jueves, 26 de febrero de 2015

Estreno nacional en Cuba de la película La pared de las palabras

Jueves, 26 de febrero, se realizó el estreno nacional de la película cubana La pared de las palabras, del realizador Fernando Pérez.

Protagonizada por Jorge Perugorría, Isabel Santos, Laura de la Uz, Verónica Lynn, Carlos Enrique Almirante, Ana Gloria Buduén y Maritza Ortega, la cinta se exhibe en las salas Chaplin, Yara, sala uno del Multicine Infanta, Acapulco, Lido, Carral, Regla, Cojímar, Miramar, Cinecito, Oasis y en el circuito nacional de estreno.

Este drama gira en torno a Luis (encarnado por Perugorría), quien padece desde su infancia una distonía y no puede comunicarse a través del lenguaje corporal ni de las palabras. Entre la institución médica y la familia, su vida interior es un muro infranqueable.

Más que una obra que trata el tema de la discapacidad, La pared de las palabras intenta reflexionar sobre el difícil ejercicio de la comunicación humana, el dolor y los límites del sacrificio. Apta para mayores de 16 años.

martes, 24 de febrero de 2015

Cineasta cubano Fernando Pérez volvió a inspirarse en la realidad

La Habana, 24 feb (PL). Los personajes del largometraje La pared de las palabras están inspirados en seres reales, aseveró hoy el director cubano Fernando Pérez, Premio Nacional de Cine 2007, sobre su más reciente creación cinematográfica. De acuerdo con dos de los protagonistas, Isabel Santos y Jorge Perugorría, la cinta demandó un sacrificio muy grande por parte de los actores al tener que encarnar a una madre dedicada a cuidar a un hijo postrado a consecuencia de una distonía muscular.

Con la evolución del padecimiento, el personaje de Perugorría perdió la habilidad de expresarse mediante la palabra oral y escrita, y por supuesto, su incapacidad de movimiento lo hace dependiente de otra persona para cualquier acto corriente.

Frente al drama, cada miembro de la familia -madre, hermano, abuela- adopta una posición distinta y, según Pérez, válida porque todos tienen razón desde los puntos de vistas personales, sostuvo el realizador.

La sensibilidad es lo más importante a la hora de enfrentarse a un tema como este, subrayó Perugorría, quien además calificó como una angustia creciente el hecho de no poder comunicarse.
Para interpretar a Luis, nombre del personaje, el actor debió someterse a una dieta rigurosa a fin de lucir el deterioro propio de la enfermedad y como parte de su entrenamiento entabló una relación cercana con otra coprotagonista, Maritza, una joven con síndrome de down en la vida real.

Yo solté las vísceras en esta película, aseguró Santos, quien asume a Elena, la madre inmolada, una mujer que ya no tiene lágrimas porque con seguridad en el pasado las agotó todas cuando comenzó a ver la degeneración del hijo y el médico le pronosticó la muerte.

Tanto silencio o incomunicación en el filme lo compensa Orquídea, una loca interpretada por Laura de la Uz, que llega a ser como el otro extremo de Luis, la intranquilidad personificada, la rebeldía.

Pérez la considera vital porque la explosión de ideas disociadas de Orquídea enmarca la película en un contexto y aseguró a Prensa Latina que la referencia de la actriz fue una persona real.

Hasta en la calle, me he encontrado a más de una gente con esas características, alegó.

Al decir del director, en la cinta intentó ofrecer un balance: luz pero también sombra, esperanza pero también dolor.

La pared de las palabras llegó a la gran pantalla por primera vez en diciembre pasado durante el 36 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, donde conquistó tres premios colaterales.

jueves, 12 de febrero de 2015

Cine cubano: todavía con buena salud

2014 fue sin dudas un año prolífero para la cinematografía nacional. A los más escépticos les recordaré Vestido de novia, ópera prima de la realizadora camagüeyana Marilyn Solaya.

La historia de Rosa Elena y Ernesto con sus consecuentes puntos de giro dejó atónitos a los más escépticos y a los más románticos nos exacerbó la creencia en amor, a pesar de cualquier obstáculo a nivel emocional o incluso físico.

Excelentes actuaciones de Isabel Santos, Laura de la Uz, Luis Alberto García, y Jorge Perugorría NO admiten posibilidades dubitativas.

A propósito, Jorge Perugorría tuvo un 2014 bien agitado cumpliendo también roles de director en la pieza Fátima o el parque de la fraternidad, para muchos la consagración histriónica de Carlos Enrique Almirante transfigurado.

Transfigurado esta vez con todo y maquillaje, aplaudo su actuación; aunque no puedo demeritar a Tomas Cao dando muestras de sus excelentes desdoblamientos sobre la escena, algo a lo que ya nos va habituando, al igual que Jazz Vilá y la camaleónica Mirtha Ibarra.

Otra vez como tributo al dramaturgo Héctor Quintero, el realizador cubano Juan Carlos Cremata se lanzó en la increíble aventura de llevar a la pantalla grande esa genial pieza que es Contigo pan y cebolla. Malo que todo quede así tal cual, como si de la obra se tratara. No obstante plausible esfuerzo el de los consagrados Alina Rodríguez y Enrique Molina, a mi juicio procurando salvar un guión que no tenía muchas posibilidades de salir a flote.

El cine cubano goza de buena salud, aunque se repitan tópicos y adolezca de rostros nuevos… aunque se enfoque casi siempre, y enhorabuena por eso, en mostrar una Habana sin colorete.

