miércoles, 27 de agosto de 2008

Jorge Perugorría, el objeto del vacío


WENDY GUERRA

CRÓNICA DESDE LA HABANA
WENDY GUERRA

LA HABANA.- Releía en estos días a Margueritte Yourcenar, 'La invención de una vida de Josyane Savigneau', donde aparecen apuntes de la escritora de 'La visión del vacío' en Yukio Mishima. Su terrible y hermoso desenlace; aquel seppuku con el que entregó su vida sobre el lecho rojo y negro en un gesto desesperado para devolverle la condición de Dios a su emperador".

"O acaso nada de todo eso, sino simplemente el gran vacío azul-blanco que contempla al llegar su fin, el octogenario Honda, el juez de ojos perspicaces que es, al mismo tiempo y en el sentido enojoso del término, un 'voyeur'. Vacío resplandeciente como el cielo de verano que devora las cosas y, comparado con él, todo lo demás no es sino un desfile de sombras"• M.Y.

Dejé el libro sobre mi cama y salí a la exposición de tres artistas cubanos en una remodelada casona de El Vedado. El verano ardía, la luminosidad me impedía distinguir los fantasmas con los que tropezaba a mi paso. Vivo en una ciudad donde ya a pocos conozco.

Me detuve ante el abismo soleado, recordé que este trabajo de Perugorría se inició entre película y película de Steven Soderberg y Benicio del Toro: 'Guerrilla' y 'El Argentino'. Repasé incluso nuestra conversación telefónica en Madrid cuando nos despedimos y él me habló de su vértigo al emprender viaje, ese instante donde pierdes el espíritu colectivo y te transportas hacia tu otra postura creativa y solitaria.
Su tópico: el vacío de una generación que ha postergado los grandes temas en nombre de la supervivencia. El liviano arco de nuestras llanas conversaciones, el vacío de ciertas obras que no tratan de nada para evitar enrolarse en el todo. Las uniones nacidas en la contingencia, asidos a los que sobrevivimos hoy en una isla en fuga. El ascetismo de nuestros juicios. La incapacidad para entendernos en nuestras diferencias. El vacío de la virtud, de la fe, el vacío que sólo genera vacío.

Perugorría: El hombre expuesto. El hombre actuando situaciones ajenas. Reivindicándose luego en el arte de contar desde el arte. Lecho para peces en extinción.

"Los peces enfermos no van en la pecera" Moldeo peceras de miope de neófito me marcho la memoria seguía allí. Luis Felipe García Arce
Ante las instalaciones de Perugorría me viene a la mente un especial trío de artistas alemanes: West-Kippenberger-Kelley. Los tres trabajaban algo parecido al humor del artista, y aunque este doble sentido alemán se aleja en tono del cubano, todos ellos manejan tópicos decapitantes, directos y hasta riesgosos en cuanto a soluciones, materiales o zagas sociales. Estos tres mosqueteros, involucrados con los momentos más importantes del Minimal, del Arte Povera y del Arte Conceptual, se desligaron del arte post-conceptual porque no les ilusionaba nada demasiado formal o planeado.
Tampoco a Perugorría interesa ningún estilo o forma de expresión absoluta. Su trabajo viaja en soportes tan distintos como: Dibujos sobre guiones, óleo sobre tela, escultura sobre metal y cristal, peceras sobre tu cama, serigrafía sobre tela, murales sobre piedra, acrílico sobre cartulina. Los alemanes y el cubano han tratado con gran celo al individuo, y en ese juego de conceptos grupales, de ataque y contraataque se unen en medio de sociedades en franca construcción. Recordemos el trabajo de ese colectivo 'Los doce sofás'.

Esa acción acertaba en una línea de confrontación entre lo público y lo privado. Sobre esto Kelley dijo: "No se trata de pensar en una obra de arte en elevación, sino de aquella obra de arte que se pueda utilizar sin tanta conciencia de lo propiamente 'museable': "Por eso adoramos la obra de West. ¿Dónde están los limites de una colección privada, y dónde de un museo público?" En el caso del arte cubano, donde las casas terminan siendo el espacio 'publico-privado' expuesto por temas ideo estéticos-políticos-económicos se derivan en efectos colectivos que superan tanto al poder como la imaginación del autor.

Cuando me encontré en aquella casona de 'El Vedado' ante la cama roja y negra: lecho de muerte o deseo, nicho de peceras, descanso de reyes y guerreros, sudario de vírgenes perdidas en el vicio, con respaldar-muralístico de una consigna popular: ADELANTE, sentí turbación.

En efecto, adelante vamos para observar pequeñas peceras vacías, con fondos cristalinos que nos proyectan turbados por: 'La Broma' de buen gusto que pareciera registrar nuestros más íntimos pensamientos. ¿Han muerto ya los peces y se ha podrido nuestra cuota de agua para esa supervivencia suspendida en la espera?
¿Todos tuvimos o tendremos ese lugar de reposo? O acaso: ¿Todos sospechamos que existe ese aposento amenazador? Una cama donde postergar con sueño la realidad. Un objeto para aislarse entre cristales, como criaturas enfermas que escapan espantadas y se refugian en su cámara aséptica. Recostamos la cabeza y a culparse.

Nos saludamos, atravesamos entre máscaras traslúcidas nuestros ánimos y nuestras opiniones, protegiéndonos en ese retiro que algunos llaman la hora del sueño y otros la noche de pesadillas. Se recomienda, en estos casos, un cómodo objeto para vivir en el vacío.

En La Habana de los ochenta, tal vez, hubiesen censurado la exposición y cargado con este lecho repleto de peceras llenas de nada. ¿Por lograr amplificar conflictos poco visibles a nivel interno o externo o por intrusión en la intimidad de un minuto histórico en reposo? Simplemente el sensor no se quería ver en capilla ardiente.
¿En aquellos años la casona de El Vedado hubiese abierto sus puertas un 26 de julio a esta exposición colectiva de Ever Fonseca, Cuti y Jorge Perugorría? Es posible, pero en el interior velado, críticos y comisarios emprenderían una diatriba absurda concluyendo sólo en los créditos de un filme de Tomás Gutierre Alea.

Aquí se enlaza la trama de un espectador cautivo, lo arrastra el gesto movilizador del único artista visual cubano, capaz de actuar nuestro propio vacío ante el naturalidad de nuestras vidas, proyectadas en su obra más reciente.
Cierro el libro de la Yourcenar, una pastilla hace el efecto barbitúrico de encontrar un sueño mudo, abstenido e irresponsable. Me dejo ir alrededor de la cama traslúcida, allí viajan mis pies sin centro, mientras me rindo sobre el objeto y ciertos peces vivos muerden mis dedos inmóviles.

domingo, 6 de julio de 2008

Exposición de Pinturas en la Galería SIRANGA CONTEMPORÁNIA, Valencia, España.

Jorge Perugorría inaugura Exposición de Pinturas el 6 de Junio de 2008 en la Galería SIRANGA CONTEMPORÁNIA, Ciudad de Valencia, España. Sus obras se mantendrán expuestas y a la venta en esta galería hasta el 2 de Julio de este mismo año.


www.siranga.com

jueves, 15 de mayo de 2008

Jorge Perugorría es padrino de DREMAGO

Jorge Perugorría es padrino de DREMAGO, junto a Stephen Frears, Alain Corneau, Pete Lacaba y Guillermo Arriaga. El objetivo de DreamAgo es ayudar a desarrollar, apoyar y promocionar películas que marcan la diferencia, ya sean de nuevos o experimentados guionistas. Esta meta se consigue a través de dos etapas: Plume & Pellicule y Meet your Match.

jueves, 8 de mayo de 2008

El actor de Fresa y chocolate, homenajeado en Brasil por su trayectoria, protagoniza dos películas de Soderber


Jorge Perugorría recibió un homenaje por su carrera actoral en el Festival de Cine de Ceará. El actor cubano más reconocido en el ámbito internacional ya llegó a Hollywood y de la mano de Steven Soderbergh (Traffic, Erin Brockovich, La Gran Estafa) comienza su carrera norteamericana con El argentino y Guerrilla. Las películas tratan sobre la vida del revolucionario Ernesto "Che" Guevara, encarnado por Benicio Del Toro, e interpretada también por Franka Potente y Julia Ormond.

