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viernes, 6 de marzo de 2015

La pared de las palabras: una película entre la luz y el dolor

Encuentro con el director Fernando Pérez y los actores Isabel Santos y Jorge Perugorría

Fernando Pérez es uno de los directores más respetados del cine cubano contemporáneo. Su más reciente película La pared de las palabras se estrena ahora nacionalmente. Antes solo se había proyectado en el Festival de Cine de La Habana en diciembre pasado.

Autor de cintas emblemáticas como Clandestinos, Hello Hemingway, Madagascar, José Martí: el ojo del canario, o Suite Habana, Fernando Pérez convocó a un pequeño grupo de periodista a un encuentro en el Centro Cultural Cinematográfico Fresa y Chocolate.

¿Si se le pidiera una breve síntesis? “La película es un drama familiar, como deviene disfuncional, pero también establece una asociación con su contexto, con la realidad”.

¿Cómo surgió el guión? “En mi caso, cada película surge de manera distinta. Esta vez porque Jorge Perugorría me llama y me dice que tiene una vecina, Zuzel Monné, quien había escrito un cuento y lo había convertido en guión. Él me propone dirigir la película si le permitía interpretar al personaje protagónico. Leí el guión, me interesó el tema —el cual nunca pensé tratar porque tenía mucho que ver conmigo y con experiencias personales— y ese fue el impulso. Trabajé entonces el guión final con Zuzel”.

Jorge Perugorría, quien da vida a Luis, el protagonista, y es uno de los productores, acotó que la historia está inspirada en un personaje real, un familiar de la co-guionista. “Así—respondió a la pregunta para esta pagina sobre su método actoral—fui construyendo mi personaje. Fue difícil, un reto. Yo soñaba con trabajar con Fernando y lo logré con un personaje complejo que él hizo más difícil. Ser dirigido por Fernando es una experiencia religiosa, por el rigor”.

Confesó Perugorría que fue todo un desafío, asumido por la total confianza que tiene en el director, lo cual le permitió quedar totalmente expuesto como actor. “La incomunicación es algo terrible. En el rodaje me pasaba con esa angustia.

Uno siente un personaje que va a caminar por el filo de la navaja. Busqué mucha información y luego ya tenía opciones en la cabeza sobre como caminar, mover las manos, todo ese manierismo y Fernando tiene gran talento para dirigir actores, tiene el sentido de ver donde está la verdad”.

Por la enfermedad su personaje tiene un deterioro físico acelerado y debió someterse a una dieta rigurosa. De principio a fin en el filme la coherencia de Perugorría en gestos y reacciones es perfecta.

Isabel Santos encarna a Elena, la madre del protagonista. Comenzó diciendo que ningún personaje se trabaja igual. “Antes de leer este guión le dije que si a Fernando y le pedí que me contara la película, necesitaba escuchar su historia.

Luego leí el guión de un tirón y me conmovió. La familia cubana ha pasado por todo. Esta situación es de la puerta para dentro. Para mi era un reto la edad, ser la madre de Pichi, pero tengo mucha confianza en Fernando. Lo construí a partir del mundo interior y exterior sin maquillaje, poco vestuario, una manera de caminar. El papel del acompañante es muy difícil. Ella ya no llora porque ha agotado el llanto. En este personaje tengo miedo del silencio de esa mujer. Sufrimos mucho en el rodaje en la Quinta Canaria, allí están los olvidados, los que muchos no quieren ver, pero es algo que hay que decir”.

Contó Isabel que el director le impuso un nuevo reto: sumergirse en las profundidades marinas, como años atrás la hizo sobrevolar la ciudad en un globo en La vida es silbar. “Tuve que aprender a bucear y las señas bajo el agua, pero lo mismo hizo él. Cuando lo vi. bajo el agua supe otra vez que es un director que te acompaña en todo y a ese director le dices si a todo”.

La familia disfuncional se completa con Verónica Lynn, la abuela, y Carlos Enrique Almirante, el hermano de Luis. “Cada uno tiene sus razones. Es complicado enfrentar una realidad así, y cada uno defiende su verdad”, apuntó el realizador.

Otro personaje es el de Laura de la Uz quien da vida a Orquídea. “Lo hizo a partir de referencias y visitas a distintos sanatorios y clínicas para estudiar el comportamiento de casos esquizofrénicos. Es el otro extremo, Luis no se expresa y Orquidea no cesa de hablar, aunque disociada”.

No quiero dejar de mencionar —dijo Fernando— los doce actores que interpretan a los pacientes: Por primera vez para mi no les entregué un guión. Ellos estuvieron investigando en la Quinta Canaria y fueron improvisando alrededor de los protagónicos. Está además la colaboración de Maritza Ortega, un síndrome down, a quien encontramos en la institución de La Castellana”.

¿La banda sonora? “La trabajé con Edesio Alejandro. No utilizamos música incidental que subraye la acción dramática, mas bien son sonoridades. Es una banda sonora que concebimos seca, desprovista de asideros sentimentales”.

