un seguimiento a todo este dinero. Porque yo también me dedico a la pintura y al mundo del arte, estoy haciendo un proyecto que se llama "Arte por arte", el cual consiste en realizar un catálogo con todos los artistas que participen en este proyecto y hacer un seguimiento de cómo el arte puede contribuir en los momentos en que las sociedades de los países pasan por crisis o tienen problemas, ya sean sociales, políticos o meteorológicos, naturales como en este caso.
Nosotros vamos a llevar ese dinero que podamos recaudar y hacer un seguimiento. Lo que queremos es ayudar a la restauración de Gibara, sobre todo para poder darle continuidad al Festival de Cine Pobre de Humberto Solás. Uno, de pronto, se siente que está haciendo algo por la gente.
¿Ha estado allí después que pasó el huracán?
Sí, hemos estado allí. Después que pasó el huracán, el cineasta Arturo Soto estrenó en el cine Chaplin Bretón es un bebé, un maravilloso documental donde hay un viaje surrealista por toda la isla y, en el estreno, Arturo hizo un llamamiento a toda la gente que estaba en el cine: que nos trajeran ropa, donaciones, cosas que no usaban.
Hicimos una oficina en el ICAIC, recogimos un camión de donaciones de la gente y llamamos a los amigos artistas, y fuimos a Gibara, entregamos esa ayuda a la gente, y también fuimos a decirle que nosotros, por todo el cariño que habíamos recibido durante todos estos años de festival, íbamos a hacer todo lo posible por ayudar a la recuperación de Gibara y darle continuidad a la obra de Humberto, como era su Festival de Cine Pobre.
En una entrevista publicada en El País usted afirmó que Cuba necesita "cambios profundos" que "saquen al país del inmovilismo económico y estimulen a la gente". ¿Cree que en este momento existe alguna esperanza de cambio en Cuba, en cuanto a libertades, lo mismo sociales que económicas?
La esperanza es lo último que se pierde, y el pueblo cubano es muy optimista y tiene mucha esperanza de llevar adelante esos cambios. Hay mucha conciencia en el pueblo de la necesidad de cambios profundos económicos. Por primera vez aparece un discurso oficial a través de Raúl, donde se dice que hay que acabar con todas las restricciones que impiden de manera absurda la evolución y el progreso de la sociedad cubana y de la familia cubana.
Creo que hay por todos lados voluntades que conducen al mismo lugar. Ustedes recientemente le realizaron una entrevista a Eliécer Ávila, que me pareció un muchacho superinteligente. Vi la voz de una generación nueva, muy coherente en lo que dice. Yo creo y pienso como él, que todos los cambios que todos sabemos tienen que ocurrir a partir de lo ya hecho y creo que esa es la esperanza del pueblo. El pueblo no quiere hacer ningún tipo de ruptura, ningún tipo de negación, lo que quiere es una evolución, un desarrollo a partir de lo que ya está hecho, pero lo necesita para salir de este período de crisis y de sacrificio.
¿Considera que con esa "evolución" terminaría el sacrificio de todo este tiempo?
Pienso que el sacrificio no ha sido en vano. Si alguna certeza tenemos es que el sacrificio ha dado resultados, no en lo que somos, sino en lo que representamos para los demás pueblos, algo casi mesiánico como concepto. Pero creo que es hora también de que se empiece a pensar en el bienestar de la familia cubana, de la sociedad cubana, en el progreso. Para eso tienen que pasar muchas cosas, tiene que cambiar la política hacia Cuba, sobre todo de Estados Unidos. Pero creo que el pueblo cubano está preparado para asumir esos cambios que, además, están anunciados por el propio gobierno.
Antes que Raúl Castro fuera ratificado presidente, usted hizo algunos reclamos en el sector de la cultura, como "una mayor proyección del cine cubano, el aumento de la calidad de la programación de la televisión, la búsqueda de un mejor teatro". ¿Ve viable el cumplimiento de estas reclamaciones ahora mismo, o es algo para un futuro lejano?
La cultura es de los sectores dentro de la sociedad cubana que más posibilidades tiene y que más está haciendo en este momento. Creo que, tanto con la música como con el propio cine, a pesar de los problemas o los obstáculos que podamos tener, hay una dinámica en la cultura cubana que es vanguardia dentro de la propia sociedad y sigue siendo la vanguardia en relación a otros sectores.