SÁBADO SHOW habló con él en la ciudad norteña. El actor exhibió una humildad espontánea, contestó con gracia y sonrió con los ojos en todo momento.

-Trabajaste bastante en teatro, televisión y actuaste en más de 40 películas. Tu vocación por la actuación ¿cómo y cuándo nació?
-Cuando era estudiante, fui a ver un grupo de teatro de la universidad, vi lo que hacían ellos y dije "yo quiero hacer eso". Como decimos nosotros: "se me metió el bichito dentro". Me encantó esa profesión y ahí me metí y empecé. Le dedique diez años de mi vida al teatro, antes de empezar a hacer televisión y cine.

-Fuiste homosexual en Fresa y chocolate, camionero en Guantanamera, un inmigrante en busca de su madre en Miel para Oshun. ¿Cómo es el proceso, para un actor, de ponerse en distintas pieles?
-Como actor, uno siempre anda buscando personajes interesantes. Sobre todo, personajes en los que hay que componer un carácter, crear algo. Disfruto mucho de ese placer que es la creación, que consiste tanto en confeccionar una tipología como meterte dentro de la piel de ese personaje y vivir la circunstancia a través de él. Entonces uno siempre busca ese tipo de trabajos. He tenido bastante suerte porque tuve la oportunidad de hacer personajes bien diferentes. Me gusta mucho ese juego de crear la diferencia entre uno y otro. No me considero un "actor de carácteres", que siempre impone su personalidad a los personajes. Bueno, uno después, como actor, tiene los recursos que siempre parten de la misma base, pero que varían según el proyecto, porque por mucho que uno haya estudiado o tenga determinado método, a la hora de trabajar y conformar cierto carácter, cada experiencia es diferente. Porque también se trata de un trabajo colectivo y depende del guión, director, circunstancias, el tiempo de que se dispone, que varían mucho. Por ejemplo, hay directores que les gusta centrarse en el trabajo con el actor, en profundidad, una investigación para ir armándolo; hay otros que les gusta más lo espontáneo. Entonces siempre es muy relativo el trabajo actoral de preparación, cada uno se va adaptando a cada proyecto. Lo más bonito de mi trabajo es la oportunidad que me brinda de crear diferentes seres humanos.

-¿Sos riguroso en la elección de los personajes?
-Sí, trato. En el cine que yo trabajo, cine latinoamericano, europeo, soy un privilegiado: tengo bastantes propuestas. Sin embargo, tampoco es que tenga tanto lugar donde escoger qué personajes hacer, por un tema de que en el cine son más los actores que los proyectos que hay, y muy buenos actores. Pero sí, trato de mantener un rigor dentro de las propuestas que me llegan, de seguir haciendo ese cine de autor, y mis decisiones se orientan en esa dirección.

-¿50% talento y 50% suerte?
-Hay tantos actores talentosos, pero buenos de verdad que no les llega su oportunidad. Mirá, yo hice mi primera película a los 27 años y pensaba eso: que no tenía suerte. ¡Diez años haciendo teatro! Nada de lo que me habían ofrecido era interesante. Y después no paré de trabajar, vinieron las oportunidades. Soy del concepto que el arte es trabajo. Lo fundamental es el trabajo, el rigor que uno tenga en su trabajo.

-¿En qué ámbito te sentís más cómodo?
-Ya me he dedicado al cine. El teatro lo veo como algo que está ahí, que en algún momento volveré y haré algo. Pero tengo que aprovechar porque las películas se acaban, de repente te llaman y de repente no te llaman más. Pero bueno, por ahora me siguen llamando (risas).

-Con tantos papeles interpretados, ¿recordás alguno que te haya atormentado?
-Más bien, creo que uno se atormenta con cada proceso creativo, a la hora de componer un personaje, porque uno tiene la presión de que eso quede bien. Recuerdo que un actor viejo de teatro me decía: "La diferencia entre cuando empecé mi carrera y ahora es que antes me ponía nervioso y se me notaba, ahora también me pongo nervioso pero no se me nota".

-¿Cuál es la película que más disfrutaste interpretar?
-El proyecto que más ha marcado mi carrera fue Fresa y chocolate. Sin duda, fue un punto de tiro en mi carrera y en mi vida. De ser un actor cubano que sólo tenía una proyección nacional, que aspiraba sólo a hacer películas locales, de pronto esa película no sólo significó interpretar un personaje maravilloso, trabajar con maestros del cine cubano como son Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Sabío, sino que además me abrió las puertas de otras cinematografías.

-¿Cómo maneja una persona de renombre local y fama internacional el tema de los egos?
-Mirá, en el caso de los que nos dedicamos a hacer este cine latinoamericano, de autor, no vivímos tanto el fenómeno mediático. El cine de autor es siempre un cine de minorías, que llega a los festivales, que lo ven una élite de ciudades... A pesar de que hago tantas películas, no tengo ese agobio que puede traer la fama y que pasa más con estrellas de televisión o de la industria de Hollywood. Lo llevo bastante limpio en mi caso: ando por las ciudades, los barrios, los pueblos y no me "molestan". Nadie se entera. Y como tengo la costumbre de caracterizar los personajes, pues la gente tampoco me conoce mucho. Y uno no va haciendo "ruido" por ahí tampoco.

-La identidad del cine latinoamericano, ¿cómo va?
-Mientras sigamos haciendo un cine nacional cada uno de nuestros países, eso no se va a perder. Porque contamos nuestras historias; no importa cómo las contemos, si pretendemos ser más modernos, más tradicionales, si tomando influencias del cine norteamericano o europeo... El hecho mismo, nada más, de hablar de nuestras historias, problemas, eso ya de por sí confiere la identidad. Es necesario mantener viva la idea de un cine nacional en cada uno de nuestros países para eso. De todas maneras, por mucho que intentemos hacer un cine cerca de la industria, no hay recurso para eso. Siempre vamos a terminar haciendo un cine de autor. Con mayor valor o menor valor, más o menos auténtico. Pero siempre con una identidad.

-Rodaste con Soderbergh dos películas sobre la figura mítica del "Che" Guevara...
-Sí, están por estrenarse. Yo interpreto el personaje de Vitalio Acuña, que fue un comandante cubano que estuvo al lado del "Che" desde su llegada a la tierra (Sierra Maestra) y que lo acompañó también en Bolivia. El estreno mundial es en Cannes y después se verá por Latinoamérica. Trabajar con Soderbergh... Es un genio, tiene una manera muy particular de hacer cine, una mirada de artista, muy personal, y es muy interesante haber tenido una experiencia con alguien así. Y bueno, Benicio del Toro es otro monstruo. De los mejores actores latinos que tenemos y ha sido una maravilla, para mí, verlo crear ese personaje, que le significó un gran reto. Seguramente, el más grande de su carrera, y creo que lo ha sacado adelante de forma airosa: un trabajo de composición, gestual, de manierismo, la cadencia y personalidad del "Che"... Pienso que ha hecho un trabajo que va a quedar para siempre en la historia del cine. También tengo otro proyecto: acabo de terminar una película con Juan Carlos Tabío (co-director de Fresa y chocolate y Guantanamera). Se llama El cuerno de la abundancia y es una comedia maravillosa sobre la realidad cubana.