¿Es La pared…una película sobre la incomunicación? “Pienso que tiene varios temas: el de la discapacidad, el dolor, los límites del sacrificio, el cómo una familia puede devenir disfuncional cuando uno de sus miembros es un discapacitado y cómo en el centro de todo eso está el conflicto de la comunicación humana. No quería hacer una película esperanzadora porque el dolor está ahí, pero está la siembra de una semilla por Luis, y también el cuadro del mar de noche que el personaje de Carlos Enrique Almirante lleva a la institución. Para mi es el balance de una película que se abre a la luz y al dolor. Detrás de cada personaje que sufre busco un equilibrio entre luz y sombra”.

El filme, de una hora y cuarenta y cinco minutos de metraje, fue rodado en locaciones de Santa Fé y en la Quinta Canaria. Tiene una exposición lineal y se aprecian los primeros y primerísimos planos que caracterizan al director.

El equipo de realización lo integran en el Guión Fernando Pérez, y Zuzel Monné; Producción General Jorge Perugorría, Camilo Vives; Fotografía: Raúl Pérez Ureta; Edición: Julia Yip; Sonido, Edesio Alejandro, Fernando Pérez y Dirección artística: Erick Grass

¿Expectativas? “Ahora es el verdadero estreno, no es un festival, empieza su camino ante el público. Cada película es única en sí misma y ésta por su carga de contenido requiere un estado de ánimo especial del espectador”.

Fundamental en La pared de las palabras del Premio Nacional de Cine 2007 Fernando Pérez es la sensibilidad al afrontar el tema de la incomunicación. Es una película que levanta emociones, crea una atmósfera.

Además del estreno nacional, el filme recorrerá otros festivales como el de Cine Global Dominicano y el Havana Film Festival de Nueva York.

Fuente:

lunes, 2 de marzo de 2015

La pared con la palabra independiente

Un viejo refrán dice que las paredes tienen oídos, sin embargo, las del realizador cubano Fernando Pérez, tienen mensajes escritos. Del director de Clandestinos (1988), Madagascar (1994), La vida es silbar (1998), Suite Habana (2003) y José Martí: el ojo del canario (2010), entre otras, nos llega a los cines de La Habana: La Pared de las Palabras.

Este largometraje fue presentado durante el pasado Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, con una gran acogida por parte del público y la crítica de manera general.
La historia nos cuenta la vida de Luis, un muchacho que desde su infancia padece una distonía y le resulta imposible comunicarse a través de las palabras o el lenguaje corporal. Con un elenco integrado por Jorge Perrugoría, Isabel Santos, Laura de la Uz y Verónica Lynn entre otros, esta película nos propone una reflexión sobre lo difícil que es el fenómeno de la comunicación humana, el dolor y el sacrificio.

Fernando ¿qué tiene de nuevo esta película, además de la historia que nos propone?

La pared de las palabras es una película que realicé de manera independiente, es mi primera experiencia en ese sentido y era algo que quería hacer desde hace mucho tiempo. Me gusta trabajar con los jóvenes y no es que hacer este tipo de producción sea exclusivo de la juventud, pero si tiene que ver mucho con ellos.

Yo acabo de cumplir 70 años y quise lanzarme a este río para probar también en la práctica lo que uno defiende en la teoría y ha sido, en ese sentido, una experiencia muy enriquecedora.

La trama de la película es un poco atípica, ¿cómo llega esta historia a usted?

Es un filme que considero muy personal, como todas las película que he hecho, pero esta particularmente requiere del espectador un estado de ánimo particular para verla. No porque sea muy complicada desde el punto de vista de su lenguaje, la considero clásica por su narrativa, pero sí por lo que muestra hay que estar un poco preparado y decidir que uno quiere ver una película así.
Gran parte de la misma ocurre en una institución psiquiátrica, hay pacientes discapacitados y esa es una realidad que a veces no resulta agradable de ver. 


¿Por qué decide dar el paso a la producción independiente?

La vida me lo dio así, era el momento de lanzarme a hacer una película independiente y el tema que tenía era ese. La historia llegó porque Jorge Perugorría, el actor protagonista, me llamó y a él le debo la película.
Perugorría me presentó el guión de Zuzel Monné y yo lo leí, me interesó mucho el tema y después trabajé con ella una versión conjunta y ahí decidimos entre Jorge, Camilo Vives y yo, hacer una película independiente. Era el momento que yo sentía que debía hacerla y creo que el tema lo permitía, porque es una película contemporánea y no requiere inversiones en vestuario de época, en escenografías, que hubiesen complicado el proceso de hacerla de esa manera.

¿Cuáles son las ventajas de hacer películas independientes?

Yo creo que eso da para un tema largo, nosotros los cineastas nos estamos reuniendo periódicamente en el Centro Fresa y Chocolate para discutir y plantear nuestros puntos de vista sobre las perspectivas del audiovisual cubano, y por supuesto, la necesidad de reconocer ya definitivamente la importancia y la presencia del cine independiente en Cuba.