Lo único que hay es que afianzar esos valores y pensar que todos estamos trabajando por un bien común, hacer consciente eso, y ganar espacio desde cualquiera de las manifestaciones de la propia cultura, tanto dentro de Cuba, como en la proyección de ese trabajo de los artistas.
El actor deja atrás, en esta ocasión, su elogiado papel del homosexual Diego en la cinta Fresa y chocolate, codirigida también por Tabío, para protagonizar una historia orlada por los "tópicos" de la Cuba tropical.
De paso por Madrid para la presentación a la prensa de la película, y tras una intensa jornada de pases televisivos y entrevistas a los medios, Perugorría compartió con CUBAENCUENTRO.com su opinión sobre la actualidad de la Isla, en política y cultura, y también habló de sus proyectos fuera del cine.
¿Cómo ha sido su experiencia con el personaje de Bernardito en El cuerno de la abundancia?
Reencontrarme con el cine de Tabío, que es un cine que admiro profundamente, y creo que esta película, El cuerno de la abundancia, está cien por ciento al estilo de Juan Carlos, de esas comedias maravillosas: Plaff, Se permuta, El elefante y la bicicleta o Lista de espera, sin contar las que codirigió con Titón, como Guantanamera y Fresa y chocolate. Creo que aquí Tabío retoma su estilo más auténtico de una comedia inteligente, audaz.
La pregunta sería cómo nos sentimos después de reencontrarnos, después de Fresa y chocolate. Pero verdaderamente no nos hemos separado después de Fresa y chocolate, hemos estado juntos después de la película, hemos compartido prácticamente la vida. Para nosotros es curioso, porque es diferente a como se puede ver desde acá, como que la gente nos vuelve a ver en esta peli.
Hablando de Fresa y chocolate, un filme emblemático en su momento, sobre todo por tratar el tema de la homosexualidad. ¿Qué opinión le merece su proyección en la televisión cubana tras 14 años de censura?
Durante todos estos años, yo, por ejemplo, he luchado dentro de la Isla cada vez que he tenido opción de llegar a algún medio, ya sea prensa o televisión, siempre he dicho que no entendía por qué Fresa y chocolate no se ponía en la televisión cubana, después que había sido una embajadora maravillosa del mundo, y todo lo que había significado para Cuba, a nivel de las personas y de la sociedad, en cuanto al tema de la tolerancia y respeto a la diferencia, no sólo a los homosexuales.
Cuando se estrenó el año pasado, lo celebramos y fue algo muy bonito entre los intelectuales, los amigos, los artistas, la gente que lo conoce a uno. Empezaron a mandar correos como algo positivo y comprendimos que, como dice el dicho: "es mejor tarde que nunca". Nos alegró mucho a todos que la pusieran.
Alfredo Guevara dijo hace un tiempo que la película Che, de Steven Soderbergh, donde usted tiene un papel, no se iba a estrenar en Cuba si atacaba a Fidel Castro. ¿Cuál es su opinión al respecto?
Eso es una declaración de Alfredo Guevara que yo no comparto, con la cual no estoy de acuerdo, porque no pueden censurar una película sin haberla visto y esas declaraciones fueron hechas por él sin haber visto la película. Por la parte que me toca, por haber estado vinculado a ese proyecto, te diré que ese proyecto está hecho con la mayor seriedad, con el mayor rigor, y pienso que es una película que el pueblo cubano está preparado para ver y no entendería otra solución; pero esas cosas no las determina uno como artista, las determinan las instituciones, las determinan las personas que son responsables y que dirigen esas instituciones.
No estoy de acuerdo. Primero, porque nos hace quedar muy mal ante el mundo que un funcionario cubano diga que va a censurar una película sin haberla visto, porque alguien se la haya contado, y segundo, porque es una película donde se hace un retrato de la figura del Che a dos manos entre Benicio (del Toro) y Soderbergh, con mucho respeto y mucha seriedad.
Recientemente se dio a conocer la noticia de que usted organizó una subasta de arte con el fin de recaudar dinero para los damnificados en Gibara tras el paso del huracán Ike. ¿Cómo los necesitados podrán acceder a ese dinero? ¿Van a dárselo a la gente de a pie, del pueblo?