-¿Cómo es recibir un homenaje a tu carrera a los 42 años?
-En España ya recibí un premio así y también en el Festival Latino de Nueva York. La verdad que es temprano para recibir este tipo de reconocimientos, porque generalmente vienen cuando uno tiene más años, una trayectoria ya hecha… Se están adelantando a ponerme viejo, parece, ¿no? Pero tengo que admitir que son 42 años pero más de 40 películas, o sea que debe ser por eso más que por otra cosa. Han sido años de intenso trabajo y este tipo de premios lo que hace es poder comprometer a uno mucho más con el trabajo que le queda por hacer.

En Fortaleza: Martín Cajal

domingo, 30 de septiembre de 2007

Good Bye Rocco

Mi corazón está de luto. Hace apenas unas horas he sabido de la muerte del compañero Rocco, el refrigerador que tanta gloria dio a los de mi especie, por su actuación magistral en la película Fresa y Chocolate.

Pensé dedicarle unas palabras de despedida. Elevar un responso por el deceso de tan querido amigo. Pero esta vez la voz humana nos ha hecho justicia. Jorge Perugorría y Juan Carlos Tabío han escrito ese adiós. Aquí lo reproduzco para ustedes.

“Compañeras y compañeros:


Aquí yace, en contra de su voluntad, el compañero Rocco.

Nace en Detroit en agosto de 1952, en la fábrica de la General Motors.
En su más tierna infancia fue testigo de las confrontaciones sindicales y de las reivindicaciones raciales que sacudieron a su ciudad de nacimiento, forjando así su inclaudicable espíritu de lucha.

Siendo aún muy joven, junto a 250 hermanos suyos, es obligado a hacinarse en el vapor General Custer (primo del General Motors), arribando a la bahía de La Habana en Enero de 1953.

Aquí en La Habana es adquirido, como vulgar mercancía, en la tienda El Encanto por la familia Orozco, llevando a partir de ese momento una vida burguesa de abundancias durante la cual enfrió los más exquisitos manjares y licores.

No es hasta 5 años después, en 1958, cuando Joaquinito, el benjamín de los Orozco, a la sazón estudiante de Derecho en la Universidad de La Habana, comienza a esconder entre champanes y langostas, proclamas subversivas del 26 de Julio, lo que provoca una retoma de conciencia del compañero Rocco y su inicio en la lucha revolucionaria, llegando incluso a acoger en sus entrañas a un compañero de Joaquinito perseguido por los Tigres de Masferrer.

Ya en 1960, los Sobrevivientes de la familia Orozco —incluyendo a Joaquinito— abandonan el País, y la mansión de los Orozco (y por supuesto el mismo compañero Rocco), pasan a ser propiedad del Estado.

Conectado activamente al voltaje de todos los procesos de transformaciones revolucionarias, el compañero Rocco participa en la Campaña de Alfabetización, Crisis de Octubre, Zafra de los 10 Millones (trabajando en esta más de 365 días al año).

En todos estos años el compañero Rocco, lejos de añorar los filetes y caviares que conservó en su juventud, se dedicó, con ahínco encomiable, a enfriar torticas, masarreales, croquetas cosmonautas, los refrescos conocidos como «líquido de freno» y agua, mucha agua que calmaron la sed de nuestros estudiantes y milicianos.

Ya a principios de los años 70, con la llegada de sus congéneres soviéticos, el compañero Rocco es confinado a un honroso «plan pijama», olvidado en un oscuro almacén durante todo un quinquenio gris, hasta que el «inventivo» administrador del almacén lo trueca, en una maniobra «por la izquierda», por un juego de Doce Sillas a una humilde familia proletaria, en el seno de la cual, y con su esfuerzo desinteresado de siempre y con la alegría de sentirse útil nuevamente, el compañero Rocco se apresta a congelar sabrosos «durofríos», convirtiéndose en el sostén de esa familia y ganándose así el cariño de todos los niños del barrio.


Los 80 son años en los que el compañero Rocco puede vivir del fruto de su trabajo. Con el producto de la venta de estos «durofríos» el compañero Rocco es recompensado con quesitos crema, jamón plástico, pollo a la jardinera, vinos búlgaros y algún que otro cake bombón (de los que costaban 10 pesos cubanos), llegando incluso a enfriar su pedacito de carne de puerco y su cervecita en los días festivos. Y por supuesto, los huevos de siempre.

A principios de los años 90, y como consecuencia del Período Especial, el compañero Rocco es sometido al zozobrante sistema de apagones que lo llevaron al borde del ataque de nervios. Tan prolongados llegaron a ser estos apagones que cuando se restablecía brevemente el fluido eléctrico, el compañero Rocco llegó a pensar que le estaban aplicando «electro shock».

Fue en aquellos difíciles momentos que la humilde morada de la familia que acogió al compañero Rocco como a un pariente más, es escogida por el ICAIC como locación principal de la película Fresa y Chocolate en la cual el compañero Rocco, no obstante su deteriorada salud física y mental, asume el rol protagónico que le valió la unánime aclamación de público y crítica como (con mucho) el mejor actor de la película.
Lejos de envanecerse con tan ecuménico triunfo, el compañero Rocco acomete con renovados bríos las perspectivas que le deparan su nuevo horizonte de sucesos: Jefe de Frigoríficos del Paladar «La Guarida», porque en paladar deviene su vivienda no bien terminado el rodaje del susodicho filme.

Ahora vuelve el compañero Rocco a enfriar los manjares y licores olvidados de su juventud.

En este paladar, la carismática presencia del compañero Rocco es punto de atención de todos los clientes, llegando incluso a departir con La Reina de España, para la cual sacara de sus gélidas entrañas un rotundo y criollo boniatillo que arrancó los más encomiásticos comentarios de Su Majestad.

Así transcurría la plácida vejez del compañero Rocco, esperando que llegara, como en un sueño la muerte natural con esa paz de espíritu propia de quien ha cumplido a cabalidad y conciencia toda tarea que le haya sido encomendada.

Pero no, la muerte del compañero Rocco sobreviene de forma trágica y fulminante cuando es públicamente declarado «Devorador Energético».

Sus relays y reguladores de voltaje no soportaron la vergüenza y el compañero Rocco estalla en un flamígero y fatal cortocircuito que sonó en todo el barrio como un ¡PLAFF! fatídico.

Compañero Rocco, donde quiera que tú estés ahora, que llegue hasta ti nuestro agradecimiento por todos tus desvelos y nuestro más sentido pésame para que de una vez por todas descanses en paz.

Adiós compañero. Good bye Rocco.
De tus compañeros del Grupo de Creación ROCINANTE,
Jorge Perugorría Juan Carlos Tabío.” 

viernes, 13 de julio de 2007

Jorge Perugorría dice no tener interés en actuar en películas de Hollywood

Nueva York, 13/07/2007 (EFE).- El actor cubano Jorge Perugorría asegura que no le interesa "en absoluto" actuar en una película de Hollywood, "no por arrogante", sino porque eso significaría irse a vivir en Estados Unidos.

"No lo digo por arrogante. Hay directores a los que respeto y que me encantaría trabajar con ellos, pero eso significaría hacer las maletas y venirnos a vivir a EEUU, y mi vida está en Cuba", dijo Perugorría a EFE durante su primera visita a Nueva York con motivo de una pequeña retrospectiva de su trabajo como actor que organiza el Festiva de Cine La Habana Nueva York y que se inauguró hoy.