Pero de ninguna manera esto quiere decir que se niegue la producción de la industria, solo que son dos maneras de producir que enriquece la filmografía del país, porque se diversifica y la diversidad siempre enriquece.

Y ¿cómo le fue a usted en este modo de producción?

La experiencia particular de filmar de manera independiente fue muy positiva, porque fue muy fluida. Primero fuimos un equipo muy reducido compuesto por casi la mitad de profesionales jubilados, pero con mucho entusiasmo y de jóvenes emprendedores, con mucho entusiasmo también, y lo que predominaba era la necesidad de resolver y la flexibilidad.

Con el cine independiente empieza uno a saltarse procesos institucionales que a veces complican y retardan las dinámicas de producción.

Pero bueno, nuestra aspiración es que el audiovisual cubano logre reafirmarse en la producción independiente, en la existencia de un instituto de cine más flexible y dinámico, y que exista una ley de cine que regule, no que controle la producción independiente.

Fuente: Emisora Habana Radio 2 de marzo de 2015 | Alejandro Rojas | Fotos Alexis Rodríguez 

viernes, 23 de enero de 2015

Una Pared para defender el cambio

Escrito por María Antonieta Colunga Olivera/Blog Nube de Alivio


Pasa un minuto, dos, tres. Nadie se levanta de su asiento. El público está, literalmente, viendo también los créditos, como si no quisiera aún marcharse de frente a La Pared... 


Mientras los créditos del filme trepan la pantalla, la voz de Luisi– por primera vez escuchada luego de hora y media de trama– se alza en off para susurrar las palabras-anzuelo prendidas a la vida de seres como él. “Prohibieron, marginaron, negaron, rechazaron, callaron, encerraron, olvidaron…” se escucha en la oscuridad de la sala, y la gente aplaude primero y calla luego, en un silencio plomizo que dice muchas cosas.

Pasa un minuto, dos, tres. Aunque es tarde y probablemente no haya transporte para regresar a casa, nadie se levanta de su asiento. El público está, literalmente, viendo también los créditos, como si no quisiera aún marcharse de frente a La Pared…. O como si no tuviera fuerzas.

Fernando lo comentará al otro día, profundamente conmovido: “jamás me había sucedido eso con ninguna película mía, en ningún otro lugar; que todo el mundo se mantuviese sentado hasta el último letrero en pantalla, con tanto respeto. Le agradezco mucho a Camagüey ese gesto que me hizo tan feliz.”

Nosotros también le agradecemos mucho a él: el haber venido a pesar de las tantas horas de retraso del vuelo, el haber abandonado día y medio los compromisos hondos de su hogar por traernos la primicia de su película, el presentarla acá personalmente y decir: “Este es el estreno oficial de La Pared de las Palabras, aquí, esta noche, en el cine Casablanca”.

En su tiempo breve de estancia, la ciudad y su pueblo no le dieron descanso. De los diálogos múltiples entablados en Nuevo Mundo y el Callejón de los Milagros, y de alguna pregunta pellizcada al intermedio de su jueves en Camagüey, les comparto hoy algunas respuestas.

¿Qué llevó a Fernando a contar esta historia?

Yo en verdad nunca pensé hacer una película sobre este tema. Desde hace unos 16 años tengo una de mis hijas aquejada de problemas psiquiátricos y eso me ha enfrentado a vivencias que realmente no tenía intención de compartir, más que nada porque no me sentía capacitado para hacerlo. Pero un día llega Pichi (Jorge Perugorría) y me enseña un trabajo que había hecho una muchacha vecina suya (Zuzel Monné) y me dice “Fernando, esta película me suena a ti, si tú quieres hacerla yo te tengo un productor. Solo te pido que me dejes actuar el protagónico”. Leí el guión, que incluso no me gustó mucho en esa primera versión, pero sentí que la historia tenía una fuerza interior muy grande, algo que me sacudía. Entonces acudí a la escritora y le pedí licencia para personalizar el texto, y así fue que me metí como diez meses con él, rumiándolo, para luego lanzarme definitivamente a materializar el proyecto.

No hice esta película por mi experiencia personal, sino por intentar que los espectadores descubrieran ese mundo que este drama aborda, desde otra perspectiva. Con La Pared… quise ayudar a modificar la relación de la gente con esos otros seres tan incomprendidos; que entendieran que el suyo es un mundo con un orden distinto, frente al cual es uno quien tiene que modificar su postura.

Como director, ¿cuál fue su mayor apuesta en este filme?

La autenticidad. Desde un inicio sabía que esa era la búsqueda de la película, porque solo resultándole verídica al espectador, podía conmover hacia los destinos que yo esperaba.

Por eso fue tan importante el trabajo con los actores (Isabel Santos, Jorge Perugorría, Laurita de la Uz…), que considero la línea principal de La Pared…

… y por eso nos fuimos a filmar a una institución psiquiátrica de verdad, lo cual fue una dificultad desde el punto de vista organizativo y de producción (porque podíamos rodar cada día muy poco y en momentos específicos, para no interrumpir las dinámicas del hospital), pero supuso un enriquecimiento para el trabajo actoral, para sensibilizarlos a ellos y a todo el equipo respecto al mundo en que tratábamos de adentrarnos.