Sí, claro. Yo conocí Gibara con Humberto Solás, rodando Miel para Oshún, que filmamos unas escenas allí. A partir de ahí, Humberto tuvo el sueño de crear ese festival de cine en Gibara, que ya lleva seis años. Recientemente, hemos tenido una gran pérdida, la cultura cubana y la cultura iberoamericana y universal: falleció Solás, uno de los grandes maestros del cine cubano.
Cuando pasa el segundo huracán por Cuba, el Ike, entra justo por esa parte de Oriente, arrasa prácticamente todos los pueblos que están alrededor de Gibara, acaba con gran parte de Gibara. A un grupo de amigos y a mí se nos ocurrió hacer algo por ese pueblo que durante seis años había acogido a los cineastas, los pintores, los cantautores, los músicos, los que habíamos estado yendo al festival invitados por Humberto, como esa gente había sido de cariñosa, era un festival muy de pueblo, muy popular, muy bonito.
Entonces se nos ocurrió esta idea de lanzar una convocatoria a los artistas cubanos que viven dentro y fuera de la Isla, y artistas de cualquier parte del mundo, que quisieran donar una obra, para con la venta de estos cuadros hacer un fondo y, a través de la Oficina de Cine Pobre, hacerlo llegar a Gibara.
Vamos a hacerle un seguimiento a todo este dinero. Porque yo también me dedico a la pintura y al mundo del arte, estoy haciendo un proyecto que se llama "Arte por arte", el cual consiste en realizar un catálogo con todos los artistas que participen en este proyecto y hacer un seguimiento de cómo el arte puede contribuir en los momentos en que las sociedades de los países pasan por crisis o tienen problemas, ya sean sociales, políticos o meteorológicos, naturales como en este caso.
Nosotros vamos a llevar ese dinero que podamos recaudar y hacer un seguimiento. Lo que queremos es ayudar a la restauración de Gibara, sobre todo para poder darle continuidad al Festival de Cine Pobre de Humberto Solás. Uno, de pronto, se siente que está haciendo algo por la gente.
¿Ha estado allí después que pasó el huracán?
Sí, hemos estado allí. Después que pasó el huracán, el cineasta Arturo Soto estrenó en el cine Chaplin Bretón es un bebé, un maravilloso documental donde hay un viaje surrealista por toda la isla y, en el estreno, Arturo hizo un llamamiento a toda la gente que estaba en el cine: que nos trajeran ropa, donaciones, cosas que no usaban.
Hicimos una oficina en el ICAIC, recogimos un camión de donaciones de la gente y llamamos a los amigos artistas, y fuimos a Gibara, entregamos esa ayuda a la gente, y también fuimos a decirle que nosotros, por todo el cariño que habíamos recibido durante todos estos años de festival, íbamos a hacer todo lo posible por ayudar a la recuperación de Gibara y darle continuidad a la obra de Humberto, como era su Festival de Cine Pobre.
En una entrevista publicada en El País usted afirmó que Cuba necesita "cambios profundos" que "saquen al país del inmovilismo económico y estimulen a la gente". ¿Cree que en este momento existe alguna esperanza de cambio en Cuba, en cuanto a libertades, lo mismo sociales que económicas?
La esperanza es lo último que se pierde, y el pueblo cubano es muy optimista y tiene mucha esperanza de llevar adelante esos cambios. Hay mucha conciencia en el pueblo de la necesidad de cambios profundos económicos. Por primera vez aparece un discurso oficial a través de Raúl, donde se dice que hay que acabar con todas las restricciones que impiden de manera absurda la evolución y el progreso de la sociedad cubana y de la familia cubana.
Creo que hay por todos lados voluntades que conducen al mismo lugar. Ustedes recientemente le realizaron una entrevista a Eliécer Ávila, que me pareció un muchacho superinteligente. Vi la voz de una generación nueva, muy coherente en lo que dice. Yo creo y pienso como él, que todos los cambios que todos sabemos tienen que ocurrir a partir de lo ya hecho y creo que esa es la esperanza del pueblo. El pueblo no quiere hacer ningún tipo de ruptura, ningún tipo de negación, lo que quiere es una evolución, un desarrollo a partir de lo que ya está hecho, pero lo necesita para salir de este período de crisis y de sacrificio.
¿Considera que con esa "evolución" terminaría el sacrificio de todo este tiempo?