Lo que sí le interesa a Perugorría son los proyectos de cineastas independientes estadounidenses.

De hecho, comienza a rodar en junio "Guerrilla", la película sobre Che Guevara que dirigirá Steven Soderbergh y que estará protagonizada por Benicio del Toro.

"Haré el papel de Juan (Joaquín) Vitalio Acuña, uno de los campesinos que ayudan a los rebeldes liderados por Fidel Castro que luchaban por derrocar al gobierno de Batista", afirma.

Perugorría confiesa que también le gustaría trabajar con el cineasta mexicano Alejandro González-Iñárritu, actualmente uno de los realizadores latinoamericanos más populares, conocido por sus películas "Amores Perros", "21 Gramos" y "Babel".

"Me encantaría trabajar con él. Es un cineasta súper interesante. Creo que a todos los actores nos encantaría. Pero tengo claro que siempre haré cine cubano. He dedicado la mitad de mi vida a eso. Nuestros países tienen que tener un cine nacional", puntualizó.

Ante la situación inusual que se produce estos días en Nueva York en donde se le brinda un homenaje a sus facetas como actor, realizador y pintor, Perugorría afirma sentirse "tranquilo".

Para el actor cubano, el tributo a su actuación en películas como Amor Vertical" (1998), "Cosas que Dejé en La Habana" (1997) y "Una Rosa de Francia" (2005) "no es personal", sino "un reconocimiento a todo el cine cubano".

El recorrido por algunas de sus películas no incluye, sin embargo, la famosa "Fresa y Chocolate", dirigida por el realizador cubano Tomás Gutiérrez Alea y con la que Perugorría se dio a conocer amplia e internacionalmente en 1994.

Y es que en Estados Unidos y en todo el mundo el actor es famoso por su papel en ese filme, el de un homosexual, por lo que dice que esta visita a Nueva York es propicia para que el público conozca a plenitud a otros Perugorrías: el pintor y el director de cine.

"La gente va a tener una idea más completa de mi trabajo, de todo lo que hago", asegura.

Además del homenaje a su carrera como actor, el festival será la vitrina para el estreno en EEUU de su documental "Habana Abierta" (2003), realizado junto al cineasta cubano Arturo Soto, con quien ha trabajado en varios filmes y a quien considera "como un hermano".

Perugorría también celebra en Nueva York su primera muestra individual de pintura en EEUU, que abre el 15 de abril en el Cuban Art Space de Manhattan bajo el título "Chivo que rompe tambó", una frase tomada de un tema del mítico cantante cubano "Bola de Nieve".

Desde que comenzó en el cine con "Fresa y Chocolate", Perugorría ha actuado en más de 35 películas cubanas, latinoamericanas y españolas, y es justamente toda esa experiencia como actor lo que ha alimentado sus otras pasiones.

"Lo más interesante de mi carrera como actor es haber tenido la posibilidad de vincularme al cine de distintos países, de viajar y conocer a gente de culturas diferentes. Ha sido un aprendizaje, y la pintura ha sido un resultado de eso", indicó.

Perugorría dice que comenzó a hacer documentales no porque tenía el capricho de ponerse detrás de una cámara, sino porque quería dejar un registro histórico de la cultura cubana, como es el caso de "Habana Abierta", sobre la banda cubana del mismo nombre.

"Siendo un actor, lo lógico sería que me gustara contar historias de ficción, pero me interesa más el documental porque me siento más libre y lo puedo vincular a mi pintura. Además, estoy en un proceso experimental todavía, y el género me lo permite", dijo.

Jorge Perugorría dice no tener interés en actuar en películas de Hollywood

Enkidu magazine

Nueva York, 13/07/2007 (EFE).- El actor cubano Jorge Perugorría asegura que no le interesa "en absoluto" actuar en una película de Hollywood, "no por arrogante", sino porque eso significaría irse a vivir en Estados Unidos.

"No lo digo por arrogante. Hay directores a los que respeto y que me encantaría trabajar con ellos, pero eso significaría hacer las maletas y venirnos a vivir a EEUU, y mi vida está en Cuba", dijo Perugorría a EFE durante su primera visita a Nueva York con motivo de una pequeña retrospectiva de su trabajo como actor que organiza el Festiva de Cine La Habana Nueva York y que se inauguró hoy.

Lo que sí le interesa a Perugorría son los proyectos de cineastas independientes estadounidenses.

De hecho, comienza a rodar en junio "Guerrilla", la película sobre Che Guevara que dirigirá Steven Soderbergh y que estará protagonizada por Benicio del Toro.

"Haré el papel de Juan (Joaquín) Vitalio Acuña, uno de los campesinos que ayudan a los rebeldes liderados por Fidel Castro que luchaban por derrocar al gobierno de Batista", afirma.

Perugorría confiesa que también le gustaría trabajar con el cineasta mexicano Alejandro González-Iñárritu, actualmente uno de los realizadores latinoamericanos más populares, conocido por sus películas "Amores Perros", "21 Gramos" y "Babel".

"Me encantaría trabajar con él. Es un cineasta súper interesante. Creo que a todos los actores nos encantaría. Pero tengo claro que siempre haré cine cubano. He dedicado la mitad de mi vida a eso. Nuestros países tienen que tener un cine nacional", puntualizó.

Ante la situación inusual que se produce estos días en Nueva York en donde se le brinda un homenaje a sus facetas como actor, realizador y pintor, Perugorría afirma sentirse "tranquilo".

Para el actor cubano, el tributo a su actuación en películas como Amor Vertical" (1998), "Cosas que Dejé en La Habana" (1997) y "Una Rosa de Francia" (2005) "no es personal", sino "un reconocimiento a todo el cine cubano".

El recorrido por algunas de sus películas no incluye, sin embargo, la famosa "Fresa y Chocolate", dirigida por el realizador cubano Tomás Gutiérrez Alea y con la que Perugorría se dio a conocer amplia e internacionalmente en 1994.

Y es que en Estados Unidos y en todo el mundo el actor es famoso por su papel en ese filme, el de un homosexual, por lo que dice que esta visita a Nueva York es propicia para que el público conozca a plenitud a otros Perugorrías: el pintor y el director de cine.

"La gente va a tener una idea más completa de mi trabajo, de todo lo que hago", asegura.

Además del homenaje a su carrera como actor, el festival será la vitrina para el estreno en EEUU de su documental "Habana Abierta" (2003), realizado junto al cineasta cubano Arturo Soto, con quien ha trabajado en varios filmes y a quien considera "como un hermano".

Perugorría también celebra en Nueva York su primera muestra individual de pintura en EEUU, que abre el 15 de abril en el Cuban Art Space de Manhattan bajo el título "Chivo que rompe tambó", una frase tomada de un tema del mítico cantante cubano "Bola de Nieve".

Desde que comenzó en el cine con "Fresa y Chocolate", Perugorría ha actuado en más de 35 películas cubanas, latinoamericanas y españolas, y es justamente toda esa experiencia como actor lo que ha alimentado sus otras pasiones.

"Lo más interesante de mi carrera como actor es haber tenido la posibilidad de vincularme al cine de distintos países, de viajar y conocer a gente de culturas diferentes. Ha sido un aprendizaje, y la pintura ha sido un resultado de eso", indicó.

Perugorría dice que comenzó a hacer documentales no porque tenía el capricho de ponerse detrás de una cámara, sino porque quería dejar un registro histórico de la cultura cubana, como es el caso de "Habana Abierta", sobre la banda cubana del mismo nombre.