Fuente: radiorebelde.icrt.cu / Liz Martínez Vivero

lunes, 2 de febrero de 2015

Nominados al XXXVI Premio Caricato - Jorge Perugorría destaca en el sexo masculino


Los nominados al XXXVI Premio Caricato, que reconocerá lo mejor del cine, la radio y la televisión cubana en 2014, fueron dados a conocer este viernes, con vistas a la ceremonia que tendrá lugar el 10 de febrero próximo, en el teatro Mella, en La Habana.

Convocado por la Sección de Artistas Escénicos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), el lauro instituido en 1979 es el más importante del país para reconocer la trayectoria de los más destacados actores y actrices en estos tres medios.

En el acápite de cine se cuenta en actuación femenina a Isabel Santos por Vestido de Novia, al igual de Laura de la Uz por su protagónico en el mismo filme, mientras por la película Conducta fue nominada Alina Rodríguez.

Jorge Perugorría destaca en el sexo masculino por su papel en La pared de las palabras, Carlos Díaz por Decamerón y Joel Angelino por Sexto Sentido.

De Santiago de Cuba fue nombrado Yenisel Castellanos por Para toda la vida; y de Camagüey sobresalieron Freddys Nuñez por La Panza del Caimán, y Mario Junquera y Sisi Delgado por El millonario y la maleta.

Se mantienen los premios de Actuación en TV para niños y jóvenes Edwin Fernández, de puesta en escena Hermanos Camejo, de actuación femenina y masculina Sergio Corrieri, y el Concurso Nacional Eloísa Álvarez Guedes por actuación humorística masculina y femenina en las tablas y la televisión.

Asimismo se mantiene la competencia en radio Antonia Valdés y el Enrique Santiesteban.

En el certamen de radio Francisco Covarrubias también se compite en puesta en escena, actuación de reparto y protagónicos femenino y masculino.

viernes, 23 de enero de 2015

Una Pared para defender el cambio

Escrito por María Antonieta Colunga Olivera/Blog Nube de Alivio


Pasa un minuto, dos, tres. Nadie se levanta de su asiento. El público está, literalmente, viendo también los créditos, como si no quisiera aún marcharse de frente a La Pared... 


Mientras los créditos del filme trepan la pantalla, la voz de Luisi– por primera vez escuchada luego de hora y media de trama– se alza en off para susurrar las palabras-anzuelo prendidas a la vida de seres como él. “Prohibieron, marginaron, negaron, rechazaron, callaron, encerraron, olvidaron…” se escucha en la oscuridad de la sala, y la gente aplaude primero y calla luego, en un silencio plomizo que dice muchas cosas.

Pasa un minuto, dos, tres. Aunque es tarde y probablemente no haya transporte para regresar a casa, nadie se levanta de su asiento. El público está, literalmente, viendo también los créditos, como si no quisiera aún marcharse de frente a La Pared…. O como si no tuviera fuerzas.

Fernando lo comentará al otro día, profundamente conmovido: “jamás me había sucedido eso con ninguna película mía, en ningún otro lugar; que todo el mundo se mantuviese sentado hasta el último letrero en pantalla, con tanto respeto. Le agradezco mucho a Camagüey ese gesto que me hizo tan feliz.”

Nosotros también le agradecemos mucho a él: el haber venido a pesar de las tantas horas de retraso del vuelo, el haber abandonado día y medio los compromisos hondos de su hogar por traernos la primicia de su película, el presentarla acá personalmente y decir: “Este es el estreno oficial de La Pared de las Palabras, aquí, esta noche, en el cine Casablanca”.

En su tiempo breve de estancia, la ciudad y su pueblo no le dieron descanso. De los diálogos múltiples entablados en Nuevo Mundo y el Callejón de los Milagros, y de alguna pregunta pellizcada al intermedio de su jueves en Camagüey, les comparto hoy algunas respuestas.

¿Qué llevó a Fernando a contar esta historia?

Yo en verdad nunca pensé hacer una película sobre este tema. Desde hace unos 16 años tengo una de mis hijas aquejada de problemas psiquiátricos y eso me ha enfrentado a vivencias que realmente no tenía intención de compartir, más que nada porque no me sentía capacitado para hacerlo. Pero un día llega Pichi (Jorge Perugorría) y me enseña un trabajo que había hecho una muchacha vecina suya (Zuzel Monné) y me dice “Fernando, esta película me suena a ti, si tú quieres hacerla yo te tengo un productor. Solo te pido que me dejes actuar el protagónico”. Leí el guión, que incluso no me gustó mucho en esa primera versión, pero sentí que la historia tenía una fuerza interior muy grande, algo que me sacudía. Entonces acudí a la escritora y le pedí licencia para personalizar el texto, y así fue que me metí como diez meses con él, rumiándolo, para luego lanzarme definitivamente a materializar el proyecto.

No hice esta película por mi experiencia personal, sino por intentar que los espectadores descubrieran ese mundo que este drama aborda, desde otra perspectiva. Con La Pared… quise ayudar a modificar la relación de la gente con esos otros seres tan incomprendidos; que entendieran que el suyo es un mundo con un orden distinto, frente al cual es uno quien tiene que modificar su postura.

Como director, ¿cuál fue su mayor apuesta en este filme?