Pienso que el sacrificio no ha sido en vano. Si alguna certeza tenemos es que el sacrificio ha dado resultados, no en lo que somos, sino en lo que representamos para los demás pueblos, algo casi mesiánico como concepto. Pero creo que es hora también de que se empiece a pensar en el bienestar de la familia cubana, de la sociedad cubana, en el progreso. Para eso tienen que pasar muchas cosas, tiene que cambiar la política hacia Cuba, sobre todo de Estados Unidos. Pero creo que el pueblo cubano está preparado para asumir esos cambios que, además, están anunciados por el propio gobierno.
Antes que Raúl Castro fuera ratificado presidente, usted hizo algunos reclamos en el sector de la cultura, como "una mayor proyección del cine cubano, el aumento de la calidad de la programación de la televisión, la búsqueda de un mejor teatro". ¿Ve viable el cumplimiento de estas reclamaciones ahora mismo, o es algo para un futuro lejano?
La cultura es de los sectores dentro de la sociedad cubana que más posibilidades tiene y que más está haciendo en este momento. Creo que, tanto con la música como con el propio cine, a pesar de los problemas o los obstáculos que podamos tener, hay una dinámica en la cultura cubana que es vanguardia dentro de la propia sociedad y sigue siendo la vanguardia en relación a otros sectores.
Lo único que hay es que afianzar esos valores y pensar que todos estamos trabajando por un bien común, hacer consciente eso, y ganar espacio desde cualquiera de las manifestaciones de la propia cultura, tanto dentro de Cuba, como en la proyección de ese trabajo de los artistas.
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El cuerno de la abundancia
miércoles, 15 de octubre de 2008
Tabío estrena un "Bienvenido Mr. Marshall" a la cubana
www.publico.es
El cineasta cubano Juan Carlos Tabío, codirector de "Fresa y Chocolate", vuelve a reunir a los protagonistas de aquel filme en "El cuerno de la abundancia", una suerte de "¡Bienvenido Mr. Marshall!" a la cubana con el que hace un retrato coral y cómico de la Cuba actual.
"La España de la época pre Marshall tiene muchos puntos de contacto con la Cuba de hoy", explicó hoy Juan Carlos Tabío en la presentación en Madrid de su nueva película, un filme en el que "hay un homenaje y un guiño directo" a la película de Luis García Berlanga y en la que vuelven a reunirse, dentro de un extenso reparto, los actores Jorge Perugorría, Vladimir Cruz y Mirtha Ibarra.
De izq. a dcha., el actor Vladimir Cruz, la productora Mariela Besuievsky, los actores Jorge Perugorría y Mirtha Ibarra, el director cubano Juan Carlos Tabío y la actriz Yoima Valdés, durante la presentación hoy en Madrid de la película "El cuerno de la abundancia, una historia de la realidad contemporánea de Cuba. - EFE
En "El cuerno de la abundancia", Juan Carlos Tabío relata los estragos que provoca en Yaragüey, un pequeño pueblo cubano, la noticia de que todos los que se apelliden Castiñeiras podrán repartirse una herencia que unas monjas depositaron en un banco de Inglaterra en el siglo XVIII y que, con los intereses acumulados, se ha convertido en la jugosa cifra de 123.000 millones de dólares.
La película surge, según contó el director, de "hechos reales o supuestamente reales" ya que la posibilidad de este tipo de herencias ha estado "volando" en Cuba desde los años 40. "La realidad y la ficción son mundos paralelos", apuntó el cineasta.
A él le sirve ahora para hacer un retrato de las necesidades del día a día de los cubanos, en una historia en la que relata las miserias y sueños de estos aspirantes a herederos y su necesidad de aferrarse a un milagro que solucione sus problemas cotidianos.
"El arte es polisémico, no hay un discurso en una sola dirección", explicó el director mientras señaló que, aunque en el filme hay "referencias directas a la Cuba de hoy", Yaragüey, un nombre imaginario "como Macondo", es "un universo dentro de un pueblo pequeño" y, por tanto, su realidad extrapolable a cualquier lugar.
Porque, en su opinión "la vida espiritual está asentada en cosas muy reales" y "no se puede lograr la felicidad espiritual cuando a uno se le está cayendo la casa o no tiene un plato de arroz y fríjoles para comer".