"Siendo un actor, lo lógico sería que me gustara contar historias de ficción, pero me interesa más el documental porque me siento más libre y lo puedo vincular a mi pintura. Además, estoy en un proceso experimental todavía, y el género me lo permite", dijo.

lunes, 28 de mayo de 2007

La noche de los inocentes y la disección de un policía


Por Rubén Padrón Astorga

La noche de los inocentes de Arturo Sotto, competidora por Cuba dentro de la Sección Oficial, nos ha obsequiado con un personaje tan bien escrito, actuado con tanta gracia, con tanta destreza, que uno de los análisis de la película ha de hacerse forzosamente en función de él. Se trata del personaje de Jorge Perugorría, que encarna a un policía llamado Frank.

Frank tiene en la cinta un valor radical, no solo porque es el eje de la historia, sino porque sufre una disección inusual, a partir de haber sido sancionado por abuso de poder a la entrada de un cine y de hacer una investigación que no le toca en una sala de hospital.

Casi todos los policías que se han visto en nuestra televisión o en nuestro cine son tan íntegros que apenas se reconocen personas en ellos. Eso para no hablar de que estos personajes jamás se han tomado el trabajo de cuestionarse la profesión ni de expresar las cosas que piensan como policías o las ventajas y desventajas de serlo. Y no estoy añorando policías corruptos, sino humanos.

Se trata entonces de echar luces sobre una realidad humana, una de las mejores intenciones que puede tener el arte, casi la única, en este caso la realidad humana de un policía, tan poco iluminada entre nosotros. Sabemos que su labor consiste en ocuparse de que la vida de la gente ande en paz. Cumplir con rigor esta premisa hace al buen agente. Pero la policía peca a veces de exceso de rigor.

El de nuestra película está sancionado por exceso de rigor. La multitud que se atropella para entrar a un cine es para él un casus belli, un motivo de guerra. Motivo comprensible, ya Frank se ocupará de demostrarlo.

En algún momento de la película se descubre su falta y se sabe que ha sido expulsado de la policía. Frank, para defenderse, intenta justificarse. Reconoce que empujó a la gente en el cine con toda su fuerza, pero que a todos les pidió perdón. Entonces, desesperado, dice que no comprende cómo es posible que los habaneros lleguen a romper una vidriera con tal de ver una película, cuando en Santiago lo hacen para conseguir ventiladores. El reconocimiento de este absurdo es una de las grandes sumergidas psicológicas que hace la película. El policía no entiende a la gente y esta incomprensión lo irrita hasta cegarlo.

Nuestro agente tiene una única intención, estimulada por su novia enfermera: ser un buen policía. Ese único deseo echa por tierra toda la fila de personajes que se han escrito para ser policías en nuestros audiovisuales. Esta necesidad de Frank de hacer bien su trabajo, de corregir el error que cometió, de parecerse al policía ideal, que para él no es otro que el gran Humphrey Bogart (ojo, un ejemplo de policía bien hecho), y al querer acercarse a su ideal está demostrando su íntima convicción de que no ha sido bueno hasta ahora, esta necesidad de Frank, decía, es la oportunidad que nos da la película para imaginarnos qué hubiera hecho, en su lugar, un policía distinto, por ejemplo, el que está realmente encargado del caso.

Alteremos un poco lo que cuenta la película. Imaginémonos que un policía cualquiera entra en la sala del hospital y ve reunida a una familia en torno a un travesti golpeado e inconsciente. Lo primero que sentirá será repulsión. La figura del travesti, como da cuenta de sobra la película, le produce repulsión, horror o hasta gracia, una gracia macabra, a casi todos los personajes. La madre se espanta de que su hijo se vista de mujer, espanto lógico, porque sabe el peligro a que se expone. El padre lo golpea salvajemente, sin saber que es su hijo, solo porque está convencido de que la única actitud posible que se puede tener en relación con un travesti es golpearlo. El amigo del padre lo estimula desgañitado a que le de una paliza. Los camilleros se burlan de él. Los enfermos avanzan en tropel para ver la figura espantosa de un travesti. La recepcionista del hospital se ríe en la cara de su madre, cuando pregunta: “¿Usted tiene un hijo maricón?”. Esta repulsión que todos sienten por el travesti es la denuncia que hace la película de uno de los tratos más despreciables que se da a persona alguna en estos tiempos.

Pero sigamos con la película imaginaria. Luego de observar el espectáculo, el policía cualquiera hará las dos o tres preguntas que le tocan y se irá a hacer el informe. El resto de la familia, el italiano y la novia se atacarán unos a otros hasta que el travesti se levante furioso (recuérdese que estaba fingiendo inconsciencia) y les eche en cara a cada uno la parte de culpa que le toca en su desgracia. Claro, que sin la ayuda de Frank, tal vez nadie se enteraría de lo que realmente ha pasado, porque ninguno se atreve a decirlo, y a juzgar por lo mesurado que se ha mostrado el supuesto travesti a lo largo del filme, tampoco él, por pudor, lo dirá.

Como se ve, la figura de Frank es esencial en la película. Él es quien escucha, analiza, compara y descubre. Frank le dice al italiano, “hasta ahora el primer sospechoso es usted”. Le dice a la niña, “es en ti en la única que confío”. Le dice al padre, sin sensiblería, con un desprecio absolutamente convincente, que es él quien ha golpeado a su hijo. No me imagino qué otro personaje de los que estaban en la sala, no ajeno totalmente a los sucesos previos, con cosas que ocultar, sin deseos de hacerse centro de la pesquisa, hubiera sido capaz de decir estas cosas y de descubrir la verdad. Frank, con una potestad falsa, hace las veces de interrogador, de jurado, de juez imparcial.

Y he aquí la tesis la película, al menos la que a mí me interesa: solo porque Frank está resuelto por convicción propia a descubrir la verdad, y a hacerlo bien, lo logra; y es eso precisamente, y no otra cosa, lo que lo hace un buen policía. Más de una vez se le reprocha a Frank que no lleve uniforme. “El hábito no hace al monje”, responde, y se toca desafiante el peine inofensivo que lleva bajo la camisa. El otro policía, el verdadero encargado de escribir el informe, llega a la sala justo antes de que se acabe La noche de los inocentes. La cinta no se ocupa de él.

Frank no solo es el más humano de los personajes, y el más humilde (es el único en toda la película que pide perdón), es también el único que al final siente una auténtica paz, por estar convencido de haber hecho algo bien. Por lo demás, como antes decía, la actuación de Perugorría es excelente. Frank quería parecerse a Bogart, y no dudo que Perugorría haya hecho su personaje tan bien como lo habría hecho el actor norteño. No exagero, ya los he visto a los dos hacer de policía.

Se estrena en Cuba La noche de los inocentes

Por Yaima Leyva Martínez

La nueva película cubana La noche de los inocentes, tercer largometraje de ficción de Arturo Sotto, fue presentada en la capital cubana ante la prensa especializada. En el encuentro estuvieron presentes los actores Jorge Perugorría, Aramís Delgado, Yasmani Guerrero, Rachel Falcón y Davide Riondino (quien fuera además productor asociado), el productor ejecutivo Camilo Vives, el productor general Francisco Álvarez y el director de fotografía Ernesto Granado.

Sotto, quien confesó que esta ha sido una película hecha con mucho esfuerzo y gracias a la ayuda desinteresada de los amigos y al aporte decisivo de la Productora ICAIC, declaró que la razón principal para emprender este proyecto fue la necesidad de hacer cine: “Llevaba algunos años sin filmar, y tenía varios proyectos que no se hicieron, por lo cual sentía la necesidad de emprender una historia que no fuera costosa, de acuerdo a las posibilidades de producción con que contamos. Así que me he dedicado sobre todo a escribir cuentos a partir de ideas que no he realizado. El guión parte de la combinación de dos de estos cuentos. Traté entonces de inventarme un relato donde los incluyera y que además ocurriese en una misma locación, pues tenía que ser una historia que no fuera costosa. Eso, y la necesidad de hacer cine a toda costa.”