La autenticidad. Desde un inicio sabía que esa era la búsqueda de la película, porque solo resultándole verídica al espectador, podía conmover hacia los destinos que yo esperaba.

Por eso fue tan importante el trabajo con los actores (Isabel Santos, Jorge Perugorría, Laurita de la Uz…), que considero la línea principal de La Pared…

… y por eso nos fuimos a filmar a una institución psiquiátrica de verdad, lo cual fue una dificultad desde el punto de vista organizativo y de producción (porque podíamos rodar cada día muy poco y en momentos específicos, para no interrumpir las dinámicas del hospital), pero supuso un enriquecimiento para el trabajo actoral, para sensibilizarlos a ellos y a todo el equipo respecto al mundo en que tratábamos de adentrarnos.

Y también por eso encuentras en el reparto a una actriz no profesional como Maritza, que es el único personaje no caracterizado, una muchacha síndrome de Down con una sensibilidad profunda que logró dotar al filme de una carga enorme de realidad. Recuerdo el día en que filmamos la escena en que ella besa a Pichi; cuando digo “corten” y me le acerco, la noto nerviosa y le digo, “bueno, Maritza, tranquilita, ya la escena quedó, cómo te sientes”; y ella me respondió: “es que es mi primera vez”. Era la primera vez que ella besaba a un hombre en los labios.

Siento que gran parte del éxito que pueda tener el filme se lo deberé siempre a la implicación física, emocional, psicológica tan grande de los actores con los que trabajé.

Luego de grandes atrevimientos como el de comenzar tu carrera con una historia de marcado corte político (Clandestinos), hacer una película desprovista de todo diálogo (Suite Habana) o encerrar en un filme la niñez del héroe nacional de este país (Martí, el ojo del canario); aún pareces dispuesto a correr riesgos. ¿Cuál fue el mayor que enfrentaste en esta nueva entrega?

El riesgo mayor en La Pared de las Palabras es que deliberadamente tratamos de marcar sus temas fundamentales (la locura, el dolor y los límites del sacrificio) sin ningún tipo de maquillaje, sin elementos expresivos que suavizaran esa realidad, de por sí, tan cruda.

La película es en extremo sobria y está totalmente desprovista de asideros que ayuden a liberar estéticamente su gran carga emotiva. Si te fijas, por ejemplo, no hay nada de música a lo largo de todo el filme. No queríamos que la gente canalizara sus emociones a través de los recursos, sino que se hundiera de fondo con la historia, hasta su fin.

Y es probable, yo lo entendería perfectamente, que un porciento alto de los espectadores no esté dispuesto a conectar con el filme a ese nivel que nosotros proponemos, porque es muy duro. Creo, y lo he repetido en múltiples ocasiones, que es una película que hay que tomar la decisión de ver, porque no es nada fácil de consumir.

Puede ser que las personas salgan de las proyecciones sobrecogidas o tensas, o que no les agrade lo que han visto, porque la realidad que se muestra no es linda y para colmo, está totalmente desprovista, desnuda. Es un riesgo que corrimos con La Pared… deliberadamente.

Sin embargo, mira que cosa tan curiosa, muchos suelen reírse en las escenas más dramáticas, sobre todo con el personaje de Laurita (quizá un poco porque su patología va asociada a realidades socio-políticas de nuestro país). Eso, aunque pueda parecer irrespetuoso, nos parece un logro grande. La risa suele ser un mecanismo de defensa cuando nos enfrentamos a cosas desconocidas o que escapan de nuestro control; entonces, si el público ríe en esas escenas, intuimos que es porque está viendo algo auténtico y reacciona tal cual.

La Pared es tu primer largometraje producido de manera independiente… ¿por qué, a estas alturas de la vida y con los favores ganados de la industria, apostaste por hacer cine de esta forma?

A los setenta años me he lanzado al río turbulento que es este fenómeno del cine independiente en Cuba porque creo firmemente que la parte más dinámica del audiovisual cubano se está haciendo hoy día de esa manera.

Esta nueva modalidad de producción (que es apenas eso, una nueva forma, no una negación ni oposición a la industria ya establecida), te permite no tener que esperar por nadie, desentenderte de papeles y de los lentos cauces de la burocracia fílmica, que se han convertido en una impedimenta a la creación en el ICAIC. Quitarte de encima esas camisas de fuerza retardadoras de los procesos es un gran alivio. Tú puedes evadir trabas y manejar tu producción sin que haya centralismos.

Este es un camino que han tomado sobre todo los jóvenes, porque es a ellos precisamente a quienes compete esa audacia. Pero yo, a pesar de mi edad y de que sigo sintiendo al ICAIC como mi casa, tuve a bien vivir la experiencia por aquello de mantenerme siempre en el camino de las búsquedas. Y te digo que me fue muy bien.

Creo sinceramente que debemos aspirar a que un fenómeno tan dinámico y que da respuestas a inquietudes creativas insatisfechas hoy por la industria fílmica, sea comprendido y reconocido legalmente en nuestro país.

Precisamente en esa lucha andan hace un tiempo ya un grupo de cineastas dentro de los que te encuentras. ¿Qué nos puedes contar del G20 y de los rumbos por los que anda la Ley de Cine en Cuba?
Mira, la cuestión es que el cine independiente se encuentra en un limbo, en total alegalidad. Existe y está allí, tan inevitable y real como un hongo florecido después de la lluvia; pero no tiene el reconocimiento que le podría dar personalidad jurídica. La relación del Estado con este tipo de producción siento que ha sido medio esquizofrénica, de negación en primera instancia; pero por suerte poco a poco ha ido abriéndose el entendimiento de las instancias que pudieran dar su aprobación definitiva.