Y también por eso encuentras en el reparto a una actriz no profesional como Maritza, que es el único personaje no caracterizado, una muchacha síndrome de Down con una sensibilidad profunda que logró dotar al filme de una carga enorme de realidad. Recuerdo el día en que filmamos la escena en que ella besa a Pichi; cuando digo “corten” y me le acerco, la noto nerviosa y le digo, “bueno, Maritza, tranquilita, ya la escena quedó, cómo te sientes”; y ella me respondió: “es que es mi primera vez”. Era la primera vez que ella besaba a un hombre en los labios.

Siento que gran parte del éxito que pueda tener el filme se lo deberé siempre a la implicación física, emocional, psicológica tan grande de los actores con los que trabajé.

Luego de grandes atrevimientos como el de comenzar tu carrera con una historia de marcado corte político (Clandestinos), hacer una película desprovista de todo diálogo (Suite Habana) o encerrar en un filme la niñez del héroe nacional de este país (Martí, el ojo del canario); aún pareces dispuesto a correr riesgos. ¿Cuál fue el mayor que enfrentaste en esta nueva entrega?

El riesgo mayor en La Pared de las Palabras es que deliberadamente tratamos de marcar sus temas fundamentales (la locura, el dolor y los límites del sacrificio) sin ningún tipo de maquillaje, sin elementos expresivos que suavizaran esa realidad, de por sí, tan cruda.

La película es en extremo sobria y está totalmente desprovista de asideros que ayuden a liberar estéticamente su gran carga emotiva. Si te fijas, por ejemplo, no hay nada de música a lo largo de todo el filme. No queríamos que la gente canalizara sus emociones a través de los recursos, sino que se hundiera de fondo con la historia, hasta su fin.

Y es probable, yo lo entendería perfectamente, que un porciento alto de los espectadores no esté dispuesto a conectar con el filme a ese nivel que nosotros proponemos, porque es muy duro. Creo, y lo he repetido en múltiples ocasiones, que es una película que hay que tomar la decisión de ver, porque no es nada fácil de consumir.

Puede ser que las personas salgan de las proyecciones sobrecogidas o tensas, o que no les agrade lo que han visto, porque la realidad que se muestra no es linda y para colmo, está totalmente desprovista, desnuda. Es un riesgo que corrimos con La Pared… deliberadamente.

Sin embargo, mira que cosa tan curiosa, muchos suelen reírse en las escenas más dramáticas, sobre todo con el personaje de Laurita (quizá un poco porque su patología va asociada a realidades socio-políticas de nuestro país). Eso, aunque pueda parecer irrespetuoso, nos parece un logro grande. La risa suele ser un mecanismo de defensa cuando nos enfrentamos a cosas desconocidas o que escapan de nuestro control; entonces, si el público ríe en esas escenas, intuimos que es porque está viendo algo auténtico y reacciona tal cual.

La Pared es tu primer largometraje producido de manera independiente… ¿por qué, a estas alturas de la vida y con los favores ganados de la industria, apostaste por hacer cine de esta forma?

A los setenta años me he lanzado al río turbulento que es este fenómeno del cine independiente en Cuba porque creo firmemente que la parte más dinámica del audiovisual cubano se está haciendo hoy día de esa manera.

Esta nueva modalidad de producción (que es apenas eso, una nueva forma, no una negación ni oposición a la industria ya establecida), te permite no tener que esperar por nadie, desentenderte de papeles y de los lentos cauces de la burocracia fílmica, que se han convertido en una impedimenta a la creación en el ICAIC. Quitarte de encima esas camisas de fuerza retardadoras de los procesos es un gran alivio. Tú puedes evadir trabas y manejar tu producción sin que haya centralismos.

Este es un camino que han tomado sobre todo los jóvenes, porque es a ellos precisamente a quienes compete esa audacia. Pero yo, a pesar de mi edad y de que sigo sintiendo al ICAIC como mi casa, tuve a bien vivir la experiencia por aquello de mantenerme siempre en el camino de las búsquedas. Y te digo que me fue muy bien.

Creo sinceramente que debemos aspirar a que un fenómeno tan dinámico y que da respuestas a inquietudes creativas insatisfechas hoy por la industria fílmica, sea comprendido y reconocido legalmente en nuestro país.

Precisamente en esa lucha andan hace un tiempo ya un grupo de cineastas dentro de los que te encuentras. ¿Qué nos puedes contar del G20 y de los rumbos por los que anda la Ley de Cine en Cuba?
Mira, la cuestión es que el cine independiente se encuentra en un limbo, en total alegalidad. Existe y está allí, tan inevitable y real como un hongo florecido después de la lluvia; pero no tiene el reconocimiento que le podría dar personalidad jurídica. La relación del Estado con este tipo de producción siento que ha sido medio esquizofrénica, de negación en primera instancia; pero por suerte poco a poco ha ido abriéndose el entendimiento de las instancias que pudieran dar su aprobación definitiva.