El guión de La noche de los inocentes participó de un taller organizado por la Fundación Carolina junto con Casa América de Madrid que, en el caso de Sotto, contó con la tutoría de Jorge Goldemberg y José Carlos Avellar.

La noche de los inocentes se ubica en una Habana nocturna, y su trama gira en torno al cuerpo inconsciente de un joven travesti que es llevado a la sala de observación de un hospital. De ahí en lo adelante, una serie de personajes que van apareciendo nos revelan las razones para que el individuo terminara así, al tiempo que un fracasado policía, interpretado por Jorge Perugorría, trata de atar los cabos sueltos.

Respecto a su personaje, el actor cubano más internacional indicó: “Este personaje parte de un cuento que el humorista cubano Omar Franco convirtió en un monólogo, y él está tan simpático en su interpretación que para mí era un reto hacerlo. Ha sido muy bonito compartir con estos actores, pues fue un trabajo de equipo muy hermoso. La película se ha hecho con muy pocos recursos pero con mucho amor. Aparte de la experiencia del personaje, cuando hago cine en Cuba, con Arturo, con los amigos, eso también me aporta como persona.”

Arturo se refirió a la voluntad de incluir en el personaje de Perugorría algunos tics  propios del cine negro, en especial de los personajes de Humphrey Bogart, al cual el policía de Perugorría rinde culto. Pero a la hora de situar su película en un género exacto, Sotto tiene dudas: “El termino comedia aplicado a esta película no me gusta; creo que La noche de los inocentes es un gran drama, o una suma de los pequeños dramas de todos los personajes. Sí sé que no quiero aburrirme de lo mismo, de hacer la misma estética siempre. No soy capaz de establecer el proceso creativo como algo definido. De hecho, este es el proyecto que he conseguido hacer y que está ahí gracias a muchos factores. Creo que esta es una historia de Romeo y Julieta sin Montescos ni Capuletos. Aquí quién se opone es Verona. Y Verona puede ser muchas cosas.”

Entre las dificultades que debieron enfrentar los realizadores estuvo la selección del set de filmación, que debía ubicarse en un hospital. Cuenta Sotto: “La prefilmación comenzó visitando todos los hospitales de La Habana buscando locaciones, pues no teníamos recursos para construir. Encontramos dos o tres espacios, pero en la situación de los hospitales, la presidencia del ICAIC pensó que sería muy sensible meter equipos de filmación allí dentro. Conseguimos un apoyo del hospital Miguel Enríquez, que nos prestó camas y equipos, con lo cual construimos todo el set. Ello fue mucho más cómodo para nosotros, tener un ambiente controlado.”

La película es una coproducción entre Cuba, España e Italia. En su realización fue decisivo el aporte de Davide Riondino, quien había dirigido en 1996 una producción italiana con actores cubanos e italianos. Desde entonces, lo une a Sotto y Perugorría una estrecha relación de amistad. Arturo calificó la participación de Riondino como productor asociado como “la de un loco aventurero que se lanzó con nosotros a hacer esto sin saber lo que arriesgaba, ni adónde iba. Llegó a filmar una semana antes, pero se lo agradezco profundamente, porque fue el primer impulso que tuvimos para hacer la película y confió en que iba a salir bien".

Riondino piensa que este no será el punto final de su trabajo conjunto, sino el inicio de otros proyectos: “Mi contribución productiva fue una pequeñísima inversión. Ojalá muchos contribuyeran de esta forma a la producción de cine; ojalá que los artistas fueran más a menudo productores.” Camilo Vives también subrayó el aporte personal de Riondino, pues la inversión procedía de sus fondos privados. “Ojalá hubiesen muchas personas que arriesgaran algo, confesó el productor cubano. Hoy en día ningún productor arriesga nada. Esta película se fue armando en el camino y comenzó con nada.”

La música original está a cargo del pianista y hombre de jazz Ernán López-Nussa, quien nunca antes había emprendido un trabajo para cine de esta envergadura. Cuenta Arturo: “El único trabajo previo que se hizo fue el arreglo de la canción de Silvio Rodríguez Te amaré, que aquí es cantada por Haydée Milanés. De paso, agradezco a Silvio, que nos regaló su canción para la película. Cuando escuché el arreglo de Ernán, sentí que ahí estaba un poco el espíritu sonoro de la película. Yo lo escogí para componer la música porque esta es una película nocturna y su formación jazzística iba mucho con el tono. Pero lo que más me sorprendió cuando terminó es que, siendo un artista con una marca muy personal, hizo una música de género, para cine.”

Luego, la música incidental, que incluye a grandes voces de la música popular cubana, fue otro tema del diálogo. “Soy un fanático de la música cubana de los 60 y 70 —confesó Sotto—, y no la escucho en el cine cubano. Ya en Amor vertical había usado a Bola de Nieve, y a Elena Burke con el mismo disco que uso aquí. Pero debo confesar que no la voy a usar más, porque la EGREM (Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales) nos cobra tanto que hay que inventarse un presupuesto para eso. Y es nuestra música, nuestra cultura. A veces tuvimos que condicionar el montaje a la duración de la música, porque no teníamos dinero para pagarla. Por suerte, el ICAIC asumió ese costo, que es bastante alto.”

La fotografía estuvo a cargo de Ernesto Granado y su concepto giró en torno a los ambientes del cine negro clásico. Sotto declaró: “Revisamos varias películas del cine negro norteamericano e intentamos apropiarnos de los claroscuros que están en ese cine. Esta película fue filmada en un formato digital que no es HD, así que el proceso de inflado fue muy complejo, con muchas pruebas desde el punto de vista técnico. Y conseguimos una imagen final que es una fotografía de género.”

Respecto a los homenajes al cine cubano presentes en su cine, Arturo Sotto confesó el tributo que quiso hacerle a Tomás Gutiérrez Alea usando fragmentos de Memorias del subdesarrollo y un segmento sonoro tomado de Fresa y Chocolate. “Siempre me dije que si Titón no estaba en los medios, yo lo pondría en mi película, para insistir en que Titón tiene que estar presente en nuestra memoria y en nuestro pensamiento.”

A propósito de su guión Peter Pan Kids, el director dijo que el ICAIC está avanzando en la fase de financiamiento del proyecto, pues se trata de una película mucho más compleja y cara.

Sotto confiesa su alegría por el estreno: “Quería terminar esta película, que empezamos a filmar en 2005. Les confieso que queríamos hacer una película correcta, sin grandes pretensiones, pero que llegue al espectador cubano, y ojalá que así sea. Me gustaría que el público no solo se quedara con lo que dice la película, sino que meditara en aquello que los personajes no dicen.”

La noche de los inocentes ha sido presentada en el mercado del Festival de Cine de Cannes y va a estar en festivales de Italia, mientras se hacen gestiones para presentarla en Toronto. Esta semana debutó en el circuito de cines de estreno de la capital cubana.

jueves, 5 de abril de 2007

El Havana Film Festival neoyorquino homenajeará a Perugorría

El actor Jorge Perugorría, protagonista de alguna de las más exitosas películas cubanas en esta última década y media, recibirá el tributo del Havana Film Festival New York (HFFNY), que se desarrollará a partir del 13 de este mes en la ciudad de los rascacielos. Considerado uno de los eventos cinematográficos latinos más importantes que tienen lugar en la Gran Manzana, el certamen proyectará cintas procedentes de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, Guatemala, México, Perú, Puerto Rico, España, Uruguay y Estados Unidos. "El Benny", la galardonada ópera prima del director cubano Jorge Luís Sánchez, será la encargada de abrir el certamen.