El caso del llamado Grupo de los 20 o G20 se originó el 4 de mayo de 2013, cuando algunos cineastas decidimos espontáneamente congregarnos en el centro cultural Fresa y Chocolate, al correr rumores de que se había estructurado una comisión para dictaminar una Ley de Cine en Cuba. Sentimos que había que contar con nosotros para ese proceso y así hemos hecho, periódicamente, nos hemos reunido allí desde entonces para discutir entre todos los interesados, propuestas que enriquezcan esa ley en construcción.

Entendemos mejor que nadie la necesidad de regular, nunca controlar (que es muy distinto), la producción audiovisual nacional; y creemos que esa regulación debe contribuir a descentralizar no solo la producción, sino también la distribución y conservación de los productos. Hay muchos materiales nacionales, por ejemplo, que no se exhiben y no llegan a determinadas pantallas por una política editorial que no está clara, que pende de interpretaciones personales, circunstanciales.

Con los debates en el Fresa y Chocolate se ha logrado un diálogo productivo entre los creadores, el ICAIC y el Ministerio de Cultura; pero no es menos cierto que han transcurrido dos años y todavía no hay respuesta concreta. Se ha llegado a un documento con comunes acuerdos, pero nada todavía ha sido aprobado.

Viéndolo más ampliamente, pienso que esto debe ocurrir no solo para el cine y el audiovisual cubano, sino para toda nuestra sociedad. El hecho de que nuestro país esté estructurado como una pirámide centralizada ha hecho que en muchos aspectos la realidad que vivimos tenga esos mismos procesos retardadores, insolubles, burocratizados y poco dinámicos de que te hablé. Cuando haya mayor libertad de movimiento y espacio en todas las esferas para la iniciativa personal, veremos más desarrollo.


Fuente: www.adelante.cu

martes, 20 de enero de 2015

Estreno nacional de Vestido de novia

Fecha: 21 de enero de 2015
Horario: 8:30 PM
Lugar: Cine Chaplin




viernes, 16 de enero de 2015

Fernando Pérez: he vivido experiencias únicas en Camagüey

Camagüey, 15 ene (AIN) Para Fernando Pérez, la experiencia de estrenar su más reciente filme, La pared de las palabras, en esta ciudad, resultó muy gratificante e incluso única, por las reacciones del público durante la exhibición y los intercambios sostenidos en diferentes momentos del día de hoy.
Pudiera parecer algo sin importancia, pero nunca me había sucedido que los espectadores se mantuvieran sin moverse en la sala hasta que concluyera de pasar el último crédito, como ocurrió la noche de este miércoles en el multicine Casablanca, relató durante un conversatorio en el paseo dedicado al séptimo arte.

Ante un auditorio ávido de conocer detalles no solo de la cinta, sino también de otros momentos de la trayectoria del destacado cineasta cubano, este comentó que ese detalle lo emocionó tanto como los aplausos recibidos, pues es gratificante el respeto hacia todo el equipo que trabajó en la película.
Los asistentes se interesaron por conocer los pormenores del trabajo actoral, uno de los elementos de más peso del filme, pues los intérpretes asumen los duros roles de representar personas con discapacidades mentales, en situaciones muy complejas propias de esas enfermedades.

Fue un proceso de construcción muy duro tanto desde el punto de vista sicológico como físico, que incluyó la visita a instituciones para la atención a esos pacientes, y algunos de los actores y actrices nunca habían estado en una de ellas, comentó.

Añadió Fernando Pérez que la apropiación fue muy rica y con mucha espontaneidad, lo cual permitió una ilusión de realidad muy orgánica, pues a pesar de lo difícil de esa historia sobre el drama de la incomunicación, el dolor y el sacrificio, se eliminó esa barrera que supone el estar frente a una cámara.

Al respecto elogió sobre todo el trabajo de Maritza Ortega, paciente con Síndrome de Down en la interpretación de la joven que establece una especial relación de amor y noviazgo con el protagonista (Jorge Perugorría), cuya enfermedad le impide comunicarse mediante gestos o palabras.
Durante la mañana, el director intercambió además con estudiantes de la filial de la Universidad de las Artes en la provincia de Camagüey, con los cuales compartió otras experiencias más desde el punto de vista técnico sobre los procesos de creación.

Fuente: 15 Enero 2015 20:56 | Lianet Leandro López| Foto: Rodolfo Blanco Cué/AIN

martes, 16 de diciembre de 2014

Críticas de la película Amor Crónico


Perugorria combina a la perfección las grabaciones de conciertos en vivo de Cucu Diamantes y sus presentaciones estilo cabaret en toda Cuba —en la primera gira de conciertos en más de 50 años de un artista que no sea del país— con una narrativa llena de humor y homenajes a películas y cineastas clásicos, incluso a las películas cubanas subterraneas.

Amor crónico es una película cautivante y entretenida y sugiero que la vean en un cine con un excelente sistema de sonido.

Debbie Cerda - Slackerwood



Las filmaciones de los conciertos tienen una energía maravillosa: Diamantes viste atuendos llamativos y reveladores, el enorme conjunto musical que la acompaña bulle de pasión y entusiasmo, y la multitud se enloquece. En el escenario, Diamantes hace un uso memorable de la utilería: fuma cigarros, toma tragos de whisky y, lo más sorprendente, sube por una escalera en forma de tacón de aguja.