El caso del llamado Grupo de los 20 o G20 se originó el 4 de mayo de 2013, cuando algunos cineastas decidimos espontáneamente congregarnos en el centro cultural Fresa y Chocolate, al correr rumores de que se había estructurado una comisión para dictaminar una Ley de Cine en Cuba. Sentimos que había que contar con nosotros para ese proceso y así hemos hecho, periódicamente, nos hemos reunido allí desde entonces para discutir entre todos los interesados, propuestas que enriquezcan esa ley en construcción.

Entendemos mejor que nadie la necesidad de regular, nunca controlar (que es muy distinto), la producción audiovisual nacional; y creemos que esa regulación debe contribuir a descentralizar no solo la producción, sino también la distribución y conservación de los productos. Hay muchos materiales nacionales, por ejemplo, que no se exhiben y no llegan a determinadas pantallas por una política editorial que no está clara, que pende de interpretaciones personales, circunstanciales.

Con los debates en el Fresa y Chocolate se ha logrado un diálogo productivo entre los creadores, el ICAIC y el Ministerio de Cultura; pero no es menos cierto que han transcurrido dos años y todavía no hay respuesta concreta. Se ha llegado a un documento con comunes acuerdos, pero nada todavía ha sido aprobado.

Viéndolo más ampliamente, pienso que esto debe ocurrir no solo para el cine y el audiovisual cubano, sino para toda nuestra sociedad. El hecho de que nuestro país esté estructurado como una pirámide centralizada ha hecho que en muchos aspectos la realidad que vivimos tenga esos mismos procesos retardadores, insolubles, burocratizados y poco dinámicos de que te hablé. Cuando haya mayor libertad de movimiento y espacio en todas las esferas para la iniciativa personal, veremos más desarrollo.


Fuente: www.adelante.cu

viernes, 16 de enero de 2015

Fernando Pérez: he vivido experiencias únicas en Camagüey

Camagüey, 15 ene (AIN) Para Fernando Pérez, la experiencia de estrenar su más reciente filme, La pared de las palabras, en esta ciudad, resultó muy gratificante e incluso única, por las reacciones del público durante la exhibición y los intercambios sostenidos en diferentes momentos del día de hoy.
Pudiera parecer algo sin importancia, pero nunca me había sucedido que los espectadores se mantuvieran sin moverse en la sala hasta que concluyera de pasar el último crédito, como ocurrió la noche de este miércoles en el multicine Casablanca, relató durante un conversatorio en el paseo dedicado al séptimo arte.

Ante un auditorio ávido de conocer detalles no solo de la cinta, sino también de otros momentos de la trayectoria del destacado cineasta cubano, este comentó que ese detalle lo emocionó tanto como los aplausos recibidos, pues es gratificante el respeto hacia todo el equipo que trabajó en la película.
Los asistentes se interesaron por conocer los pormenores del trabajo actoral, uno de los elementos de más peso del filme, pues los intérpretes asumen los duros roles de representar personas con discapacidades mentales, en situaciones muy complejas propias de esas enfermedades.

Fue un proceso de construcción muy duro tanto desde el punto de vista sicológico como físico, que incluyó la visita a instituciones para la atención a esos pacientes, y algunos de los actores y actrices nunca habían estado en una de ellas, comentó.

Añadió Fernando Pérez que la apropiación fue muy rica y con mucha espontaneidad, lo cual permitió una ilusión de realidad muy orgánica, pues a pesar de lo difícil de esa historia sobre el drama de la incomunicación, el dolor y el sacrificio, se eliminó esa barrera que supone el estar frente a una cámara.

Al respecto elogió sobre todo el trabajo de Maritza Ortega, paciente con Síndrome de Down en la interpretación de la joven que establece una especial relación de amor y noviazgo con el protagonista (Jorge Perugorría), cuya enfermedad le impide comunicarse mediante gestos o palabras.
Durante la mañana, el director intercambió además con estudiantes de la filial de la Universidad de las Artes en la provincia de Camagüey, con los cuales compartió otras experiencias más desde el punto de vista técnico sobre los procesos de creación.

Fuente: 15 Enero 2015 20:56 | Lianet Leandro López| Foto: Rodolfo Blanco Cué/AIN

sábado, 13 de diciembre de 2014

Tras La pared…: ¡palabras!

Jaisy Izquierdo
Fernando Pérez, conversa con nuestro diario acerca de su más reciente película, La pared de las palabras, estrenada durante el 36 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano
Desde el día en que vi a Jorge Perugorría entrar a una conferencia de prensa con la cabeza rapada y notablemente adelgazado, el bichito de la curiosidad me mordió ineludiblemente. Estaba filmando, explicó entonces, la nueva película de Fernando Pérez.