Varias serán las obras menos conocidas de "Pichi" Perugorría que se verán en Nueva York: "Amor Vertical", de Arturo Sotto; "Cosas que dejé en La Habana" y "Una rosa de Francia", ambas del español Manuel Gutiérrez Aragón y con guión del cubano Senel Paz, y el documental "Habana Abierta", en el cual Perugorría codirige con Arturo Sotto. El astro cubano acudirá el sábado 14 de abril a la proyección de su debut como realizador, y establecerá un diálogo con el público moderado por Mario Murillo (WBAI, Wake up America). 

El Festival cierra el viernes 19 de abril con el estreno de "Os 12 Trabalhos", de Ricardo Elias (Brasil), ganador del premio Horizontes Latinos en el Festival de San Sebastián y tercer Coral en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.

Podrán verse en el certamen neoyorquino los trabajos de Javier Mejía (Colombia) con "Apocalipsur", recientemente premiada en el Festival de Cartagena; Pablo Larraín, (Chile) y su bien recibido film "Fuga"; Manolo Nieto (Uruguay), ganador del Tigre Award del Festival de Rotterdam por "La perrera"; Ricardo Pérez Matta (Puerto Rico), cuyo film "Ladrones y mentirosos" logró atención internacional con esta historia de corrupción en su país; Pavel Giroud (Cuba) y su primer largometraje, "La edad de la peseta", con la que recibió premios en el Festival de La Habana y en el de Cartagena; Rafael Rosal (Guatemala), con "Las cruces"; Juan Felipe Orozco (Colombia) con "Al final del espectro" con la cual logró hacer la versión en inglés con el productor Roy Lee (The ring) y Nicole Kidman. 

Entre los directores con amplia trayectoria que presentarán sus filmes están: Harold Trompetero y Jairo Eduardo Carrillo (Colombia), co-directores de la comedia negra, "Dios los junta y ellos se separan"; Eduardo Raspo (Argentina) con "Tatuado", el cual recibió importantes premios en Trieste, Biarritz y Montreal; Manuel Pérez con "Páginas del Diario de Mauricio", ganador en el Festival de La Habana; Ignacio Ortiz (México) que retorna a su mundo mágico en "Mezcal"; con premios en Málaga y 4 Ariel de la Academia de cine de México. 

Más de 15 realizadores en total asistirán al Festival de este año, los cuales participarán en presentaciones, paneles y eventos abiertos gratuitamente al público.

Fuente: noticine.com

viernes, 7 de abril de 2006

Fallece Rocco, conocido por el film Fresa y Chocolate. El good bye de Perugorría

Carina Pino-Santos • La Habana


El impecable ataúd recién pintado nos sirve de mesa mientras reímos sobre el límpido cristal de la tapa, tras el que puede verse inerte al difunto. Al rato traen café al fondo de unos largos vasos. Lo saboreamos a la par que nos divertimos con la simpática chanza del proyectado entierro que se efectuará, en medio de una gran colección de semejantes, el día 1 de abril de este 2006 en el antiguo Convento de Santa Clara, ceremonia a la que asistirán los mejores artistas plásticos del país, la prensa extranjera y todo un multitudinario público entusiasmado.

Una caja mortuoria, sin corona de flores, está cubierta por un sudario transparente y a su lado, en un atril, la despedida de duelo. Se trata de un sepelio peculiar. Su originalidad no radica precisamente en quien le rinde postrera dedicatoria, aunque ciertamente sea uno de los actores más famosos en el mundo de habla hispana de hoy: Jorge Perugorría. Más bien se debe al personaje al que le ha rendido tributo póstumo con su obra, así como el significado de este acto único: se trata del Good bye a Rocco, o para decirlo con más claridad, el último adiós del afamado cubano al refrigerador que conformó la escenografía y que fue un acento dramatúrgico más dentro del guión de la mítica película Fresa y chocolate. A la vez, el actor realiza, además de una obra plástica, una cita autoreferencial pues le otorga paralelamente un sentido de ofrenda muy personal y emotiva al cine cubano, del cual ya forma parte ineludible.

Hace un lustro el popular intérprete comenzó a darse a conocer como pintor y a figurar en la programación de exposiciones de la capital cubana. La crítica debió sentirse emplazada por ello. Ahora, mucho más afín y coherente a su trayectoria, ha realizado una obra que homenajea al mejor cine cubano y que también lo interrelaciona con su propio quehacer como creador individual en el campo de la actuación. Un viaje, por razones de trabajo, a El Salvador, le impidió, eso sí, realizar el performance con el que daría su abur a Rocco, por lo que no será ya posible esa cobertura inusual, ese acto que el artista se planteara en un inicio y que refiere a continuación en esta entrevista. Su despedida de duelo, sin embargo, se hallará a modo de partitura conclusiva al lado de Rocco.

Esta obra de Perugorría se halla, junto a otro medio centenar, en la más importante exposición colateral de la IX Bienal de La Habana, que constituye un suceso para la historia del arte del nuevo milenio. Manual de instrucciones, una muestra colectiva preparada por Mario Miguel González, Mayito, creador y promotor de arte, está integrada por 51 artistas plásticos cubanos que han creado sus obras de arte sobre, a partir de y en refrigeradores de los años 40 y 50, efectos electrodomésticos de marcas que ya desaparecieron en el mundo, pero que aquí continúan funcionando, a veces de forma agónica, en ocasiones como búnkeres, o cual simples sobrevivientes que perecerán ante la inminencia de su cambio por otros de menor gasto energético y que, para finalizar, pero no por ello menos trascendente, siguen trabajando cual aparatos imprescindibles, aún con sus motores rugientes, en la inmensa mayoría de las viviendas cubanas.

Entre risas, un fuerte café y ante la presencia ya difunta de Rocco en su reluciente caja mortuoria, Jorge Perugorría estableció con naturalidad insospechada una conversación en entrevista muy exclusiva no solo por el entrevistado sino porque fue grabada sobre un “ilustre” sarcófago.

¿Puede decirme cuál es el concepto que le animó a realizar este refrigerador féretro?

La obra se llama Good by Rocco, porque cita al refrigerador que usamos en la película Fresa y chocolate.

Verdaderamente es un juego. Es una pieza concebida para hacer un performance e interactuar con el público a modo de metáfora de la sacralización del objeto: el objeto muere, pero no muere sino que se transforma en otra cosa, en una obra de arte, empieza a vivir en otra dimensión. Es un homenaje también a Titón, a Juan Carlos, al cine cubano, a las películas que he hecho.

Cuando Mayito me habló para hacer la obra, mi primera idea fue pintar el refrigerador, pero después pensé que era mejor hacer una obra que tuviera que ver más con mi vida como artista en general, que involucrara mi relación con el cine, con la plástica, pero haciendo un performance y convirtiéndolo en escultura. Aparte del refrigerador que se transforma en un sarcófago también desearía hacerle una despedida de duelo que se leería, citando aquella que hizo Titón en la Muerte de un burócrata —espero no enterrarlo con su carné laboral para no pasar los mismos trabajos para recuperarlo después.

¿Es el mismo refrigerador que aparecía en el filme?

Sí, el mismo. Lo negocié con el dueño. Es un juego con el trabajo mío en el cine, es un homenaje, un guiño a esos directores que significado tanto en el cine cubano y que han sido determinantes en mi carrera y han influido en lo que soy.

¿Tiene que ver el entierro de Rocco con el fin de una etapa o del mito de un filme como Fresa y chocolate?