Una idea que apuntaló el actor Vladimir Cruz al señalar que en su país "tantos años de crisis económica severa han influido en los valores de la gente" y que comparte Jorge Perrugorría quien señaló que la película es "una metáfora de la realidad" y muestra "un abanico de los sueños de la gente común".
Quince años después de codirigir con el fallecido Tomás Gutiérrez Alea "Fresa y chocolate", película que cosechó premios como el Oso de Plata del Festival de Berlín, el premio Goya español a la Mejor Película Extranjera de habla hispana 1995 o una candidatura al Oscar a la Mejor Película Extranjera, Tabío ha vuelto a reunir a los tres protagonistas de aquel filme que, según recordó hoy, abrió en cierto modo las puertas a la distribución internacional del cine cubano.
"El cuerno de la abundancia", una coproducción en la que participan diversas instituciones españolas, se estrenará el próximo día 24 en España y luego lo hará en otros catorce países, incluida Cuba.
El cineasta cubano Juan Carlos Tabío, codirector de "Fresa y Chocolate", vuelve a reunir a los protagonistas de aquel filme en "El cuerno de la abundancia", una suerte de "¡Bienvenido Mr. Marshall!" a la cubana con el que hace un retrato coral y cómico de la Cuba actual.
"La España de la época pre Marshall tiene muchos puntos de contacto con la Cuba de hoy", explicó hoy Juan Carlos Tabío en la presentación en Madrid de su nueva película, un filme en el que "hay un homenaje y un guiño directo" a la película de Luis García Berlanga y en la que vuelven a reunirse, dentro de un extenso reparto, los actores Jorge Perugorría, Vladimir Cruz y Mirtha Ibarra.
De izq. a dcha., el actor Vladimir Cruz, la productora Mariela Besuievsky, los actores Jorge Perugorría y Mirtha Ibarra, el director cubano Juan Carlos Tabío y la actriz Yoima Valdés, durante la presentación hoy en Madrid de la película "El cuerno de la abundancia, una historia de la realidad contemporánea de Cuba. - EFE
En "El cuerno de la abundancia", Juan Carlos Tabío relata los estragos que provoca en Yaragüey, un pequeño pueblo cubano, la noticia de que todos los que se apelliden Castiñeiras podrán repartirse una herencia que unas monjas depositaron en un banco de Inglaterra en el siglo XVIII y que, con los intereses acumulados, se ha convertido en la jugosa cifra de 123.000 millones de dólares.
La película surge, según contó el director, de "hechos reales o supuestamente reales" ya que la posibilidad de este tipo de herencias ha estado "volando" en Cuba desde los años 40. "La realidad y la ficción son mundos paralelos", apuntó el cineasta.
A él le sirve ahora para hacer un retrato de las necesidades del día a día de los cubanos, en una historia en la que relata las miserias y sueños de estos aspirantes a herederos y su necesidad de aferrarse a un milagro que solucione sus problemas cotidianos.
"El arte es polisémico, no hay un discurso en una sola dirección", explicó el director mientras señaló que, aunque en el filme hay "referencias directas a la Cuba de hoy", Yaragüey, un nombre imaginario "como Macondo", es "un universo dentro de un pueblo pequeño" y, por tanto, su realidad extrapolable a cualquier lugar.
Porque, en su opinión "la vida espiritual está asentada en cosas muy reales" y "no se puede lograr la felicidad espiritual cuando a uno se le está cayendo la casa o no tiene un plato de arroz y fríjoles para comer".
Una idea que apuntaló el actor Vladimir Cruz al señalar que en su país "tantos años de crisis económica severa han influido en los valores de la gente" y que comparte Jorge Perrugorría quien señaló que la película es "una metáfora de la realidad" y muestra "un abanico de los sueños de la gente común".
Quince años después de codirigir con el fallecido Tomás Gutiérrez Alea "Fresa y chocolate", película que cosechó premios como el Oso de Plata del Festival de Berlín, el premio Goya español a la Mejor Película Extranjera de habla hispana 1995 o una candidatura al Oscar a la Mejor Película Extranjera, Tabío ha vuelto a reunir a los tres protagonistas de aquel filme que, según recordó hoy, abrió en cierto modo las puertas a la distribución internacional del cine cubano.
"El cuerno de la abundancia", una coproducción en la que participan diversas instituciones españolas, se estrenará el próximo día 24 en España y luego lo hará en otros catorce países, incluida Cuba.
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