Por eso, cuando supe que finalmente La pared de las palabras se estrenaría en esta 36 edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, hasta Alemania llegaron mis palabras, apretadas en un cuestionario que, por suerte, y sobre todo gracias a la amabilidad de Fernando, no chocó «contra la pared».

El autor de emblemáticas películas del cine cubano como Clandestinos, La vida es silbar y Madagascar, y premio Nacional de Cine 2007, quien pocos detalles había adelantado a los medios durante la producción de la cinta, nos revela ahora, vía correo electrónico, algunos pormenores.

Esta obra, que compite por el Coral al mejor largometraje de ficción con una historia sobrecogedora, nos acerca a Luis (Jorge Perugorría), quien padece una enfermedad neurológica que perjudica su comunicación y movilidad, y que afecta también de diversas maneras a su madre (Isabel Santos), hermano (Carlos Enrique Almirante) y abuela (Verónica Lynn).




¿Cuál es «la pared de las palabras», es solo la del silencio impuesto por una limitación física?

La pared de las palabras intenta ser una reflexión sobre el dolor y los límites del sacrificio. La familia del protagonista es disfuncional porque con frecuencia las palabras no logran expresar lo que los sentimientos y las emociones determinan.

¿Qué hacer cuando nos enfrentamos a ese «muro», a ese dilema que es la incomunicación humana? ¿Qué propone su película al respecto?
La película no se propone una sola respuesta al respecto. Quizá haya tantas como espectadores existan porque, al igual que los personajes del filme, no vemos las cosas como son sino como somos.

La de Francisquito, el niño Down de Suite Habana y su padre es también una historia sobre la discapacidad y el amor como medio para saltar barreras físicas, sociales, económicas… ¿Fue este un referente a tener en cuenta a la hora de hacer La pared…?
Sí. Francisquito es hoy un joven trabajador en un mercado agropecuario y de hecho hubiera podido participar en esta película como actor. Pero en esta ocasión necesitaba que el personaje fuera femenino y por eso está Maritza Ortega, quien padece la misma afección y es, también por naturaleza, una actriz.

«Lo que más me interesa de tu pregunta es la afirmación de que “la discapacidad y el amor” pueden ser un “medio para saltar barreras físicas, sociales, económicas” porque la película trata de expresar con imágenes esa idea».

Una película con una carga dramática tan fuerte depende, en gran medida, de la interpretación. ¿Cómo fue el trabajo con los actores, especialmente Isabel Santos y Jorge Perugorría, un actor con el que no había trabajado antes?
Le debo esta película a Jorge Perugorría. Fue él quien me llamó para ofrecerme la historia escrita originalmente por Zuzel Monné y en la cual él soñaba con interpretar al protagonista. Nunca pensé filmar una película sobre este tema, pero el destino existe.

«Una vez que estuvo concluido el guión junto a Zuzel, confirmé que La pared de las palabras tenía su línea principal en el trabajo de los actores. Hacía rato no convocaba a Isabel y la busqué. Ella se identificó inmediatamente con su personaje. Y así pude contar igualmente con Laurita de la Uz, con Carlos Enrique Almirante, con Verónica Lynn, con Ana Gloria Buduén y tantos otros. No puedo dejar de mencionar al grupo de actores que interpretó a los pacientes. A ellos les debo su caracterización y entrega».

¿Cómo fue la experiencia de filmar en la Quinta Canaria, y adentrarse en el mundo de las enfermedades mentales?
Teníamos la posibilidad de filmar la institución mental en locales escenográficos. Pero decidí hacerlo en la Quinta Canaria porque su atmósfera nos ayudó a compartir, sentir, vivir, y por lo tanto expresar mucho mejor lo que queríamos decir.

«Recuerdo que cuando algunos actores llegaron allí por primera vez se echaron a llorar. Luego el llanto cedió el paso a la comprensión y todo fluyó con dolor, pero con natural armonía.

«En el sentido organizativo y profesional fue más difícil, pero en el plano artístico, y sobre todo humano, resultó una experiencia irrepetible. Nunca olvidaré que ya casi al final del rodaje el personal médico, los pacientes y nosotros éramos un solo equipo: señal de que en la comunicación humana no existen fronteras (aunque muros hay) entre locura y cordura».

Con esta película ha experimentado por primera vez la producción independiente. ¿Qué conclusiones ha sacado respecto a este modo de producción tan defendido por las nuevas generaciones de realizadores?

Siempre he pensado que uno debe demostrar en la práctica lo que predica en teoría. He defendido al cine independiente desde sus inicios cuando incluso la palabra «independiente» era casi impronunciable. Mi incorporación a la Muestra de Cine Joven fue, para mí, una manera de compartir con los jóvenes sus inquietudes y búsquedas. Y cuando ya no tuve más un cargo de responsabilidad en la Muestra (aunque sigo perteneciendo y trabajando para ella) me dije que tendría que retirarme (simbólicamente, porque a mis 70 años no me siento un jubilado) para lanzarme al río cuyo cauce es el que dinamiza y dinamizará al sistema de producción de nuestro audiovisual.