No. Creo que, al contrario, más que hablar de un entierro se trata de un nuevo inicio. No es una obra que pretende hablar de algo que termina, sino de algo que comienza a vivir en una nueva dimensión, en el plano de las ideas, en el mundo del arte. Una de las cosas que me motivó a hacerlo era eso, todo lo vamos a hacer con el humor criollo que ha caracterizado esas mismas películas de las que hemos hablado, en plan de broma, de divertimento, de performance, donde vamos a tratar de burlarnos un poco de todas esas cosas. La idea era hacer algo más que una despedida de duelo seria y ceremoniosa, en plan de broma.

Muchos se preguntan cómo un actor que ya se halla en una etapa de madurez de pronto se inicia en las artes visuales, en una especialidad a la que se llega luego de una trayectoria, de un trabajo por lo general intenso.

Verdaderamente para mí la aparición de la pintura como otro modo de expresarme es un resultado de mi trayectoria en el cine. Creo que tiene que ver con el arte posmoderno, de encontrar otras formas, con el artista de hoy que echa mano a todo lo que tiene a su alcance a la hora de transmitir y de comunicarse con el público y el espectador. Es resultado de esto. Cada vez es más común ver músicos que publican libros, o que pintan; actores que dirigen y pintan, o que hacen música. Es consecuencia también de que de muchacho siempre me gustó la pintura, lo hice siempre de niño, lo había dejado de hacer y lo retomé con el devenir de los años.

¿Desde hace cuánto se dedica al arte?

Desde el año 2000 en que hice mi primera exposición en la SGAE. Y de ahí para acá ha sido tremendo ya que me he ido creando como un compromiso profesional, porque verdaderamente regresé a la pintura pero como vocación, como hobby.

Cuánto tiempo puede dedicar un actor, al que se le exige tanto desde el punto de vista de su labor en filmaciones, a la producción de arte y a la pintura abstracta, que es la que más usted cultiva.

El mismo tiempo que uno le dedica a la película. O sea, el cine tiene un concepto de industria, tiene horarios, se trabaja mucho, consume mucho tiempo; pero del ser humano son las mismas inquietudes o motivaciones las que te llevan a pararte delante de una cámara o delante de un lienzo vacío.

¿Cómo entrelaza, desde el punto de vista de la creación plástica, lo que le aporta su conocimiento del cine a la hora de expresarse por medios específicos de la plástica? ¿Existe una interrelación?

Sí, como no. Al final termina siendo un ajiaco. Todo eso forma parte de uno, se reciclan todas las experiencias, tanto las que he tenido en el cine y las que he tenido en la pintura como las que voy adquiriendo en los documentales que he podido dirigir o codirigir. Creo que al final todo tiene que ver y todo lo vivido de alguna manera aflora en las ideas de uno tanto en una cosa como en la otra.

He tenido también la suerte de haber viajado mucho, a través del cine, por diferentes lugares, culturas. He visto mucho. Y creo que la pintura para mí es un poco la digestión de todo lo vivido gracias al cine.

¿Ha tenido alguna guía o academia?

He tenido una relación con artistas plásticos cubanos. Compartir momentos con ellos también significa transmitir experiencias, hablar de ideas y criterios en relación con el arte.

Hay personas que han sido determinantes en mi retorno a la pintura, como el caso del director español Bigas Luna, que es un cineasta y también es un artista que pinta. Ha hecho muchas exposiciones y me ayudó, despertó en mí esa vocación.

Sobre todo, yo era muy curioso. Hice el personaje de Goya en la película Volaverunt con Bigas Luna, y durante ese proceso en que estaba pintando las telas para que la cámara me tomara, él me decía: “Pero tú tienes unos trazos muy buenos, con mucha fuerza, ¿por qué no aprovechas eso?” Yo le hablé que de niño había pintado y que me gustaba. Y él me dijo que lo retomara, que le habían gustado las figuras que hice. Incluso cogió los lienzos que usé en la película y me dijo: “Me los voy a llevar de recuerdo.”

También tengo que hablar de pintores cubanos, como el caso de Cutty, quien fue uno de los que me entusiasmó mucho para que hiciera mi primera exposición, que fue determinante. Ahí fue que creé ese compromiso y dije: “puedo y voy a seguir”. Empecé a plantearme las cosas con un poco más de rigor.

Volviendo a Goya, que es una de las grandes figuras de la historia del arte, ¿hasta qué punto pudo un actor como usted lograr el estudio de la obra de Goya y hasta dónde le influyó como motivación para crear como artista plástico?

Tuve la suerte de que, al prepararme para el personaje de Goya, fui a Fuendetodos, que es el pueblecito donde nació, e incluso a Zaragoza, a conocer a grandes estudiosos que me hablaron de toda su obra. He visto casi todo lo que Goya hizo. Para muchos él es el creador de la pintura moderna, una figura fundamental para el arte contemporáneo, y sin dudas creo que vivir esa experiencia fue una gran motivación.

Me pregunto si todos estos aportes, desde el punto de vista del trabajo con las artes visuales, a su vez le motivarían a hacer un cine en el que la plasticidad del filme tenga importancia.

De hecho ya lo hice con los documentales que he dirigido. Empecé con el que hice junto a Arturito, sobre Habana Abierta, que era un documental más testimonial y contaba con una narrativa más formal. Pero las otras experiencias que he tenido —Iré Habana, el documental que hice a José María Vitier junto a Alderete, y Santiago y la virgen en la fiesta del fuego, el último que acabo de hacer— son dos documentales que verdaderamente se sustentan en la imagen y donde le he dado a esta más importancia. La propia dramaturgia de estos documentales está en función de la imagen y la música.

Creo que cada vez va teniendo más peso en mí esa mirada y ese poder de síntesis que al final es al que uno aspira en cualquier arte, sobre todo en la pintura. Sin dudas, seguramente me lanzaré a contar alguna historia, a hacer algún largometraje de ficción, y seguro la imagen tendrá un peso importante a la hora de contar y de narrar las historias que me interesen.

domingo, 5 de marzo de 2006

Jorge Perugorría en la Bienal de La Habana

Jorge Perugorría en la Bienal de La Habana
Por: Mercedes Santos Moray

Un ícono de la leyenda que se tejió con el filme "Fresa y chocolate", de los realizadores Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío vuelve a ser noticia.

Me refiero al famoso refrigerador del departamento de Diego (Jorge Perugorría), llamado afectiva y familiarmente "Roco" por el personaje. Ahora, en la exposición "Manual de instrucciones" que se incorporará al mundo de las artes visuales, a partir del 28 de marzo, en el contexto de la Bienal de La Habana, y en la que participarán 50 artistas, estará de nuevo el viejo Roco, nacido en 1952, a manera de homenaje y despedida, convertido en una pieza de arte, y bautizado por el actor-pintor que es Jorge Perugorría como su "Good bye Roco". Según el artista, a "Roco lo colocamos en posición horizontal, le construimos un soporte copiado de los que usan en las funerarias, lo colocamos en posición horizontal, en la parte del congelador abrimos la portezuela y uno al acercarse va a encontrar al motor del equipo difunto". Es un muy personal homenaje suyo a Titón, quien hace una década falleció para dejar un vacío que nadie ha podido cubrir en el cine iberoamericano. "Se trata de desacralizar el objeto.

Roco muere pero seguirá existiendo en el campo del arte, explicó Perugorría al hablar sobre la obra que tiene un signo de irreverencia, desenfado y buena dosis de postmodernidad, pieza donde se manifiesta el artista no en el lenguaje escénico, sino desde su otra mirada íntima, la que late también en su condición de creador de las artes visuales.