Anthony Falco - Indiewood Hollywodn't



Amor crónico es un retrato bien documentado de uno de sus brillantes talentos musicales. La película, de manera acertada, no pierde tiempo en tramas argumentales superfluas que vayan más allá de las canciones y fantasías de Guarapo. Será intrigante seguir la carrera de Diamante luego de Amor crónico. ¿Quién sabe?, tal vez la veamos en algún escenario, de Miami o Nueva York.

Diamante cree que la gira es un paso progresivo en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Está en lo cierto: esta es la primera visita al país en más de 50 años de un artista musical que viva en el extranjero. Entonces, junto a la impactante (y, por lo general, semidesnuda) cantante se encuentra el igualmente bello país en que nació. De un modo muy similar al film producido por Spike Lee Manos sucias, que seguía a dos hermanos en un viaje por Colombia, Amor crónico presenta a una Cuba que la mayoría de los espectadores de Estados Unidos no creen que exista. Los occidentales están acostumbrados al enfoque de los medios occidentales: ¿adivinen hacia dónde se inclinan? No quiero decir que el país ubicado a 145 kilómetros del extremo de la Florida no tenga sus problemas a nivel burocrático, pero si la mayoría de los sondeos norteamericanos indican que el embargo es inútil, ¿no es hora de que veamos algunas postales impecables de Cuba?

Daniel Engelke - Film Monthly

sábado, 13 de diciembre de 2014

Dos filmes cubanos por Premio de la Popularidad

Vestido de novia, el drama cubano de Marilyn Solaya que narra la historia de la primera persona transexual cubana, marcha en la punta de las votaciones por el Premio de la Popularidad del XXXVI Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

La cinta se sitúa en la Isla en el año 1994 y toma como motivo argumental el relato de amor entre Ernesto (Luis Alberto García) y Rosa Elena (Laura de la Uz) para proponer una reflexión sobre la violencia hacia la mujer, la intolerancia y la hipocresía.

En la segunda posición entre las cintas más votadas por los espectadores asistentes al XXXVI Festival del Nuevo Cine corresponde a Fátima o El parque de la Fraternidad, de Jorge Perugurría, ambientada en el universo de la homosexualidad en Cuba.

Relatos salvajes, drama argentino de Damián Szifron, está ubicada en la tercera posición en las calificaciones, cuyos resultados finales se darán a conocer el próximo domingo en la gala de clausura y premiación de la cita habanera, con sede en el cine Charles Chaplin.

Esta película de Szifron es considerada como una de las fuertes candidatas al Gran Premio Coral, luego de pasear con éxito de taquilla y público por más de una decena de festivales internacionales.

Ganador de varios lauros de la Academia Cinematográfica de Argentina, el filme ya obtuvo el Premio Glauber Rocha, que otorga la prensa extranjera acreditada en la cita habanera.

El Premio de la Popularidad tiene un gran valor para los cineastas asistentes al evento por las características sui generis del público cubano, que todos los años, en el mes de diciembre, colma las salas y pasa varias horas de colas para disfrutar de las películas.

Tras La pared…: ¡palabras!

Jaisy Izquierdo
Fernando Pérez, conversa con nuestro diario acerca de su más reciente película, La pared de las palabras, estrenada durante el 36 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano
Desde el día en que vi a Jorge Perugorría entrar a una conferencia de prensa con la cabeza rapada y notablemente adelgazado, el bichito de la curiosidad me mordió ineludiblemente. Estaba filmando, explicó entonces, la nueva película de Fernando Pérez.

Por eso, cuando supe que finalmente La pared de las palabras se estrenaría en esta 36 edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, hasta Alemania llegaron mis palabras, apretadas en un cuestionario que, por suerte, y sobre todo gracias a la amabilidad de Fernando, no chocó «contra la pared».

El autor de emblemáticas películas del cine cubano como Clandestinos, La vida es silbar y Madagascar, y premio Nacional de Cine 2007, quien pocos detalles había adelantado a los medios durante la producción de la cinta, nos revela ahora, vía correo electrónico, algunos pormenores.

Esta obra, que compite por el Coral al mejor largometraje de ficción con una historia sobrecogedora, nos acerca a Luis (Jorge Perugorría), quien padece una enfermedad neurológica que perjudica su comunicación y movilidad, y que afecta también de diversas maneras a su madre (Isabel Santos), hermano (Carlos Enrique Almirante) y abuela (Verónica Lynn).




¿Cuál es «la pared de las palabras», es solo la del silencio impuesto por una limitación física?

La pared de las palabras intenta ser una reflexión sobre el dolor y los límites del sacrificio. La familia del protagonista es disfuncional porque con frecuencia las palabras no logran expresar lo que los sentimientos y las emociones determinan.

¿Qué hacer cuando nos enfrentamos a ese «muro», a ese dilema que es la incomunicación humana? ¿Qué propone su película al respecto?
La película no se propone una sola respuesta al respecto. Quizá haya tantas como espectadores existan porque, al igual que los personajes del filme, no vemos las cosas como son sino como somos.