«El equipo de La pared de las palabras fue reducidísimo. Una mitad éramos profesionales jubilados y entusiastas; y la otra, jóvenes emprendedores y entusiastas también. El proceso de prefilmación y rodaje se desarrolló de un modo muy fluido y me encantaría repetirlo. Pero debo aclarar que hacer cine independiente es únicamente “otra” manera de hacer cine en Cuba, lo cual no significa hacer cine negando al Icaic. Yo volvería a hacer otra película dentro de la industria si fuera necesario.


«Lo importante de la existencia del cine independiente es el derecho a la diversidad, porque esa diversidad contribuye de una manera natural y orgánica a la flexibilización, modernización y desarrollo de nuestra industria, que en muchos aspectos se ha amoldado a las circunstancias sin modificarlas.

«Camilo Vives, que soñó y se lanzó junto a mí para hacer nuestra primera película independiente, contribuyó durante toda su vida en el Icaic a dinamizar la producción cinematográfica desde su atipicidad. No está entre nosotros para ver los resultados, por eso La pared de las palabras también está dedicada a él».


Fuente: www.juventudrebelde.cu

Fernando Pérez: La pared de la palabra independiente

Por Alejandro Rojas Espinosa

Un viejo refrán dice que todas las paredes tienen oídos; sin embargo, las del realizador cubano Fernando Pérez tienen mensajes escritos. Del director de Clandestinos (1988), Madagascar (1994), La vida es silbar (1998), Suite Habana (2003) y José Martí: el ojo del canario (2010), entre otras, nos llega este año al Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano La pared de las palabras.

La historia nos cuenta la vida de Luis (Jorge Perrugorría), un muchacho que desde su infancia padece una distonía y le resulta imposible comunicarse a través de las palabras o el lenguaje corporal. Con un elenco integrado por Isabel Santos, Laura de la Uz, Verónica Lynn y Carlos Enrique Almirante, entre otros, esta película nos propone una reflexión sobre lo difícil que es el fenómeno de la comunicación humana, el dolor y el sacrificio.

Fernando, ¿qué tiene de nuevo esta película, además de la historia que nos propone?

La pared de las palabras es una película que realicé de manera independiente; es mi primera experiencia en ese sentido y era algo que quería hacer desde hace mucho tiempo. Me gusta trabajar con los jóvenes, y no es que hacer este tipo de producción sea exclusivo de la juventud, pero sí tiene que ver mucho con ellos.

Yo acabo de cumplir 70 años y quise lanzarme a este río para probar también en la práctica lo que uno defiende en la teoría y ha sido, en ese sentido, una experiencia muy enriquecedora.

La trama de la película es un poco atípica. ¿Cómo llega esta historia a usted?

Es un filme que considero muy personal, como todas las películas que he hecho, pero esta particularmente requiere del espectador un estado de ánimo especial para verla. No porque sea muy complicada desde el punto de vista de su lenguaje, la considero clásica desde el punto de vista narrativo, pero sí por lo que muestra hay que estar un poco preparado y decidir que uno quiere ver una película así.

Gran parte del filme ocurre en una institución psiquiátrica, hay pacientes discapacitados y esa es una realidad que a veces no resulta agradable de ver.

Pero tengo muchas expectativas como siempre, y me agrada que sea en el Festival la presentación, aunque me hubiera gustado un estreno más tranquilo en los cines y no en el maratón festivalero. Incluso, me hubiera gustado hacer un recorrido con el filme por todas las provincias y, por último, llegar a La Habana, pero ese plan queda para el próximo año entonces.

¿Por qué decide dar el paso a la producción independiente?

La vida me lo dio así, era el momento de lanzarme a hacer una película independiente y el tema que tenía era ese. La historia llegó porque Jorge Perugorría, el actor protagonista, me llamó y a él le debo la película.

Perugorría me presentó el guión de Zuzel Monné y yo lo leí, me interesó mucho el tema y después trabajé con ella una versión conjunta y ahí decidimos entre Jorge, Camilo Vives y yo, hacer una película independiente. Era el momento que yo sentía que debía hacerla y creo que el tema lo permitía, porque es una cinta contemporánea y no requiere inversiones en vestuario de época, en escenografías, que hubiesen complicado el proceso.

A su juicio, ¿cuáles son las ventajas de hacer películas independientes?

Yo creo que eso da para un tema largo. Nosotros los cineastas nos estamos reuniendo periódicamente en el Centro Fresa y Chocolate para discutir y plantear nuestros puntos de vista sobre las perspectivas del audiovisual cubano y, por supuesto, la necesidad de reconocer ya definitivamente la importancia y la presencia del cine independiente en Cuba.

Pero de ninguna manera esto quiere decir que se niegue la producción de la industria; solo que son dos maneras de producir que enriquece la filmografía del país, porque se diversifica y la diversidad siempre enriquece.

Y, ¿cómo le fue a usted en este modo de producción?