La de Francisquito, el niño Down de Suite Habana y su padre es también una historia sobre la discapacidad y el amor como medio para saltar barreras físicas, sociales, económicas… ¿Fue este un referente a tener en cuenta a la hora de hacer La pared…?
Sí. Francisquito es hoy un joven trabajador en un mercado agropecuario y de hecho hubiera podido participar en esta película como actor. Pero en esta ocasión necesitaba que el personaje fuera femenino y por eso está Maritza Ortega, quien padece la misma afección y es, también por naturaleza, una actriz.

«Lo que más me interesa de tu pregunta es la afirmación de que “la discapacidad y el amor” pueden ser un “medio para saltar barreras físicas, sociales, económicas” porque la película trata de expresar con imágenes esa idea».

Una película con una carga dramática tan fuerte depende, en gran medida, de la interpretación. ¿Cómo fue el trabajo con los actores, especialmente Isabel Santos y Jorge Perugorría, un actor con el que no había trabajado antes?
Le debo esta película a Jorge Perugorría. Fue él quien me llamó para ofrecerme la historia escrita originalmente por Zuzel Monné y en la cual él soñaba con interpretar al protagonista. Nunca pensé filmar una película sobre este tema, pero el destino existe.

«Una vez que estuvo concluido el guión junto a Zuzel, confirmé que La pared de las palabras tenía su línea principal en el trabajo de los actores. Hacía rato no convocaba a Isabel y la busqué. Ella se identificó inmediatamente con su personaje. Y así pude contar igualmente con Laurita de la Uz, con Carlos Enrique Almirante, con Verónica Lynn, con Ana Gloria Buduén y tantos otros. No puedo dejar de mencionar al grupo de actores que interpretó a los pacientes. A ellos les debo su caracterización y entrega».

¿Cómo fue la experiencia de filmar en la Quinta Canaria, y adentrarse en el mundo de las enfermedades mentales?
Teníamos la posibilidad de filmar la institución mental en locales escenográficos. Pero decidí hacerlo en la Quinta Canaria porque su atmósfera nos ayudó a compartir, sentir, vivir, y por lo tanto expresar mucho mejor lo que queríamos decir.

«Recuerdo que cuando algunos actores llegaron allí por primera vez se echaron a llorar. Luego el llanto cedió el paso a la comprensión y todo fluyó con dolor, pero con natural armonía.

«En el sentido organizativo y profesional fue más difícil, pero en el plano artístico, y sobre todo humano, resultó una experiencia irrepetible. Nunca olvidaré que ya casi al final del rodaje el personal médico, los pacientes y nosotros éramos un solo equipo: señal de que en la comunicación humana no existen fronteras (aunque muros hay) entre locura y cordura».

Con esta película ha experimentado por primera vez la producción independiente. ¿Qué conclusiones ha sacado respecto a este modo de producción tan defendido por las nuevas generaciones de realizadores?

Siempre he pensado que uno debe demostrar en la práctica lo que predica en teoría. He defendido al cine independiente desde sus inicios cuando incluso la palabra «independiente» era casi impronunciable. Mi incorporación a la Muestra de Cine Joven fue, para mí, una manera de compartir con los jóvenes sus inquietudes y búsquedas. Y cuando ya no tuve más un cargo de responsabilidad en la Muestra (aunque sigo perteneciendo y trabajando para ella) me dije que tendría que retirarme (simbólicamente, porque a mis 70 años no me siento un jubilado) para lanzarme al río cuyo cauce es el que dinamiza y dinamizará al sistema de producción de nuestro audiovisual.

«El equipo de La pared de las palabras fue reducidísimo. Una mitad éramos profesionales jubilados y entusiastas; y la otra, jóvenes emprendedores y entusiastas también. El proceso de prefilmación y rodaje se desarrolló de un modo muy fluido y me encantaría repetirlo. Pero debo aclarar que hacer cine independiente es únicamente “otra” manera de hacer cine en Cuba, lo cual no significa hacer cine negando al Icaic. Yo volvería a hacer otra película dentro de la industria si fuera necesario.


«Lo importante de la existencia del cine independiente es el derecho a la diversidad, porque esa diversidad contribuye de una manera natural y orgánica a la flexibilización, modernización y desarrollo de nuestra industria, que en muchos aspectos se ha amoldado a las circunstancias sin modificarlas.

«Camilo Vives, que soñó y se lanzó junto a mí para hacer nuestra primera película independiente, contribuyó durante toda su vida en el Icaic a dinamizar la producción cinematográfica desde su atipicidad. No está entre nosotros para ver los resultados, por eso La pared de las palabras también está dedicada a él».


Fuente: www.juventudrebelde.cu

Fernando Pérez: La pared de la palabra independiente

Por Alejandro Rojas Espinosa

Un viejo refrán dice que todas las paredes tienen oídos; sin embargo, las del realizador cubano Fernando Pérez tienen mensajes escritos. Del director de Clandestinos (1988), Madagascar (1994), La vida es silbar (1998), Suite Habana (2003) y José Martí: el ojo del canario (2010), entre otras, nos llega este año al Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano La pared de las palabras.

La historia nos cuenta la vida de Luis (Jorge Perrugorría), un muchacho que desde su infancia padece una distonía y le resulta imposible comunicarse a través de las palabras o el lenguaje corporal. Con un elenco integrado por Isabel Santos, Laura de la Uz, Verónica Lynn y Carlos Enrique Almirante, entre otros, esta película nos propone una reflexión sobre lo difícil que es el fenómeno de la comunicación humana, el dolor y el sacrificio.

Fernando, ¿qué tiene de nuevo esta película, además de la historia que nos propone?

La pared de las palabras es una película que realicé de manera independiente; es mi primera experiencia en ese sentido y era algo que quería hacer desde hace mucho tiempo. Me gusta trabajar con los jóvenes, y no es que hacer este tipo de producción sea exclusivo de la juventud, pero sí tiene que ver mucho con ellos.

Yo acabo de cumplir 70 años y quise lanzarme a este río para probar también en la práctica lo que uno defiende en la teoría y ha sido, en ese sentido, una experiencia muy enriquecedora.

La trama de la película es un poco atípica. ¿Cómo llega esta historia a usted?

Es un filme que considero muy personal, como todas las películas que he hecho, pero esta particularmente requiere del espectador un estado de ánimo especial para verla. No porque sea muy complicada desde el punto de vista de su lenguaje, la considero clásica desde el punto de vista narrativo, pero sí por lo que muestra hay que estar un poco preparado y decidir que uno quiere ver una película así.

Gran parte del filme ocurre en una institución psiquiátrica, hay pacientes discapacitados y esa es una realidad que a veces no resulta agradable de ver.

Pero tengo muchas expectativas como siempre, y me agrada que sea en el Festival la presentación, aunque me hubiera gustado un estreno más tranquilo en los cines y no en el maratón festivalero. Incluso, me hubiera gustado hacer un recorrido con el filme por todas las provincias y, por último, llegar a La Habana, pero ese plan queda para el próximo año entonces.

¿Por qué decide dar el paso a la producción independiente?

La vida me lo dio así, era el momento de lanzarme a hacer una película independiente y el tema que tenía era ese. La historia llegó porque Jorge Perugorría, el actor protagonista, me llamó y a él le debo la película.

Perugorría me presentó el guión de Zuzel Monné y yo lo leí, me interesó mucho el tema y después trabajé con ella una versión conjunta y ahí decidimos entre Jorge, Camilo Vives y yo, hacer una película independiente. Era el momento que yo sentía que debía hacerla y creo que el tema lo permitía, porque es una cinta contemporánea y no requiere inversiones en vestuario de época, en escenografías, que hubiesen complicado el proceso.

A su juicio, ¿cuáles son las ventajas de hacer películas independientes?

Yo creo que eso da para un tema largo. Nosotros los cineastas nos estamos reuniendo periódicamente en el Centro Fresa y Chocolate para discutir y plantear nuestros puntos de vista sobre las perspectivas del audiovisual cubano y, por supuesto, la necesidad de reconocer ya definitivamente la importancia y la presencia del cine independiente en Cuba.

Pero de ninguna manera esto quiere decir que se niegue la producción de la industria; solo que son dos maneras de producir que enriquece la filmografía del país, porque se diversifica y la diversidad siempre enriquece.

Y, ¿cómo le fue a usted en este modo de producción?

La experiencia particular de filmar de manera independiente fue muy positiva, porque fue muy fluida. Primero éramos un equipo muy reducido, compuesto por casi la mitad de profesionales jubilados pero con mucho entusiasmo, y de jóvenes emprendedores, con mucho entusiasmo también, y lo que predominaba era la necesidad de resolver y la flexibilidad.

Con el cine independiente empieza uno a saltarse procesos institucionales que, a veces, complican y retardan las dinámicas de producción.

Pero nuestra aspiración es que el audiovisual cubano logre reafirmarse en la producción independiente, en la existencia de un instituto de cine más flexible y dinámico, y que exista una ley de cine que regule, no que controle la producción independiente.

(Tomado de Sitio Oficial del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano)

jueves, 11 de diciembre de 2014

El regreso de Fátima




Por Adriana Zamora

Jorge Perugorría ha hecho un filme interesante a partir de un cuento de Miguel Barnet lleno de estereotipos.

Hace algunos años, cuando leí el cuento "Fátima o el Parque de la Fraternidad", de Miguel Barnet, no me entusiasmó demasiado. Consistía en un monólogo demasiado largo de una prostituta travesti en La Habana, estereotipada a más no poder, reiterativa y hasta afectada en ocasiones. Aunque no se puede acusar a Barnet de escribir mal, al cuento le sobraban páginas y a Fátima, la protagonista, le sobraba histeria.

Al ver en la cartelera del 36 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano que Jorge Perugorría presentaba una película basada en el cuento, me pregunté: "¿Qué habrá hecho Pichi con el texto? ¿Será su Fátima como la de Barnet o logrará sacarla del estereotipo?".

La proyección en el cine Chaplin estuvo precedida por unas palabras del director de la película, quien agradeció al ICAIC, al Festival y a todo el equipo de realización. Luego, Carlos Enrique Almirante, el protagonista, dedicó su actuación a su padre, el actor Enrique Almirante. Estas palabras conmovieron a un auditorio de colegas, pues fue escaso el público no acreditado que alcanzó a entrar en la sala.

Ver la película despejó mis dudas. El guión de Fidel Antonio Orta, la dirección de Perugorría y, sobre todo, la actuación de Carlos Enrique Almirante, entregaron al público cubano una Fátima más humana, cercana y hasta entrañable.

El texto de Fidel Antonio Orta no pudo prescindir de la narración en off de Fátima, ni de los soliloquios de esta frente a la foto del amante ausente. Era de esperar, dado que el cuento de Barnet tiene demasiadas divagaciones y convertirlas en acción dramática era una tarea titánica de la que Orta salió bastante bien parado, pese a todo.