La experiencia particular de filmar de manera independiente fue muy positiva, porque fue muy fluida. Primero éramos un equipo muy reducido, compuesto por casi la mitad de profesionales jubilados pero con mucho entusiasmo, y de jóvenes emprendedores, con mucho entusiasmo también, y lo que predominaba era la necesidad de resolver y la flexibilidad.

Con el cine independiente empieza uno a saltarse procesos institucionales que, a veces, complican y retardan las dinámicas de producción.

Pero nuestra aspiración es que el audiovisual cubano logre reafirmarse en la producción independiente, en la existencia de un instituto de cine más flexible y dinámico, y que exista una ley de cine que regule, no que controle la producción independiente.

(Tomado de Sitio Oficial del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano)

domingo, 7 de diciembre de 2014

La pared de las palabras: El difícil ejercicio de la comunicación humana

Por: Paquita Armas Fonseca.


Tengo la suerte de haber disfrutado La pared de las palabras con el equipo de realización y un reducido número de invitados. Terminé de ver el último plano y salí. Me encontré en el vestíbulo del cine Charles Chaplin a Raúl Pérez Ureta, el fotógrafo de siempre de Fernando Pérez, y apenas pude hablarle.

Caminé por la calle 23 hasta mi casa. Sé que quienes pasaban por mi lado se preguntarían el porqué de esas lágrimas silenciosas. Un amigo que me topé y supo que la causa era una película me dijo “te tocó y fuerte”. Es así.

Por la noche hablé con Fernando. Él me escuchó un largo monólogo que terminó exonerándolo de la entrevista prometida. Y entonces me dijo: “Escribe eso que me dijiste. Creo que tus lectores lo agradecerán”. No lo hice en el momento y ahora quizás no sea igual.

La pared de las palabras es una película dura, difícil, estremecedora, con un drama posible en Cuba y cualquier lugar, hecha con todo el amor no solo de Fernando, sino de Jorge Perugorría que para mí ¡al fin! dejó de ser Diego, de una Isabel Santos en toda su madurez creativa, y una Laura de la Uz que me hizo cercanas a personas que quiero mucho. Carlos Enrique Almirante está muy bien y por supuesto, Verónica Lynn sigue siendo esa gran dama de la actuación. Son secundados por un grupo de actores no profesionales que poco les falta para serlo, porque dan piel y sangre a unos locos “verdaderos”.

La virtud mayor de esta cinta de Fernando es ponernos frente a un cuadro de familia disfuncional en el que cada integrante tiene parte de razón. La enfermedad de Luis (distonía, más trastornos siquiátricos) lo lleva a un hospital, donde hay otros enfermos con serios (y generalmente incurables) problemas de comunicación y locomoción.

Su madre (Isabel Santos) pierde oportunidades profesionales, pero especialmente por estar pendiente del hijo mayor, no atiende lo suficiente al menor (Carlos Enrique Almirante), mientras la abuela (Verónica Lynn) intenta vivir al margen del drama de su hija ¿una actitud reprochable? No lo creo, hay que ponerse en la piel de cada personaje.

Luis, que ha crecido en esa institución, intenta una y otra vez romper la pared de las palabras que le impide comunicarse con los seres humanos que le rodean, aunque no es limitante para que se interponga entre la cabeza de otro enfermo y la pared (de cemento) porque más que saber, siente que el otro podrá herirse. La actitud solidaria le deja unas marcas que los médicos no se explican.

Fernando ha dicho que su octavo filme “trata de expresar ese arduo y escabroso camino, no solo a través de Luis, sino de toda su familia y su entorno social. Porque, con frecuencia, somos los seres humanos clasificados como normales los más incapaces de entender palabras, señales, ondas, miradas que se pierden en la oscuridad de lo cotidiano.”

No creo –y quizás esté equivocada totalmente– que La pared de las palabras sea un filme de largas colas, o taquillera, no es el tipo de cinta que hoy se persigue.

Por supuesto, esa historia dura –y muy posible– está contada con la luz exacta, los grandes y primerísimos planos en el momento justo, al estilo de Raúl y una dirección de actores a la que nos tiene acostumbrados Fernando: de nuevo trabaja con un Síndrome de Down, en esta oportunidad se trata de una muchacha, Maritza Ortega, que actúa como si hubiera recibido clases para ello. ¿Recuerdan al Francisquito de Suite Habana?

La banda sonora de Edesio Alejandro por momentos es protagónica, mientras la edición de Julia Yip sigue siendo la necesaria. No podían faltar ni La Habana, ni el mar, esta vez en Santa Fe donde se filmó la cinta. Al decir de Fernando “Con la historia de Zuzel (Monne) en las manos, que es mi propia historia aunque la película no sea una autobiografía, me lancé al río turbulento y dinámico de la producción independiente”. Una actitud lógica en los tiempos que corren para un genuino adolescente que acaba de cumplir 70 años y lo celebró intentando desentrañar “el difícil ejercicio de la comunicación humana”.

Fuente: (Tomado de El Caimán Barbudo)