La dirección de Perugorría apostó por la naturalidad y por la importancia de algunos detalles que dieron vida y veracidad a la obra. Detalles de caracterización, como el póster de Rosita Fornés en la pared de Fátima o las chancletas rojas con floripondio que usa para irse a bañar al aseo comunitario. Detalles de ambiente como el telón de fondo del bar de travestis La Potajera de Bejucal, hecho con pomos plásticos de litro y medio. Detalles que dicen más que los parlamentos, como cuando Manolito (Fátima) le anuncia a su amiga La Gorda que decidió dedicarse a la prostitución y mientras lo dice, tras el buró donde ella trabaja se lee un cartel de esos tan comunes en la propaganda revolucionaria: "Creemos en el futuro".

Las escenas de sexo son otro punto que llama la atención en el guión y la dirección de la película. Pudiera parecer que no las hay, pero sí. Lo que ocurre es que, besos apasionados aparte, las imágenes de sexo son sustituidas por escenas con gran carga de erotismo. ¿Qué podría ser más sexual que dos jóvenes semidesnudos cabalgando sobre el lomo de un mismo caballo? ¿O que dos hombres bailando a solas una rumba donde uno vacuna al otro?

Carlos Enrique Almirante en su caracterización de Fátima, siguió la misma línea de naturalidad planteada por el director. Es muy común en Cuba escuchar a la gente decir, refiriéndose a un travesti: "Quiere ser tan femenino que es más mujer que las mujeres". La Fátima de Almirante está alejada de esa línea que se asocia con el estereotipo del travesti, exagerado y hasta grotesco. Fátima no es un hombre imitando a una mujer, es una mujer que nació por error dentro del cuerpo de un hombre. Cuando habla por teléfono, cuando conversa con su amiga en el balcón, cuando se pone crema en la cara, la Fátima de Almirante es femenina, sin necesidad de estridencias. Sigue siendo devota, obsesionada con las monjas y los ángeles, admiradora de Lady Di, enamorada hasta la muerte de un hombre que la prostituye en su beneficio y aún fuera del país sigue explotándola. Sin embargo, la Fátima de Almirante y Perugorría es sensible donde la de Barnet podría ser sensiblera.

La película cuenta con otras interpretaciones de lujo: Broselianda Hernández es la madre de Manolito­-Fátima, una mujer amorosa y sencilla, abusada por su marido y defensora de su hijo. Es tan simple que, teniendo dinero para comer, solo sueña con carne de puerco y congrí. "¡Aceitunas!", dice extrañada. "Mousse de chocolate... ¿qué es eso?"

Néstor Jiménez, también está brillante en su papel del padre alcohólico, homofóbico y violento.

Tomás Cao interpreta a Vaselina, el amante y chulo que usa a Fátima y mantienen una relación apasionada y contradictoria.

Mirtha Ibarra es La Gorda, amiga de Fátima, que representa el mejunje que es la espiritualidad criolla. "Si nos vamos a quedar en este país hay que meterle a todo", declara.

Bien las amigas travestis de Fátima, interpretadas por Cucú Diamantes y Jazz Vila, personajes llenos de simpatía.

Pequeño, pero contundente, el personaje del camionero de Patricio Wood, una representación del prejuicioso hombre cubano que disfruta el cuerpo de Fátima, pero le aterra que alguien se pueda enterar de su "desliz". Un hombre que pasa de la frase "No hay miedo" a "Yo nunca había hecho esto" con una naturalidad que espanta.

En el caso del piloto interpretado por René de la Cruz Jr., nos enteramos de que es valenciano porque lo dice la voz en off, pues las "zetas" que le parecen tan simpáticas a Fátima el actor nunca las pronuncia.

No se pueden pasar por alto las situaciones que son, en esta película, una crítica implícita a la sociedad homofóbica que vivimos. Que un jefe tenga que "convencer" a sus empleados de que un profesional perfectamente calificado y homosexual tiene derecho a trabajar en una empresa, habla de la discriminación social. También está el padre, que pega a su hijo y le exige: "Baja la manito y coge la cuchara como un hombre". La frecuencia con que los travestis tienen que prostituirse para sobrevivir o mejorar su situación económica queda clara en la frase de Fátima: "Homosexual, travesti y jinetera... La Santísima Trinidad". Se deja ver también la impunidad de la policía para "cargar" a estas prostitutas para la estación, en una nombrada Operación Pluma.

Una crítica fuerte y dolorosa por su recurrencia en nuestra sociedad es la que atañe a la doble moral, representada por el personaje del camionero: Esos hombres que se presentan a sí mismos como "machos heterosexuales" y, al tener sexo con un homosexual, comienzan por justificarse diciendo que fue su primera vez, para terminar con amenazas tan fuertes como: "Cuidadito con conocerme por ahí si no quieres conocer el peso de mi camión".

Fátima o el Parque de la Fraternidad resulta una película interesante, que logra sacar partido favorable de un texto literario, de magníficos actores, de una banda sonora producida por Ernán López Nussa y de una visualidad presidida por una Habana en ruinas que sigue siendo hermosa a pesar de todo. Esta versión cinematográfica desempolvó un personaje y una historia que podía haberse quedado en aquel cuento demasiado largo, pero no fue así. De manera que puede decirse sin problemas: Bienvenida de regreso, Fátima.